Aitana Castaño, Número 98
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Cuestión de justicia

Por Aitana Castaño. Lunes, 11 de junio de 2018

@sairutsa

No sólo es justicia. También es memoria. El Winnipeg, que tenía capacidad para 100 pasajeros, zarpó del puerto fluvial de Pauillac, en Francia, la mañana del 4 de agosto de 1939 con alrededor de 2.500 personas. El viaje a Chile desde Europa, promovido por el poeta Pablo Neruda, duró 30 días. Los últimos días de navegación, ya en tierras sudamericanas, se hicieron con navegación de cabojate (pegados a la costa) y a oscuras, por temor a sufrir atentados de submarinos alemanes. La tarde-noche del 2 de septiembre, el Winnipeg atracó en el puerto de Valparaíso (Chile). Al día siguiente, a las 9 de la mañana, comenzó el descenso de los pasajeros. Alrededor de 2.000 refugiados (algunos se habían quedado en África un par de días antes) recordarán ya para siempre, con emoción, el recibimiento a su llegada a la ciudad chilena. Los esperaban autoridades civiles y militares, dirigentes políticos, de sindicatos, estudiantiles, y numeroso público, que entonó canciones republicanas de bienvenida. El Winnipeg fue uno de nuestros muchos Aquarius. No sólo es justicia. También memoria.

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La primera gran mentira del siglo XXI fue decir que Irak tenía armas de destrucción masiva escondidas en rincones oscuros. Quince años han pasado desde aquella mentira que ha hecho de este mundo un lugar peor. Peor. Más injusto. Más inseguro. Y no solo eso. En buena parte de este mundo que hoy es peor, más injusto e inseguro no ha dejado ni un solo mes de haber una guerra, sufrimiento, muertos, dolor y odio. Ni un solo mes en quince años. Millones de personas han perdido sus casas, sus anhelos, sus sueños y sus familias. Han perdido hasta la esperanza que, decían los viejos, era lo último que se perdía. Algunas de esas personas, miles, han buscado salidas y se han encontrado más injusticia y más inseguridad. Se han encontrado la soledad de un mar que no tiene piedad, la inhumanidad de un campo de refugiados donde los niños desaparecen y si vuelven ya no son ni rastro de lo que fueron, la indiferencia de los que no sufrimos dolor a todas horas desde hace quince años, aunque nos guste rasgarnos las vestiduras con investiduras y enfrentamientos y dramas que nosotros mismos generamos. Y aunque esta situación que ahora reflexionamos tiene muchos nombres, la verdad es que tiene tres apellidos. Bush, Blair y Aznar. Ellos fueron los culpables primeros de que en tres lustros el mundo sea peor.

El 1 de diciembre de 2008 el presidente saliente de EE.UU., George W. Bush, reconoció que el mayor error de sus ocho años en la Casa Blanca fue hacer caso a los informes de inteligencia que decían que había armas de destrucción masiva en Irak. El 25 de octubre de 2015 el exprimer ministro británico Tony Blair pidió disculpas por su papel en la guerra de Irak y en una entrevista en la CNN, admitió que el caos generado por aquella guerra ha contribuido a la aparición y crecimiento del grupo yihadista Estado Islámico (ISIS). El 5 de junio de 2018, José María Aznar se ofrece a refundar el centro derecha de España, por si no sabemos vivir sin él. Venga, señor Aznar, a lo mejor lo que debe refundar es su conciencia y su ego. Lo mínimo es que no vuelva a aparecer en nuestras vidas nunca más.
¡Váyase, señor Aznar! Y no vuelva nunca.

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