Cipriano Torres, Número 98, Opinión
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Adiós, política, adiós

Por Cipriano Torres. Viernes, 15 de junio de 2018

@CiprianoTorres

La semana que entra, con la llegada como un tsunami del Mundial de fútbol, el viento huracanado se llevará por delante el último baluarte, la última trinchera, las únicas horas que Cuatro dedicaba a la política. El griterío de los campos por medio mundo, luchando unos con otros para llevarse el premio a casa, cerrará el pico al griterío de la tertulia, y Las mañanas de Cuatro dirá, adiós, amores, adiós para siempre. Y con el programa se irá Javier Ruiz, un señor íntegro, un periodista cabal, un tipo honesto, un peleón, así que hay que sentirlo y dolerse por la decisión de la cadena. Se quiso vender la burra de que el programa se iba porque el fútbol es un Armagedón que todo lo arrasa, que deja sin aire el aire que le rodea. Pero qué va. Detrás hay razones de empresa. Yo creo, como pasó con su anterior presentador, Jesús Cintora, que incluso puede haber ruido de eso tan tenebroso como el apagado pero incesante roce de pasos sobre las moquetas de este y aquel despacho, como el repiqueteo amortiguado, codificado y negado de teléfonos que suenan a altas horas de la madrugada. Y también, quizá en la misma cota de porque yo lo valgo, porque a Paolo Vasile, que es un maestro Joao del espectáculo, un Rappel que huele el quemado del horno antes de que la dorada se chamusque, ha visto que Cuatro no es cadena para que analistas como Antón Losada, en una esquina del mundo, en la izquierda, o Alfonso Merlos, en la otra, en la derecha a la derecha del padre, se tiren los trastos ideológicos a la cabeza cuando para eso, y con excelencia, ya lo hacen en la misma casa abducidos por los anabolizantes como los maniquíes, con pito o con chichi, de Mujeres y hombres y otros besugos. El eclecticismo televisivo puede tener más o menos cabida en modelos de televisión que no sean el de Mediaset. Pase, quizá por imperativo legal –aunque lo ideológico se lo pase por el negro que los viernes se ponen presentadores como protesta por el servilismo de la dirección del ente ante el Partido Popular–, que TVE tenga una parrilla diversa, y que Atresmedia, sobre todo Antena 3, indague en diferentes formatos para diversificar su oferta, pero Cuatro se ha quitado la careta. Y se deshace de lo que emborrona y desdibuja su perfil de cadena pensada para audiencias, digamos, con espíritu friqui, raro, extravagante, que disfruta con realidades paralelas, con entretenimiento alejado del Parlamento, de la Bolsa, de la religión, o de la cultura.

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