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Y si te solapas

Por Luis Sánchez. Viernes, 4 de mayo de 2018

Luis Sánchez

Eres cebra; aunque te empeñas en ser jirafa. Y, al final, ni eres cebra ni jirafa: eres un necio como la copa de una acacia. –¡Qué guay, Memorias de África!

La conciencia se localiza en el cerebro; pero respira por todo el cuerpo. Y ahí vamos, pendientes de la moda, fiando el ser a la apariencia.

Recuerdo dos casos anónimos pero muy representativos, me refiero al papel que juega la manera de vestir y de actuar, de presentarnos ante los demás. Vayamos a finales de los años ochenta del siglo pasado.

Uno. En un bar de copas me encuentro, acodado en la barra, a un viejo conocido. Nos saludamos, me acerco y, entre cerveza y cigarrillo, me confiesa que está hecho polvo. ¿El motivo? Muy sencillo: pretendía formalizar la relación con su chica (unos cuantos años más joven que él); pero ella le frenó los pies en seco. “Tú y yo somos colegas, Alejandro, quedamos, nos lo pasamos bien, follamos y nada de compromisos”, dice que le respondió. “Claro, ella –me cuenta– me veía con la moto tan guapa que tengo, con la chupa negra de cuero, las botas y las gafas oscuras y me tomaba por un tío duro; pero yo, en el fondo, soy un sentimental, un romántico”. ¡Hosti, qué putada!, Alejandro es un crustáceo: duro por fuera y blandito por dentro, pues no lo parecía.

Dos. Paloma, la prima de un buen amigo, era una chica preciosa: guapa, simpática y con un puntito picarón. Cuando se acercaba por La Torna (nuestro garito de combate), siempre armaba un gran revuelo entre la basca. Vestía a la última y llevaba ropa muy sexi. Claro, nunca faltaban chicos a su alrededor –le gustaba presumir de ello– y ella bien que se reía; aunque, al final, acababa quejándose de que los tíos eran unos guarros; siempre iban a lo mismo: “¡Solo piensan en meter y meter!”. Una vez incluso la vi llorar por un desengaño que había sufrido con un lechuguino de babita dulzona. Paloma no tenía los cascos tan ligeros como parecía, y más que un pasatiempo, lo que de verdad buscaba era un chico serio para formar una familia; pero solo se encontraba con moscones y babosos.

En ambos casos, en el de Alejandro y en el de Paloma, la inseguridad propia les jugó una mala pasada, pues generaban expectativas difíciles de ser satisfechas. Han transcurrido un montón de años y no he vuelto a saber nada de ninguno de los dos. En más de una ocasión, he fantaseado, ingenuamente, con la posibilidad de que hubieran llegado a conocerse. ¿Y…?, ¿hubieran congeniado? Una incógnita, a todas luces, imposible de despejar.

Cada persona es libre de vestir como quiera (¡hasta ahí podríamos llegar!), pero una cosa es disfrazarse para una fiesta y otra, ir disfrazado de fiesta por la vida: si aparento lo que no soy, soy ante todo lo que me gustaría ser y no lo que de verdad soy. ¡Cuánta confusión y malentendidos origina (tanto entre los jóvenes como entre los adultos) esa falta de coherencia y de autenticidad!

Prestamos demasiada atención a la tela y muy poca a la piel. Se impone el cliché y nos olvidamos de la radiografía. La clave radica en llevarse bien consigo mismo (el amor fati).

La libertad consiste en llegar a ser quien eres y no en escapar de lo que eres. ¿Escapar de uno mismo? ¡Menuda quimera! Uno es libre de escoger entre ser uno mismo o negar lo que uno es. El héroe libra sus peores batallas en el orden cotidiano.

No basta con querer ser (esto o aquello). Uno solo llega a ser en función de la raíz que lleva. De ese modo, construye una identidad sólida y verdadera.

Defectos y virtudes nos conforman, así que aceptarse a sí mismo como manifestación de la biodiversidad, ¡qué lección de pluralidad y, por tanto, de democracia! Y si, encima, nos aplicamos en mejorar como seres humanos, entonces ya podemos estar seguros de que caminamos por la senda correcta, que es única por el mero hecho de ser recorrida por nosotros y no por otra persona, pues no hay nada peor en el mundo que vivir una vida ajena, una vida que no nos pertenece porque ha sido impuesta por alguien empeñado en robarnos lo más preciado: nuestra propia vida. Eres de lo mejor que hay en ti.

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