Cipriano Torres, Humor Gráfico, Número 98, Opinión, Sergio Periotti
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Un descuido y revienta el mundo

Por Cipriano Torres / Viñeta: Sergio Periotti. Viernes, 4 de mayo de 2018

@CiprianoTorres

Cierras los ojos, los abres, y te encuentras a un par de payos dándose la mano en la raya que separa Corea del Norte de Corea del Sur, y los ves sentados en veladores como de amantes adolescentes que han tapado los cohetes nucleares para que no los vea nadie y el amor no se marchite antes de haberse besado, y eso que Kim Jong Un es un vivales de sienes rapadas, tocino de primera, y corte de pelo a navaja que no le haría ascos a un revolcón con el del sur, Mon Jae In, y si te he visto no me acuerdo, canalla. Pestañeas un segundo, y al abrir los ojos te topas con las arrobas de maquillaje Simpson a un Donald Trump enviando con sus dedazos de orangután un misil vía Twitter para que el mundo no se crea que aquí estamos para echar unas risas, ni unos polvos, que eso sólo lo hace él con pelanduscas de su calaña. Te retiras un momento para ventilar el saloncito y antes de haber abierto la ventana algún hijo de puta del ejército israelí se ha cargado a algún chiquillo palestino, o algunos judíos de exuberantes tirabuzones y barbas en festivo barbecho han levantado otra casa en tierras que no son suyas. Vas al cuarto de baño en un intermedio huyendo de la publicidad que no consumes y al volver ya sabes que TVE ha manipulado otra noticia, ha cocinado una información hasta dejarle la cara irreconocible para que no moleste al Gobierno, para que la corrupción del PP no parezca lo que es sino un chascarrillo que se mete en mitad de una torva de sucesos, anécdotas, y crecidas impensables hace un año en los pantanos de la patria, arriba España, coño.

Sales a la puerta a ver quién llama y cuando vuelves tienes la casa infestada de criaturas heridas, de niños temblando, de cadáveres alfombrando las calles de algún pueblo de Siria porque el sátrapa Bashar el Assad bombardeó a su gente con juguetes químicos de letales consecuencias y así dar pie a que otros gendarmes del orbe pudieran lanzar los suyos poniendo todos sus cojones sobre la mesa a ver quién los tiene más gordos. Te levantas para coger el teléfono fijo, un artefacto del tiempo de Torquemada, como siempre con un poco de telele porque ese teléfono sólo suena para asuntos de cercanía, y al volver a lo tuyo, tranquilo porque esta vez no había nada que lamentar, compruebas que Cristina Cifuentes ha arrasado con la estantería de los potingues para la cara, pero te enteras de que tampoco le ha hecho ascos a los tarros de legumbres, a las latas de atún, de berberechos, a los pimientos del piquillo, a las gambas congeladas, y que como ya no es presidenta de Madrid ni tiene más cargo que sentar su culo en los bancos de la Asamblea para poner la mano a fin de mes, nada, la señora se niega a pagar lo robado y a dar explicaciones para no darle de comer a los partidos de la izquierda radical. Así es que, escarapelado, cuando levanto la cabeza del libro, y dejo por un momento a Felipe IV entregado a la pasión metiéndole mano debajo de los faldones a María Inés Calderón en el corral de comedias donde la actriz acababa de hacer su función, noto que el campo se ha puesto intenso, verde, jubiloso, que los jaramagos alfombran los balates, y que a resultas de aquel amor a espaldas de Isabel de Borbón nació, en otro parpadeo de la historia, Juan José de Austria, pero es que hay más, antes de pasar la página escucho el temblor de una manada de cobardes que esperan un castigo ejemplar por sus fechorías contra una joven manoseada, humillada, vejada, penetrada y violada en grupo, pero de repente te das cuentas de que todo se hunde a tus pies porque los jueces se han burlado de ella erigiendo su sentencia sobre una montaña de excrementos judiciales que te aferran al libro como un náufrago al salvavidas que alguien le arroja desde un lugar invisible envuelto en bruma y tiniebla.

En fin, que te descuidas y revienta el mundo.

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SERGIO PERIOTTI

Sergio Periotti

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