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Por Oscar González / Viñeta: Ben. Martes, 22 de mayo de 2018

@Morgoski

Una Marta Sánchez llorosa frente a una pantalla en la que se proyecta una enorme bandera de España. Un montón de sujetos y sujetas aúllan enfervorecidos. El rojo noble y glorioso de la sangre derramada a lo largo de siglos de historia corre por sus venas como la heroína por un barrio obrero de los 80, pero algo le dice al espectador avezado que esa sangre de pobre no es la que enorgullece a todos esos; que no se han llevado a la Sánchez por romanticismo ochentero, sino más bien por lo mismo que compran ustedes el champú H&S: por la caspa.

Ciudadanos saltó a la política estatal autodefiniéndose como “liberal-progresista y socialdemócrata” porque en un momento en el que casi un 25% del pueblo estaba en paro y eran no pocos los que vivían con la incertidumbre de si mañana tendrían una vivienda a la que volver, no estaba el horno para ponerse a agitar banderas. Decían traer debajo del brazo una batería de propuestas para modernizar las estructuras económicas y laborales del país, modernidad que avalaban nombres como Alfonso Rojo, Isabel Sansebastián o Arcadi Espada, veteranos bolcheviques todos.

La gente se los creyó hasta cierto punto, un poco lo mismo que le pasó a Podemos. La diferencia principal fue que si a los de Iglesias la prensa los trató como una mierda, a los de Rivera los llevaron tranquilamente sobre una balsa de aceite con un punto de avituallamiento cada 300 metros. Y llegaron saludables a la repetición electoral, claro. Por el camino se encontraron con Lakoff y otros grandes de la comunicación política y descubrieron que el diablo está en los detalles, así que nunca se molestaron en explicar demasiado sus propuestas. Para qué vas a decirle a nadie que propones el despido libre si puedes llamarle “mochila danesa” y pocos te van a preguntar por los mercados laborales de ambos países. En su lugar, mejor vestir al elefante de rojigualdo y a Rivera de Aníbal con camisa azul pardo, dispuesto a acabar de un pisotón con el procès y los enemigos de la patria.

Según el CIS, la jugada funcionó. De pronto, los mismos que se presentaron a unas elecciones en Europa aliados con la ultraderecha son percibidos como la opción sensata por buena parte de los españoles y españolas. Su nacionalismo cutre y ramplón encontró una buena cámara de resonancia en la oposición al catalán, algo que en este país de países sigue siendo todavía una apuesta política segura. Mientras en la izquierda nos rasgábamos las vestiduras por los abusos de la policía el 1-O, los Rivera boys capitalizaban sin reparos la violencia delirante del Gobierno. Sabían que las facturas por pedir mano dura con catalanes y vascos nunca son demasiado elevadas. Sabían que, muy al contrario, suelen dar réditos generosos. Y, una vez más, acertaron.

Ante las crisis del sistema económico global, la historia nos ha enseñado que las soluciones nacionalistas se ven con buenos ojos. Por eso Ciudadanos abraza la bandera de España y a Martísima como símbolos, porque para qué molestarse en hablar al cerebro si puedes hacerlo a las vísceras. A Podemos le funcionó una temporada, pero cuando el eje de la conflictividad social se desplazó hacia la estructura del Estado, los morados se encontraron fuera de juego. Rivera y los suyos, en cambio, han leído mejor el partido y tienen clara la estrategia: seguir apoyando al Partido Popular incondicionalmente para venderse como “la oposición responsable” y capitalizar así a los que ya no aguantan el tufo a cloaca de la organización mafiosa que nos dirige. Mientras tanto, abrazan el discurso de la mano dura contra los enemigos de España y ponen cara de Porg mientras Martita explica lo malos que fuimos todos los que nos movimos entre la hilaridad y el bochorno con su homenaje a Pemán. Y se levantan los mástiles (de las banderas) de los asistentes y se humedecen todo tipo de labios ante la empatía que provoca esa pobre chica patriota y desfavorecida, porque ella sí que ha sido siempre muy española y mucho española…

…pero como en Miami no se vive (ni se paga) en ningún sitio.

“Es la ultraderecha, amigo”, como diría el filósofo. Y lo jodido, que les funciona.

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@BenBrutalplanet

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