José Romero, Número 98, Opinión
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Libertad

Por Pepe Romero. Viernes, 4 de mayo de 2018

Si no cayéramos al tropezar con las piedras, nunca aprenderíamos a no tropezar. La libertad nos es dada tanto para caer como para esquivar la piedra, pues sin libertad ninguna de las dos podría suceder. La libertad es de los pocos conceptos que nos pueden beneficiar al mismo tiempo que nos pueden perjudicar. Antes de caer, cada uno decide si tropezarse o no hacerlo. Teniendo el conocimiento suficiente sobre el tropiezo podemos deducir que tropezar es el principio causal de caer, este conocimiento nos da libertad, pues pensamos entonces en esquivar la piedra y no caer. Los conocimientos sobre nuestras acciones nos dan libertad. Cada hombre que tenga la capacidad de conocer bien, tiene la capacidad de escoger bien. Si bien la libertad de elección, bien conocidas las opciones, nunca creará mal al sujeto mismo, podemos tomar a propósito las elecciones de forma incorrecta. Ya sea por anhelo o por convicción ideológica-religiosa, cualquier elección objetivamente mala, tomada con anhelo, puede provocar en el sujeto hasta placer. Me centraré en la libertad en sí, en la libertad de vida. Elección buena o elección mala aparte, la libertad en sentido estricto es el género libre de moral por excelencia. No podemos decir que la libertad te hace bien o te hace mal, pues ésta te produce los dos estados al mismo tiempo.

El niño que  cae de la bicicleta experimenta en estado puro lo que es la libertad. Él tomó la decisión de montar y él pagará las consecuencias de no haber conocido a lo que se expone a causa de no saber montar. Es muy probable que dicho niño tenga más cuidado la próxima vez que monte. También es probable que el niño pida ayuda a un adulto para aprender. Hay una gran diferencia entre pedir ayuda una vez te has caído a pedirla antes de caer. La primera tiene como principio causal la caída y la segunda el desconocimiento. Si ha caído antes de aprender, la próxima vez que monte ya sabrá de qué va montar y ya sabrá de qué va caer. Por el contrario, si ha aprendido antes de caer, sabe solamente lo que es montar, pero no caer. El deber de la libertad es aprender tanto lo bueno que nos puede dar como lo malo. De seguro es, que si no cae nunca el niño, nunca aprenderá a caer y nunca aprenderá a tener la responsabilidad de no caer.

Privar de libertad al hombre es privarle de responsabilidad, es afirmar que no tiene la capacidad de conllevar las elecciones que le depara la vida. Cualquier estado o movimiento social  que intente elegir sobre la vida de las personas les está llamando a la cara imbéciles. No importa que la libertad nos conduzca a la mayor desdicha de nuestras vidas ni incluso que nos conduzca a la muerte, ser libre acarrea ser responsables con nuestros actos y ser conscientes de ellos. Lo que intentan todas aquellas personas es dirigirnos siempre hacia el bien, ignorando por completo que la libertad nos puede crear tanto vacío como dicha. No lleva a otra cosa la libertad más que a vivir y a dejar vivir.

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