Francisco Saura, Relatos cortos
Deje un comentario

Las flores en mayo

Por Francisco Saura. Domingo, 27 de mayo de 2018

  Ficciones

Las jacarandas flamean en el espacio abierto de tu corazón, si todavía los hay (los espacios abiertos, las miradas traviesas), porque yo sé que tu corazón existe, y que se viste de violeta cuando tu deseo es el mío y cuando el aroma de la mañana se confunde con el de tu piel. Veo tinieblas cuando contemplo directo el sol del mediodía. El tiempo se hace eterno en tu ausencia y los vencejos disipan con sus alas el rojizo viento del crepúsculo.

Eso fue ayer, o quizá mañana, pero hoy el llanto rasga las nubes, y a través se perfilan tus manos estremeciendo el Universo. El conocido y aquél en el que soñamos cuando ya el amor no puede expandirse sin ser destrucción.

Las jacarandas abren avenidas a machetazos de luz. Y no lo niego (¿para qué hacerlo si solo a mí me engaño?), son meandros los que rizan el suelo con pétalos y sarmientos de azahar. ¡Explota mujer!, que los días son demasiado largos y las noches un suspiro entre las ramas de la arboleda, allí donde nos escondemos para huir de una realidad que se parece demasiado a un beso moribundo.

Yo tal vez pueda ser un exacto reflejo de tus ojos. Tú me lo recuerdas a cada momento, pero yo no me veo así aunque quisiera serlo y navegar por tu boca, y bajar empujado por el viento hasta el ombligo, y más abajo aún, al centro de la tierra, de la vida sin más.

Soy el último mendigo que duda en la encrucijada de los sentidos. Ver, oír, saborear, acaso ser una ameba o un lirio de mar en el fondo abisal.

Paseamos calmadamente bajo una cuajada de flores. La brisa brilla en espirales húmedas, el sol navega a la deriva entre violetas y géiseres de fuego. Un banco a un lado, la llovizna al otro, el arco iris en medio. Y tú tiemblas y yo tiemblo, y de la tierra brotan luciérnagas, helechos, flores de siete colores, el aroma de la vida eterna, aquella en la que habitamos al cruzarnos en el umbral.

Las jacarandas en mayo. Las jacarandas oscuras que se visten de luz, las jacarandas que se mueven entre bambalinas y saben a soledad en mitad de Hamlet, nuestro último príncipe en Dinamarca.

Tal vez, amor.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Francisco Saura

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *