Artsenal, Editoriales, Humor Gráfico, Igepzio, Número 98
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Editorial: Demasiados cadáveres en el armario del PP de Madrid

Ilustración: Artsenal / Igepzio. Viernes, 4 de mayo de 2018

   Editorial

Más allá de los botes de crema y de los másteres falsos, el caso Cifuentes viene a demostrar el alto grado de degradación moral al que ha llegado buena parte de nuestra clase política. Ver cómo un vigilante de seguridad conduce a una persona de su relevancia pública hasta un cuartucho tétrico y cutre, verla revolver el bolso nerviosamente, ansiosamente, buscando una factura que no existía, y verla sacar esos dos frascos hurtados de mala manera, no solo produce estupor e indignación, sino cierta compasión humana hacia alguien que necesita ayuda urgente porque sin duda sufre algún tipo de trastorno psicológico como puede ser la cleptomanía. Después de ese vídeo sórdido se comprenden muchas cosas: se comprende el delirio en el que la presidenta ha estado viviendo desde que fue cazada con un título falso; se comprende su obstinación irracional por aferrarse a un cargo cuando todas las pruebas la incriminaban y su posición resultaba de todo punto insostenible; y se comprende ese aire de diva decadente, en plan Gloria Swanson en aquella vieja película de Wilder, ese monólogo paternalista y ese “no me voy, me quedo, me voy a quedar” con el que se dirigió a los madrileños el día que saltó todo el escándalo. La presidenta de Madrid ya es historia, y su dimisión debería servir para que se abrieran las ventanas del Gobierno regional y entrara algo de aire puro. También debería servir para que se investigara hasta sus últimas consecuencias la red de espionaje que supuestamente se tejió en el PP madrileño, las luchas mafiosas entre familias y clanes rivales, las cloacas del Estado que han corroído a las instituciones en aquella comunidad autónoma. Para todo eso debería servir el aciago y tristemente célebre caso Cifuentes, pero mucho nos tememos que una vez más, todo será inútil. El PP cambiará un cromo por otro, se abrirá una nueva comisión de investigación que no servirá para nada, y a seguir tirando, porque la mayoría de sus dirigentes tienen cadáveres en el armario. Solo un cambio en la mentalidad de una ciudadanía que castigue duramente a los gobernantes corruptos, como debería suceder en una democracia sana y eficaz, podría salvarnos de esta situación de auténtica degeneración moral. Lamentablemente, estamos muy lejos de esa utopía porque a fin de cuentas los políticos no son más que reflejos de nuestro propio espejo, representantes de una sociedad que por lo visto en los últimos años está podrida desde la raíz hasta las hojas.

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Y justo cuando Cifuentes parecía definitivamente derrotada va y estalla un nuevo escándalo de rencillas y conspiraciones en Podemos. Estos chicos no tienen remedio. Parecen expertos en el arte del harakiri político. La historia parte de un misterioso comunicado interno difundido por Telegram que alguien, sin duda una mano poco inocente, ha hecho público esta tarde. El papelón remite a conspiraciones, a disputas internas por sillas y sillones, a cosas feas entre supuestos camaradas de trinchera. En resumen y sin ánimo de aburrir, en el texto se habla de una candidatura formada por Errejón (presidente) y Bescansa (vice) a la Comunidad de Madrid; de hacerle el vacío al oficialista Espinar; y de, agárrense que vienen curvas, disputarle el liderazgo al jefe, hacerle la cama, o sea descabalgar a Pablo Iglesias del poder. Una rebelión en toda regla que ni en los mejores sueños del juez Llarena. Nada más conocerse la nota, como no podía ser de otra manera, se ha desatado el terremoto político en la formación morada. Bescansa dice que ella no sabe nada del documento, que habrán sido unos asesores misteriosos que andan por libre. Errejón califica el escrito de “delirante” y asegura que por “ahí no van por buen camino”, ya que él busca una candidatura de integración para arrebatarle el poder a la dama rubia de los másteres basura. Y fuentes de Podemos confirman que Iglesias se ha cogido un rebote de tal calibre que la coleta le cimbreaba como un látigo enfurecido entre sus manos. Vuelven a sonar tambores de guerra en Podemos. Vuelven las purgas, las refriegas, las cabezas cortadas. Los fantasmas de Vistalegre se levantan de sus tumbas como los de Sleepy Hollow. El PP compra palomitas y se sienta en primera fila para contemplar una segunda entrega de la peli de terror protagonizada por errejonistas y pablistas. Cifuentes, tras semanas de angustia, podrá respirar aliviada unos días, ya que la prensa se olvidará de ella mientras los muchachos de Podemos se arrean duro y buscan al cerebro y traidor de la cosa. Y luego nos preguntamos por qué la izquierda española está hecha unos zorros. Si es que tenemos lo que nos merecemos.

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