Alaminos, Germán Gorraiz, Humor Gráfico, Internacional
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¿Cuántos muertos palestinos puede aceptar el mundo sin inmutarse?

Por Germán Gorraiz / Ilustración: Jorge Alaminos. Lunes, 20 de mayo de 2018

Internacional

El expresidente Jimmy Carter, que pasó a la posteridad al lograr el histórico acuerdo de Camp David entre Israel y Egipto en 1979, se habría distanciado sin ninguna duda de la política llevada a cabo por los sucesivos gobiernos de Netanyahu. En su libro Palestina, paz no apartheid, denuncia el “sistema de apartheid que Israel aplica sobre los palestinos”, así como “el incumplimiento por parte de Israel de los compromisos adquiridos en el año 2003 bajo los auspicios de George W. Bush”, que incluían las exigencias de congelación total y permanente de los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania, así como el derecho al retorno de los cerca de 800.000 palestinos que se vieron forzados a abandonar Israel tras su constitución como Estado en 1948 (nakba). Dicha hoja de ruta fue aceptada inicialmente por Israel y ratificada posteriormente por Olmert y Abbas en la Cumbre de Annapolis (2007) con la exigencia de “finiquitar la política de construcción de asentamientos en Cisjordania y flexibilizar los controles militares que constriñen hasta el paroxismo la vida diaria de los palestinos”.

Netanyahu y la manipulación del miedo

El estadounidense Harold Lasswell (uno de los pioneros de la “mass comunicación research”), estudió después de la Primera Guerra Mundial las técnicas de propaganda, e identificó una forma de manipular a las masas (teoría de “la aguja hipodérmica o bala mágica”, plasmada en su libro Técnicas de propaganda en la guerra mundial), basada en “inyectar en la población una idea concreta con ayuda de los medios de comunicación de masas para dirigir la opinión pública en beneficio propio, lo cual permite conseguir la adhesión de los individuos a su ideario político, en este caso la defensa de la sacrosanta seguridad de Israel, sin tener que recurrir a la violencia”.

Por su parte, Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de pioneros en el estudio de la psicología de masas, en su libro Cristalizando la opinión pública, desentraña los mecanismos cerebrales del grupo y la influencia de la propaganda como método para unificar su pensamiento. Así, según sus palabras, “la mente del grupo no piensa en el sentido estricto de la palabra. En lugar de pensamientos tiene impulsos, hábitos y emociones. A la hora de decidir, su primer impulso es normalmente seguir el ejemplo de un líder en quien confía”, por lo que la propaganda del Gobierno de Netanyahu será dirigida no al sujeto individual sino al grupo, en el que la personalidad del individuo unidimensional se diluye y queda envuelta en retazos de falsas expectativas creadas y anhelos comunes que lo sustentan, sirviéndose de la dictadura invisible del temor al Tercer Holocausto, ya proceda de Hamás, de Hezbolá o de Irán.

Según el Informe anual de los abusos contra los Derechos Humanos realizado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, con el Gobierno de Netanyahu se habría iniciado una peligrosa vulneración de los derechos humanos por parte del Tzáhal o Ejército israelí, fruto del uso excesivo de la fuerza contra los palestinos en los territorios ocupados. Así, 149 palestinos habrían muerto a manos de las fuerzas israelíes en el año 2015, de los cuales sólo 77 fueron muertos en ataques lanzados y el resto habrían sido injustamente asesinados en manifestaciones o por daños colaterales durante las operaciones de “rutina”. El citado estudio critica además “la política de detención arbitraria, la tortura y el abuso asociado a menudo con la impunidad para los militares israelíes”.

Dicho extremo estaría refrendado por las declaraciones del subcomandante de las Fuerzas Armadas israelíes Yair Golan, quien en un discurso pronunciado el Día del Recuerdo del Holocausto afirmó que “hay vestigios de las espeluznantes tendencias de la Alemania nazi en el Israel actual” y que “no todo lo que hacemos es correcto”, haciendo referencia al incidente ocurrido en Hebrón en el que un soldado israelí remató a un palestino herido que yacía tumbado en el suelo, siendo posteriormente condenado a 18 meses de prisión y puesto en libertad. Sin embargo, la teórica política judío-alemana Hannah Arendt, en su libro Eichmann en Jerusalén, subtitulado Un informe sobre la banalidad del mal, nos ayudó a comprender las razones de la renuncia del individuo a su capacidad crítica (libertad) al tiempo que nos alertaba de la necesidad de estar siempre vigilante ante la previsible repetición de la “banalización de la maldad” por parte de los gobernantes de cualquier sistema político, incluida la sui genéris democracia judía, pues según Maximiliano Korstanje “el miedo, y no la banalidad del mal, hace que el hombre renuncie a su voluntad crítica, aunque es importante no perder de vista que en ese acto el sujeto sigue siendo éticamente responsable de su renuncia” (más de 1.500 niños palestinos muertos por las fuerzas israelíes desde la Intifada del 2000).

Jerusalén y la nueva masacre de Gaza

En su libro El Estado judío: ensayo de una solución moderna de la cuestión judía, Theodor Herzl, considerado el padre del actual Estado de Israel y fundador del sionismo, propuso la creación de un Estado judío independiente y soberano para todos los judíos del mundo, al tiempo que promovió la creación de la OSM (Organización Sionista Mundial). En su obra La vieja Nueva Tierra (1902) sienta las bases del actual Estado judío como una utopía de nación moderna, democrática y próspera en la que se proyectaba al pueblo judío dentro del contexto de la búsqueda de derechos para las minorías nacionales de la época que carecían de Estado, como los armenios y los árabes.

Así las cosas, el Gobierno de Netanyahu aspira a resucitar el endemismo del Gran Israel (Eretz Israel), ente que intentaría aunar los conceptos antitéticos del atavismo del Gran Israel (Eretz Israel), y que bebería de las fuentes del Génesis (15:18), que señala que “hace 4.000 años, el título de propiedad de toda la tierra existente entre el Río Nilo de Egipto y el Río Eúfrates fue legado al patriarca hebreo Abraham y trasferida posteriormente a sus descendientes”. Tal doctrina tendría como principal adalid a Isaac Shamir al defender que “Judea y Samaria (términos bíblicos de la actual Cisjordania) son parte integral de la tierra de Israel. No han sido capturadas ni van a ser devueltas a nadie”. En dicha doctrina se basarían los postulados actuales del partido Likud liderado por Netanyahu, quien aspira a convertir Jerusalén en la “capital indivisible del nuevo Israel”, tras la invasión de su parte oriental durante la Guerra de los Seis Días (1967). El apoyo de la Administración Trump al traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén se ha traducido en una nueva masacre en Gaza (más de 50 muertos en la celebración del 70 Aniversario de la Nakba) y el repudio hipócrita de la comunidad internacional.

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Germán Gorraiz 

Jorge Alaminos

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