El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Manuel Tirado Guevara, Número 98, Opinión
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Como la morcilla, la historia de España se repite

Por Manuel Tirado Guevara / Viñeta: El Koko Parrilla. Miércoles, 23 de mayo de 2018

@manologandi

Decía el poeta Ángel González que la historia de España es como la morcilla de su pueblo, se hace con sangre y siempre se repite. A veces sólo hace falta echar un vistazo a las noticias del día para darse cuenta de cuánta razón tenía el poeta asturiano.

El pasado domingo, harto ya de escuchar miles y miles de opiniones sobre el chalet de 600.000 euros que se han comprado Pablo Iglesias e Irene Montero, pongo la tele y me encuentro al señor Albert Rivera en un teatro de Madrid presentando la plataforma ‘España Ciudadana’ donde entre cánticos ya manidos de lo que yo llamo patriohorterismo, cuya mayor representante es Marta Sánchez (que también estuvo para cantar la letra de su himno), escuché un discurso en boca del líder de Ciudadanos, que no os voy a mentir, me acojonó un poquito.

En su discurso, Rivera apelaba a la unidad nacional por encima de todas las cosas, esgrimía que era necesario crear un país donde él no veía «ni azueles ni rojos, ni gente urbanita ni gente rural, ni jóvenes ni mayores, ni creyentes ni agnósticos, ni trabajadores ni empresarios, sino españoles». Es decir, un país donde la ideología (azules y rojos) desapareciese por completo y se sustituyese por el amor patrio, un país donde no hubiera diferencias entre obreros y empresarios (seguramente el señor Rivera no ha visto lo números rojos de las cuentas corrientes de muchos obreros en este país), en definitiva, un país donde el culto a la bandera y la unidad de la patria sea el único objetivo común, como dijo Rivera «una visión de una España futura, que, aunque sea futura, está al llegar. Ya está aquí la España Ciudadana: únete».

Lo dicho, la historia de España, como las morcillas de mi pueblo, se repite.

El discurso de Rivera me hizo pensar en seguida en otro discurso pronunciado por otro Rivera el 29 de octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia de Madrid, con el motivo de la fundación de Falange.

Si leemos ambos discursos encontramos similitudes muy concretas que se basan en las mismas ideas, que son la idea de la patria como «unidad total», «una síntesis indivisible», «una unidad de destino», sin ni siquiera hacer referencia a lo que siempre nos ha diferenciado entre una región de España y otra en cuanto a lengua, cultura, etc…, que reconoce la propia Constitución Española. La otra idea en la que también hacía mucho hincapié Primo de Rivera, que copió bastante bien del discurso del fascismo italiano y el nazismo alemán y que Albert Rivera resumió en la frase «ni azules ni rojos, sino españoles», es sin duda la idea de la «no política», de la «no ideología» que proclamaba el fascismo de los años 30 y que recoge sin duda el partido que ya podemos llamar «neofascista» que no es otro que Ciudadanos.

Esto decía Primo de Rivera en 1933 cuando hablaba de la «no política»: «Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si esas son nuestras unidades naturales, si la familia y el municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos que, para unirnos en grupos artificiales, empiezan por desunirnos en nuestras realidades auténticas?  Estas palabras las resumió Albert Rivera en una sola frase (vivimos en el mundo de lo inmediato y de los titulares de prensa espectaculares): «Ni azules ni rojos. Yo veo solo españoles».

Así de sencillo y así de terrible. El discurso de Rivera del pasado domingo dio mucho miedo. En mi vida creía que en este país después de una guerra civil propiciada por ese mismo discurso fascista se iban a escuchar discursos como este que nos retrotraen a tiempos oscuros. Siempre creímos que la ultraderecha en España estaba agazapada y escondida en el Partido Popular, pero ahora nos encontramos con Ciudadanos, que haciendo una mezcla de las premisas de Donald Trump en Estados Unidos, Le Pen en Francia y recogiendo ese sentimiento de «una España como unidad de destino» de Falange ha pasado por la derecha al Partido Popular y se ha convertido en el partido de la nueva ultraderecha española. ¿Quién nos iba a decir que existía vida a la derecha del PP? Pues la había. Y lo dicho, da mucho miedo.

Y todavía da más miedo cuando algunos medios de comunicación en este país avalan este discurso y ven a Ciudadanos como el recambio perfecto del sistema.

Para terminar, me hago la siguiente pregunta. ¿Estarán las fuerzas políticas de izquierda a la altura de las circunstancias? Visto como está el patio últimamente me temo que no. Porque en eso de que las izquierdas andemos dándonos de hostias mientras el fascismo campa a sus anchas también la historia de España, como la morcilla de mi pueblo, se repite.

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