Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 98, Opinión
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Chiquilladas

Por Lidia  Sanchis / Ilustración: L’Avi. Viernes, 4 de mayo de 2018

@lidia_sanchis

No voy a hablar de la sentencia. No tengo formación jurídica para valorar la decisión de unos jueces, y mucho menos el voto particular de uno de ellos, que me da la impresión que estuvo en otro juicio pero no en este. Pero es que yo tampoco estuve. Ni aquella madrugada del 7 de julio. No soy quién para reclamar que se cambie el Código Penal porque ha habido una sentencia que no se ha ajustado a lo que yo, ciudadana anónima, esperaba. Pero sí que me encuentro capacitada para opinar de los cinco muchachos que han sido condenados, en primera instancia, a nueve años de cárcel y a pagar una indemnización a la víctima de 50.000 euros. Nunca una diversión les salió tan cara. Porque ¿qué hacían esos cinco tíos bragados acorralando en un oscuro portal a una muchacha borracha, metiéndole sus pollas por todos los orificios de su joven cuerpo, grabando la escena con sus móviles, sino divertirse? ¡La prueba es que no pararon de reírse en todo el rato que duró aquello! Y ahora, quizá, por culpa de una chiquillada, la vida de este quinteto de jóvenes prometedores quede marcada para siempre. Probablemente, no conseguirán casarse y formar una familia (¿qué mujer, hombre, animal o cosa iba a querer compartir la vida con alguno de ellos?); tampoco podrán ser funcionarios (como les pasaba a los objetores de conciencia, ¿recuerdan?, aquellos pobres desgraciados que se negaban a hacer la mili); ningún banco serio les fiará el dinero para la hipoteca; ninguna tía, ni carnal ni política, dejará a sus niñas al cuidado de ninguno de los cinco. Y todo porque una fiesta se les fue un poco de las manos. En realidad, la fiesta consistía en eso: en que se les fuera de las manos. Solo que tuvieron la mala suerte de que una pareja auxiliara a la jovencita temerariamente solitaria. Porque si no hubiera sido así, nadie se hubiera enterado de nada y el jolgorio hubiera continuado esa noche o las siguientes. Como tantas otras noches. ¡Como si fuera la primera vez! Porque el primer mandamiento de los chicos jóvenes es divertirse, y a ello se estaban dedicando estos en cuerpo y alma. Es su derecho más básico. Los que somos padres lo sabemos: que un niño se aburra es una tragedia. Y por ello hay que entretenerles, estimularles, animarles. Y así, cuando sean adultos, mantendrán ese espíritu inquieto, competitivo, de búsqueda de nuevas metas que alcanzar. Y nuestra obligación y nuestra responsabilidad como padres es que nuestros jóvenes cachorros alcancen esos objetivos, no vaya a ser que un ‘no’ o un castigo les cause algún trauma y acabemos convirtiendo esta nuestra comunidad en una sociedad de tarados. Así que, en mi opinión, ese escenario tan horripilante es el que les espera a los cinco magníficos porque se pasaron un poco de la raya. Se me ponen los pelos de punta. Si embargo, ella, la víctima, podrá acabar sus estudios universitarios (si es que los ha empezado, claro, que estas chicas de hoy en día solo piensan en lo que todos sabemos), conocerá a un buen partido, se casará, tendrá un par de retoños y de aquí a nueve años aprobará por fin las oposiciones. Las tías -bien carnales, bien políticas- confiadamente dejarán a sus hijos a su cuidado porque ella ha demostrado que es una mujer cabal, digna de todo crédito y confianza, mientras que ellos dudo mucho que puedan levantar cabeza en lo que les queda de vida. Y todo por una chiquillada.

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L'Avi

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