Artsenal, Humor Gráfico, Número 98, Opinión, Xavier Latorre
1 comentario

¿Chamberí o Galapagar?

Por Xavier Latorre / Viñeta: Artsenal. Miércoles, 30 de mayo de 2018

Xavier Latorre

Lo primero que deberían hacer Pablo Iglesias e Irene Montero es pagar su chalet con dinero B, lavado y centrifugado en paraísos fiscales de ida y vuelta, con la mediación de una pariente del agente secreto Paesa, el de Roldán. Eso sí es pertenecer a la casta suprema. Su casita de papel ha sido finalmente admitida a trámite con los votos de los suyos, como si se tratara del festival de Eurovisión o de una gala de OT. El líder de Podemos está a años luz de gobernar, porque se la coge con papel de fumar. Demasiados miramientos. Así, ¿cómo quiere llegar a dominar el mundo patrio? Los de Podemos, los de Izquierda Unida, los de Compromís o de los Comunes, entre otros, están llenos de remilgos, no se atreven a dar un paso al frente y hacerse adictos a la corrupción. ¿Así cómo van a inspirar la confianza del electorado? Sin medios de comunicación afines, a los que financiar con publicidad y favores, ¿cómo se van a labrar un buen nombre en el mapa electoral español? ¡Ingenuos!

Esta gente, que los telediarios llaman populistas, son unos primos del copón. No saben robar y menos aún diversificar los yacimientos del expolio como, por ejemplo, ha hecho Zaplana, un maestro de ceremonias en asuntos turbios. A la izquierda radical les ponen firmes por una subvención poco merecida o por una retribución legal declarada en un epígrafe equivocado en un impreso de Hacienda. El expresidente valenciano sí sabía estar en todas las salsas. No solo por enriquecerse, lo hacía sencillamente por ser alguien, por su buen nombre, por resultar servicial con los empresarios alicantinos que le auparon al poder o con Ana Botella que le introdujo en la corte del Rey Aznar Sol, otro que también luce bronceado artificial y abdominales ronaldianos. Cuando el prohombre cartagenero ya no necesitaba a alguien le ofrecía como premio de consolación un sillón en un consejo de administración, un cargo de censor en la tele pública o un puesto de venta de montañas rusas de segunda mano. Nunca dejó tirado a nadie. Él sí sabía manejarse en distintos escenarios simultáneamente; era el rey de la pista. Tenía una capacidad de trabajo encomiable: las ITV, los parques temáticos, Gestcartera, las autopistas prorrogadas, los molinos de viento, el caso Lezo, Canal 9, las cajas de ahorro, los hospitales privados, las residencias de la tercera edad, las universidades pesebre, los polígonos industriales, el agua del Ebro, los barracones de feria para meter a los alumnos de primaria, los pagos duplicados a Julio Iglesias… Todos los valencianos tienen un agujero en su bolsillo a su costa. Luego, cuando se agotó el filón valenciano emprendió la conquista de las Españas. Visión de negocio; supo ampliar el radio de acción de su franquicia. Por su parte, los que quieren destruir España no cesan de hacer asambleas interminables, votaciones digitales, elecciones primarias y debates estériles con sus bases. “Como no les paren los pies nos van a arruinar”. En la barra de mi bar a la troupe de Iglesias les acusan de todo lo malo, habido y venidero.

El más difícil todavía: Zaplana conseguía ser vitoreado por sus víctimas. Los estafados por las zaplanadas de antaño, gentes de orden, necesitan de los partidos alternativos, de las fuerzas del cambio, para descargar su ira contra el “pernicioso” sistema político. ¿Qué harían esos resignados súbditos sin poder meterse con esa nueva izquierda que pide hipotecas, dónde se ha visto, para sufragar su chalet? “Su puta madre no lo tenía que haber parido”, escuché el otro día sobre Pablo Iglesias, asomado a una conversación de bar en la mesa contigua. Doble vara de medir. Al final creeremos que una ayuda de 10.000 euros a Ca Revolta por parte del ayuntamiento de València, que preside Joan Ribó, es la culpable de todo.

Señores Iglesias y Montero: ¡Hagan como Zaplana con el piso de Chamberí, paguen a tocateja su casoplón en Galapagar, inviertan en paraísos fiscales y suelten sermones en el Club Siglo XXI sobre el liberalismo! Igual ganan enteros demoscópicos. Zaplana no tuvo miramiento alguno con los valencianos, y así le fue hasta anteayer. Ahora, harto del sol justiciero, ha optado por pasar una temporada a la sombra en Picassent. La pareja Montero-Iglesias, en cambio, debería espabilar: les veo de vuelta a las acampadas de Sol.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

@ARTSENALJH

 

1 Kommentare

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *