Humor Gráfico, Joaquim Bosch, L'Avi, Número 97, Opinión
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Tenemos menos libertad hoy que en los años ochenta

Por Joaquim Bosch / Viñeta: L’Avi. Viernes, 20 de abril de 2018

@JoaquimBoschGra

Centenares de jueces y fiscales nos hemos concentrado como forma de protesta antes las sedes judiciales de las principales ciudades, tras haber sido convocados por nuestras asociaciones profesionales. Reclamamos una verdadera separación de poderes sin interferencias políticas, la modernización de la justicia como servicio público, la mejora de nuestras condiciones profesionales y la creación de más plazas judiciales para hacer frente a una enorme sobrecarga de trabajo que perjudica a la ciudadanía. Si el Gobierno no da respuesta a estas reivindicaciones, en mayo los jueces y fiscales iremos a la huelga.

Las asociaciones de jueces y de fiscales hemos convocado formalmente huelga para el 22 de mayo y paros parciales durante las próximas semanas. Reclamamos verdadera independencia judicial, más medios para la justicia y condiciones profesionales dignas.

En mayo llega a las librerías un libro sobre los problemas de la justicia que hemos escrito Ignacio Escolar y yo. Lo presentaremos en diversas ciudades. Era difícil encontrar mejor compañero de viaje. El director de El Diario se ha distinguido por su discurso independiente, de acreditada solvencia, que ha sabido poner el dedo en la llaga ante acontecimientos de enorme relevancia. El libro es un ensayo a dos voces sobre la corrupción, las injerencias políticas en los tribunales, los abusos bancarios, el conflicto catalán, el drama de los refugiados, la violencia machista, la memoria histórica o los recortes de libertades. En sus páginas encontraréis las reflexiones de dos personas que sufrimos anímicamente por la situación del país, pero que seguimos sin perder la esperanza.

No se puede usar el comodín de la rebelión o del terrorismo ante cualquier infracción. Y es imposible aplicar medidas penales a más de 2 millones de catalanes: los conflictos políticos no pueden resolverse con medidas judiciales.

En el proceso penal rige la presunción de inocencia. Pero en la esfera política el cargo público sí que debe demostrar su honradez. Si no prueba que ha realizado un trabajo de fin de máster, para desmentir un trato de favor, carece de legitimación ética para ocupar ese cargo.

La cadena perpetua –aunque se le llame prisión permanente revisable, que es un eufemismo– es una pena inconstitucional porque nuestra Constitución dice que las penas deben estar orientadas a la rehabilitación y reinserción social de los condenados. También prohíbe las penas inhumanas y degradantes. Por eso la cadena perpetua está recurrida ante el Tribunal Constitucional. Lo cierto es que es un tipo de condena que se fundamenta sobre todo en instintos de venganza, más que en ideas racionales de Justicia. Históricamente la venganza fue la primera manifestación del Derecho Penal pero, en tiempos modernos, esto va dejando paso a otras configuraciones penales.

Por un lado tenemos una corrupción ampliamente instalada en el sistema y una delincuencia política organizada de gran envergadura que no se ha improvisado ni ha sucedido de una semana para otra, sino que es el resultado de muchas acciones y omisiones del poder político. Esto se explica por la falta de prevención, por la posibilidad de que se muevan millones de euros de manera sencilla en la administración sin controles suficientes, por falta de medios para perseguir estos delitos y por unos castigos que no son proporcionales a la gravedad de los hechos. Si tenemos una corrupción de tantas dimensiones es porque ha habido falta de voluntad política de luchar contra ella. Sin embargo, en otras actuaciones se observa todo lo contrario: hay un interés desmesurado en actuar y ello está posibilitado porque hay unos tipos penales que son muy amplios, ambiguos y confusos que dan lugar a interpretaciones dispares.

Lo que hay ahora mismo en España son unas tensiones jurídicas importantes en determinados tribunales por seguir manteniendo un sistema de libertades o por endurecerlo limitándolo aún más. Tenemos menos libertad en nuestro país ahora que en los 80 o los 90.

Antes, los chistes de Carrero Blanco eran especialmente aplaudidos en su época y hoy en día te pueden llevar a la cárcel. Históricamente ha habido infinidad de revistas satíricas que han hecho fotomontajes o viñetas criticando la religión y hace poco, un chaval ha sido multado por colgar una foto de Cristo con su cara en Instagram.

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@AviNinotaire 

 

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