Artsenal, Humor Gráfico, Número 97
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Soy valenciana

Por Susana Gisbert / Viñeta: Artsenal. Viernes, 20 de abril de 2018

Susana Gisbert

El otro día una algarabía me hizo asomarme al balcón. Los sonidos que me llegaban mezclaban canciones del folklore valenciano con pasodobles de Manolo Escobar, gritos de “som valencians, no catalans” con otros que exigían “Puigdemont, a prisión” o que decían “a por ellos, oé”. Las imágenes, pacíficas por fortuna, eran una mezcolanza de senyeras valencianas con banderas españolas. Y todo ese cóctel me hizo pensar.

Yo soy valenciana. Si se escarba en mi árbol genealógico, superaría con creces la prueba de los ocho apellidos autóctonos. Puedo cantar, sin equivocar una frase, todo tipo de himnos propios, desde el de la Comunidad hasta el de la Virgen de los Desamparados, pasando por El Fallero, y hasta el de la Exposición Universal del año de la picor. Me visto de valenciana todos los años, y no solo soy fallera desde que nací, sino que soy capaz de hacer el peinado en quince minutos, e incluso he diseñado y bordado con mis manos las manteletas y delantales de mis hijas y míos. Sé bailar jotas valencianas y conozco nuestra historia. Y hablo valenciano porque, a pesar de que la educación en su momento me privó de aprender nuestra lengua, me molesté en estudiarla y sacar todos los títulos correspondientes –y no, no lo necesitaba para mi trabajo–. Incluso he llevado en una ocasión el anda de la Xeperudeta, he cantado en la Misa de Infantes y he hecho de apuntadora de albaes. Para rizar el rizo, soy nieta del alcalde republicano que restauró el pendón de la Conquista y he sido mantenedora de la Fallera Mayor de Valencia, uno de los momentos más especiales de mi vida. Y si ni mis hijas ni yo hemos sido falleras mayores de Valencia o Corte de honor, ha sido porque no nos escogieron el año posterior al reinado en nuestra falla, que bien me hubiera gustado. Solo me falta, para sacar matrícula de honor en valencianía, saber hacer paellas, aunque corto los limones que da gloria verlos. Pero lo siento, cocino fatal. Nadie es perfecto.

Pues bien, con todos estos antecedentes, no me sentía en absoluto representada con lo veía y oía desde mi balcón. No necesito gritar que no soy catalana, como no grito que no soy manchega, madrileña ni vasca, ni ciudana de Liechtenstein o de Estocolmo. Y tampoco necesito gritar que soy española porque es una obviedad. Valencia pertenece a España, como España a Europa y ésta al mundo.

Pero mucho menos me identifico con la necesidad de entender el sentimiento valenciano como algo en contra de los catalanes. Ni en contra de nadie, vaya. Si lo que se busca es una España unida, tal conforme establece la Constitución, no parece lo más adecuado plantearla como un enfrentamiento. Mal se va a convencer a quienes pretenden separarse de España lanzando consignas contra ellos y, por extensión, contra todos sus paisanos. Más bien parece que lo que se busca es que se vayan. Porque si no, que me expliquen quiénes son los “ellos” a por los que se tiene que ir. Que yo no quiero ir a por la gente, sino ir con ella. Y siempre he pensado que es preferible sumar que restar, construir que destruir.

Aunque lo que más me hizo reflexionar fue darme cuenta de lo que pretendían identificar con España. Si la España a la que queremos pertenecer es la del tiempo de Manolo Escobar, que cantaba que no le gustaba que fuéramos a los toros con minifalda y nos decía que con la cara lavada y recién peinada era como teníamos que ir, es para pensárselo. Yo quiero un país con valores democráticos modernos y no volver a aquellos tiempos. Por nada del mundo. Y tampoco quiero que me identifiquen con gritos que se cargan la separación de poderes. Señores manifestantes, que alguien vaya o deje de ir a prisión compete exclusivamente al poder judicial, y no se debe presionar al mismo gritándoles lo que deben hacer megáfono en ristre. En eso consiste precisamente la independencia judicial, que también viene en la Constitución, esa con que tantas personas se llenan la boca sin apenas conocerla.

Así que ahí queda eso. No me gusta que me vendan como valencianía de la buena todas estas cosas. Ni que me tilden de no serlo por no asumir esas consignas. Soy valenciana y estoy orgullosa de ello. Pero no me identifico con todas esas cosas que me transportan a otros tiempos. Y no, cualquier tiempo pasado no fue mejor. Y menos el nuestro, tan reciente y que tanto ha costado superar, si es que de verdad lo hemos hecho.

No monopolicen el sentimiento valenciano ni se apropien de nuestros símbolos o emblemas, o acabarán cayendo en el mismo error que pretenden combatir.

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