Número 97, Opinión, Víctor Villar
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Los límites del humor y la discapacidad

Por Víctor Villar. Viernes, 20 de abril de 2018

Victor Villar

Mucho se está hablando últimamente de los límites del humor dentro del paradigma del nuevo humor postmoderno. Se trata de la nueva escuela del humor de lo absurdo, que no inteligente. Un humor de lo absurdo, que no inteligente, repito, basado en las expresiones repetitivas y el lenguaje absurdo. Nada nuevo desde Martes y 13 u Ozores. La diferencia en este nuevo humor, como en la nueva política, es el todo vale, el no a las etiquetas.

En este caso, la ironía burda de estos modernos la ha tomado con la discapacidad y no en una ocasión, sino en varias. El 22 de septiembre de 2017, se hicieron burlas hacia Raúl Gay, compañero con discapacidad de Pablo Echenique y sustituto de este en las Cortes de Aragónen en el blog de eldiario.es De retrones y hombres. La burla fue en el programa de la cadena Ser La Vida Moderna, donde Ignatius Farray, jaleado por David Broncano y Quequé, se reía del tamaño de las extremidades superiores e inferiores de esta persona.

Como ya dije en una columna anterior, este suceso se pasó de largo por lo que he dicho anteriormente, ambas partes creen en la “libertad” absoluta (absolutamente ambigua), tanto en la política como en el humor. A unos les da igual llamar “feminista” a una actriz porno y a otros reivindicar el humor de Arévalo. Todo vale. Más tarde desarrollaré esto, sigamos ahora con más ejemplos.

Hace unos días, en este mismo programa de la Cadena Ser, se hicieron burlas con el TEA (Trastorno del Espectro Autista). Concretamente, Quequé comparaba diferentes deportes de raqueta con los diferentes niveles de autismo y sus limitaciones. Naturalmente, personas y organizaciones de personas con TEA han protestado con mucha razón y esta vez no era una broma entre amigos, era un lobby con cierto peso y no se pudo solucionar con más chascarrillos.

Pero este tipo de humor se extiende a otros programas, como La Resistencia, también de David Broncano. En este programa la broma tenía como protagonista al científico Stephen Hawking. Así, al principio del programa el humorista pensaba cómo bajar al científico por las escaleras del Tatro Arlequín, en la Gran Vía de Madrid, donde se graba La Resistencia. La broma duró hasta el día de su muerte, recientemente. Si pensamos bien y vemos esto como una reivindicación, no tiene ninguna gracia y no creo que sea la forma más adecuada. Bromas así salpican este tipo de programas.

Después de este breve relato de los hechos, pasemos a entrar en el tema que nos ocupa: ¿Cuáles son los límites del humor y por qué la discapacidad debe estar fuera de dichos límites?

Yo, al igual que Leo Basi, por ejemplo, veo el humor como un contrapeso al poder, un desahogo irónico del pueblo frente a las injusticias del poder económico o político. Por lo tanto, en los propios términos de Podemos, el humor debe ir de abajo a arriba. Aunque yo prefiero decir de las personas oprimidas a las personas opresoras. Esto es así desde la antigua Grecia, donde los cómicos llenaban anfiteatros riéndose del gobernante de turno. Por lo tanto, ahí están los límites del humor, en el simple hecho de no atacar a quienes sufren penurias o no llegan a final de mes, sino a quienes ostentan el poder, de una forma u otra, o quienes gozan del reconocimiento social que da la normalidad, entendiendo como personas normales aquellas personas que encajan en los cánones estándar de una sociedad.

Si pasamos a la Edad Media, ¿no era acaso la corte quien se reía de las deformidades del bufón mientras este solamente tenía como arma su propia ironía sutil? Si pensamos en la obsesión con la mano que le da de comer de David Broncano por, como dice él mismo, la “panojita” y su ascenso meteórico, me temo que estamos más ante un cortesano que ante un buen bufón. Un cortesano que se ríe de los Niños de Vallecas y los Calabacillas del siglo XXI.

Si partimos de ahí, se puede decir que hay dos clases de censura, las cuales, aunque esté de moda decir lo contrario, no son comparables. Una es la censura del poderoso, la que ha llevado a la cárcel a tuiteros, raperos, cantantes y, sí, payasos. De este modo, un buen bufón catalán fue detenido simplemente por posar con su nariz roja para una simple foto al lado de un policía.

La otra censura es solamente un modo de autodefensa de aquellas personas que ven cómo son humilladas cada día por su diferencia. En el mejor de los casos, cuando estamos ante profesionales, esta censura se traduce en autocensura por no causar más sufrimiento innecesario.

Pero no solamente culpo a estos cortesanos de la comedia de lo ocurrido, sino también a los “primos” que corren a reír sus gracias en nombre de la “libertad” total de la comedia. Pues bien, al señor Raúl Gay le contestaré como lo haría una feminista radical a aquellas mujeres que dicen que son libres para prostituirse y lo llaman feminismo. De este modo, le digo al señor Gay: lo que tú haces afecta a todo el colectivo. Si la ofensa es debida a su discapacidad, dicha ofensa nos afecta a todos, no solamente a él y por lo tanto él no es quién para olvidar dicha ofensa y unirse a la gracia. Señor Gay, con su dignidad y su imagen pública puede hacer lo que quiera, con la nuestra no.

[1] Vídeo del programa de La Vida Moderna de 22 de Septiembre de 2017 en YouTube. Consultado el 12 de abril de 2018.

[1] Vídeo del programa de La Vida Moderna de 9 de abril de 2018 en YouTube. Consultado el 12 de abril de 2018.

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1 Kommentare

  1. Draken dicen

    Resumen: los límites del humor están donde a mi me deja de hacer gracia. Mimimimimi.

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