Humor Gráfico, Joaquim Bosch, Luis Sánchez, Número 96, Opinión
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Libertad de conciencia

Por Joaquim Bosch / Viñeta: Luis Sánchez. Viernes, 6 de abril de 2018

@JoaquimBoschGra

Vaya por delante mi absoluto respeto a las personas con creencias religiosas, así como a quienes no son creyentes. La libertad de conciencia resulta esencial para los seres humanos. Eso no tiene nada que ver con las intromisiones estatales en cuestiones religiosas. El artículo 16-3 de la Constitución proclama que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Y constantemente vemos actuaciones institucionales propias de otros tiempos, en los que había una religión oficial. Me gusta que cada persona pueda practicar las creencias que desee. Pero los organismos estatales son de toda la sociedad y deberían ser neutrales de verdad. Simpatizo con la posición del cristianismo más abierto, en contraste con otras posiciones más integristas que he visto estos días. Yo puedo explicar mi actitud como autoridad estatal. Por ejemplo, voy a veces a ver procesiones como ciudadano. Pero, cuando me invitan a participar como juez con la vara oficial, nunca lo hago. Pienso que las instituciones estatales no deben participar en el propio acto religioso en un estado aconfesional. Tampoco voy a las ‘mascletades’ en Fallas en el balcón especial de la Plaza del Ayuntamiento cuando me invitan, porque creo que no debo aprovechar mi condición de juez como un privilegio. Pero, si decidiera acudir, sería algo muy distinto, porque se trata de un espacio institucional que no tiene carácter religioso. No me parece correcto que los órganos estatales participen como tales en actos de una confesión, porque eso rompe el principio de neutralidad religiosa. Por supuesto, como ciudadanos pueden hacer lo que quieran. Nuestra Constitución ampara la libertad religiosa y reconoce las creencias de las personas. Pero dice claramente que ninguna religión tiene carácter estatal. Poner a media asta una bandera oficial por motivos religiosos en los centros oficiales va mucho más allá de colaborar con una confesión. Es igual que poner crucifijos en las escuelas, lo cual fue anulado por los tribunales. Eso implica darle carácter oficial a una religión. Y la Constitución dice exactamente lo contrario.

El Ministerio de Justicia tramita la asignación del Ducado de Franco. No me consta que en Alemania las instituciones gestionen ningún ducado de Hitler. Parece que allí apuestan de verdad por una democracia sin vínculos con una dictadura criminal.

En España y otros países europeos se criminaliza a refugiados y extranjeros pobres (a los ricos no, por supuesto). Y ahora en Italia se ha retenido el barco de Proactiva Open Arms, tras rescatar a 58.924 personas. Salvar vidas no es delito, sino un ejemplo admirable de humanidad.

El conflicto catalán se agrava si no se impulsan medidas políticas y si todo se reduce a lo judicial. La sección catalana de Juezas y Jueces para la Democracia recuerda el carácter excepcional de la prisión provisional y las dudas sobre que exista rebelión.

Cifuentes dice que no hace público el trabajo de fin de máster para no hacer el juego a la oposición. Pero su responsabilidad es con el conjunto de la sociedad, que tiene derecho a saber si un cargo público actúa con ética, ejemplaridad y sin incurrir en prácticas corruptas.

Cuando un Gobierno utiliza el dolor de unas víctimas e ignora al resto, no defiende el bien común, sino que busca intereses electorales. ¿Por qué no se vuelca también con las víctimas de violencia de género, de accidentes de tráfico, del Yak 42, del Alvia o del Metro de Valencia?

En mis juicios de familia veo a menudo que los abuelos ayudan con su exigua pensión a hijos y nietos en situación de precariedad. Recortar el poder adquisitivo de los pensionistas supone asfixiar a muchísimas familias. Cada vez tenemos menos Estado social y más Estado penal.

Rajoy asegura en el Congreso que respeta la labor de los jueces. Lo dice tras las injerencias del Gobierno, tras dejar sin medios adecuados a los juzgados y tras amarrar políticamente la mayoría de cargos en la cúpula judicial del CGPJ. Pronto dirá que nunca ha existido corrupción.

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Luis Sánchez

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