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Juan Antonio Corbalán: “Si hubiéramos jugado cien veces la final de Los Ángeles hubiéramos perdido las cien”

Juan Antonio Corbalán, exjugador del Real Madrid y de la selección española de baloncesto.

Por José Antequera / Foto: UIMP. Viernes, 20 de abril de 2018

 Entrevista

Varias generaciones aprendieron lo que era el baloncesto viéndolo jugar en aquella televisión en blanco y negro con interferencias. Su inteligencia y su visión de juego quirúrgica, su forma elegante de botar el balón, su manera imperial de dirigir al equipo, casi como un director de orquesta, hicieron de Juan Antonio Corbalán (Madrid, 1954) un jugador de leyenda. Hoy el doctor Corbalán dirige una consulta de medicina deportiva en un ultramoderno hospital, donde ayuda a superar sus lesiones no solo a los profesionales de elite sino a los aficionados de todos los deportes. Sin duda fue uno de aquellos pioneros que llevaron el baloncesto español desde la intrascendencia de los años setenta hasta la plata olímpica de Los Ángeles en el 84, aquel partido mítico contra los americanos de Michael Jordan que nunca podremos olvidar. “Soy muy desmitificador de las situaciones, cuando he jugado un partido no le he pedido autógrafos a nadie, y tampoco suelo ver vídeos de mis partidos. Me regalaron uno de cuando ganamos a los norteamericanos en el Mundial de Colombia y ni siquiera sé dónde está”, asegura sin la menor nostalgia del pasado. Si hoy existen los Gasol, Navarro, Reyes, Rudy y Ricky es gracias a la generación gloriosa de Corbalán, a los Solozábal, Llorente, Margall, Epi, Iturriaga, Beirán, Jiménez, Arcega, Fernando Martín, Fernando Romay y Juan Domingo De la Cruz, nombres legendarios del deporte que un día liberaron a los españoles del complejo de “bajitos de Europa” y les dieron por fin el fuego de la victoria.

¿Cómo te enganchaste al baloncesto?

Pues como todos los chavales de aquellos años sesenta empecé a jugar al fútbol y cuando tenía nueve o diez añitos se inventó un baloncesto para niños que se llamaba minibasket y el colegio nos invitó a unos cuantos inquietos por el deporte que estábamos un día pegando patadas a un balón y nos dijeron: ¿A quién le gustaría formar parte de un equipo de baloncesto? Y así fue como unos cuantos nos apuntamos, y nos apuntamos con tan buena aplicación que quedamos campeones de Madrid. A partir de ahí, de ese campeonato, hicimos un equipo de chavales realmente buenos, y dos años después quedamos campeones de infantiles jugando contra clubes como el Real Madrid y Estudiantes. Ya sabes que se cambiaba de categoría cada dos años y más tarde quedamos campeones de juveniles, fuimos a los campeonatos de España y el equipo cogió una tradición y un nivel de baloncesto altísimo que nos permitía competir con los mejores clubes, ya te digo, como el Madrid, Estudiantes, Vallehermoso, Canoe e incluso ganarles en aquellos años. Más tarde destaqué y me fueron llevando a concentraciones nacionales de niños que lo hacíamos bien y así fue como empecé yo y cómo metí la cabeza en esto del baloncesto.

Pero en aquellos años no era como ahora, no había tanto deporte en televisión, no se movía tanto dinero alrededor de los clubes y jugadores. Los que practicabais baloncesto y no fútbol debíais ser como una especie de minoría…

Sí, es cierto, era un deporte de minorías, pero seguía siendo el segundo deporte después del fútbol, un deporte muy de colegio y que me permitía hacer mi vida de niño, de colegial, estudiar, y al mismo tiempo practicar un deporte a un altísimo nivel, el mejor nivel que había para esa edad. Aquello me permitió, desde los diez años, jugar campeonatos nacionales, ser campeón de España en infantiles, en juveniles, en definitiva jugar contra grandes clubes. Quedar tan bien hizo que aquella generación fuera prácticamente única en nuestro colegio.

Fue Lolo Sainz quien te llevó al Real cuando tenías 15 años, ¿cómo fue aquel momento?

Sí, así es, él era el entrenador del equipo juvenil e infantil del Real Madrid contra el que jugábamos nosotros. Como además le ganábamos, él vio que alguno de estos chavales teníamos posibilidades. Fichó a dos, José Miguel Peña y yo, y así fue como conocí a Lolo.

Un hombre que ha significado muchísimo para el baloncesto español…

Hombre, Lolo es un grande del baloncesto, primero porque reunió una gran calidad como jugador, fue profesional del Real Madrid y de la Selección Nacional, y luego como entrenador llegó a entrenar al Madrid y al Joventut de Badalona, fue seleccionador, es decir, ha pasado por todos los grandes puestos por los que se puede pasar en el mundo del baloncesto. Y para mí fue como un padre, lógicamente, porque él me enseñó realmente a jugar.

Prácticamente jugaste al baloncesto durante dos décadas, los setenta y los ochenta, pero fue en los ochenta donde se produjo ese boom, y los chavales se engancharon a ese deporte. ¿Qué factores contribuyeron a tu juicio al despegue del basket en España?

Bueno, se debe a que el país se abrió, habíamos estado gobernados por una dictadura hasta mediados de los setenta y nuestro equipo, de repente, fue mejorando. Ya teníamos un gran club como el Real Madrid que jugaba Copas de Europa y las ganaba, pero el baloncesto como deporte profesional conoció efectivamente un boom con el paso de los setenta a los ochenta. Eso hizo que muchos más niños, en mejores condiciones, pudieran practicar deporte en sus colegios y eso hizo que aumentara el nivel medio y por lo tanto aumentó también el nivel de nuestros mejores equipos. A partir del año ochenta, yo diría que un poco antes, en el 79, España como selección nacional ya estaba siempre entre los cuatro primeros equipos del mundo, de hecho fuimos cuartos en el europeo de Checoslovaquia, cuartos en el Mundial de Colombia, cuartos en los Juegos Olímpicos de Moscú y luego se dieron los dos años maravillosos en que quedamos medalla de plata en el europeo del 83 y plata en los Juegos Olímpicos del 84 en Los  Ángeles.

Imagino que también pudo influir el cambio de alimentación, los niños de la Transición empezaron a comer mejor, el nivel económico del país creció e hizo que los chavales se hicieran más altos, más fuertes, más dotados para el baloncesto. ¿Quizá ese factor biológico, ambiental, nos hizo competir mejor?

Sin ninguna duda, como te decía al principio España salía de cuarenta años de aislamiento y de repente nuestra generación de niños fue la primera que empezó a comer bien desde la guerra civil. Lógicamente todo eso se fue uniformizando poco a poco con el resto de Europa. Al comer mejor la talla media fue aumentando claramente. La proteína era algo casi desconocido en la España de la posguerra y nuestra población, nuestras nuevas ideas, la modernidad del país, fue poco a poco homologándonos con el resto de Europa. Eso, sin ninguna duda, tuvo que tener su efecto.

Dejamos de ser los bajitos de Europa…

Sí, nunca fuimos los más altos, crecíamos más que la media porque partíamos de muy abajo, pero el resto de los países seguían creciendo. Ahora mismo, si hiciéramos una valoración de la talla media, posiblemente todos los países del norte de Europa seguirían teniendo una estatura más alta que nosotros. Pero bueno, en la vida no todo es tamaño ni todo es altura, afortunadamente.

Y luego llegaron los primeros americanos, Wayne Brabender, por ejemplo, Walter Szczerbiak, que enseñaron los fundamentos técnicos a los jugadores españoles…

Sin duda, yo creo que el baloncesto español ya estaba abierto a esos jugadores de fuera, no solamente con Brabender, sino que antes estuvo Clifford Luyk, y con él llegaron otros, Miles Aiken, Timothy Muller… Ya habían venido grandes jugadores americanos a España, pero es verdad que a partir de que nuestro país se modernizó, se abrió, tanto Madrid como Barcelona y Joventut se pusieron al nivel de competir de tú a tú contra los grandes equipos italianos y soviéticos. Eso tuvo mucho que ver con la entrada de jugadores, que si bien no nos trajeron grandes estrategias, ni grandes novedades desde el punto de vista de la preparación, sí nos permitió a los jugadores compararnos con ellos, jugar junto a jugadores que eran mejores que nosotros y aprender mucho de todos ellos. Sin ninguna duda los que tú has dicho y los anteriores que vinieron fueron figuras que permitieron ese despegue de nuestro baloncesto.

Fueron fundamentales hasta el punto de que el récord de Walter de 65 puntos en un solo partido, ante el Breogán (140-48), sigue todavía vigente…

Sí (ríe)… Es difícil que se supere y mucho más con el estilo de juego que hay ahora. Hoy a los jugadores los cambian muchísimo y es difícil que estén en la pista más de treinta minutos. En nuestra época era al contrario, la tendencia era que los buenos, los que jugaban bien, jugaran todo el tiempo del mundo. Seguramente si a los de nuestra generación, en lugar de contarnos los partidos jugados nos contaran los minutos jugados puede que duplicáramos a los jugadores de ahora.

Aquellos torneos internacionales de Navidad del Real Madrid en blanco y negro también ayudaron mucho a la expansión del baloncesto. En algún partido incluso le plantasteis cara a la poderosísima Unión Soviética…

Sí, y les llegamos a ganar. Para empezar hay que hablar del torneo, que representaba el mejor torneo privado que se ha hecho y se hará en el mundo. Si quitamos a la NBA, será imposible reunir unos equipos no NBA como los que venían a Madrid. Efectivamente el torneo de Navidad reunía, primero a los mejores equipos en unas fechas en las que prácticamente el deporte mundial estaba parado y claro, era como una ventana abierta en un momento en que el baloncesto se paralizaba. Todo el mundo lo conocía, todos los equipos del mundo querían venir invitados, venían equipos de altísimo nivel, entre ellos las mejores universidades americanas, y vinieron selecciones nacionales como la Unión Soviética, Yugoslavia, México, Puerto Rico, Australia, es decir, vinieron los mejores de todos los continentes, y además nosotros teníamos un grandísimo equipo y a todos ellos les pudimos ganar, no siempre, pero en alguna ocasión les pudimos ganar. Efectivamente…

Hay nombres míticos que resuenan como el de Fernando Romay; su llegada fue todo un acontecimiento porque hasta ese momento los pívots españoles apenas superaban los dos metros y había un tal Tkachenko que era gigantesco y que asustaba… Romay fue el primero que le plantó cara…

Yo escribí un libro hace unos cinco años en el que ya decía que efectivamente Fernandito Romay puede que no fuese el mejor jugador del país, pero sí es verdad lo que tú comentas, que a nosotros nos ayudó a tener el primer jugador en España que podía mirar directamente a los ojos a todos los grandes pívots que teníamos siempre enfrente. España no jugaba peor que otros equipos, pero teníamos un conjunto todavía muy bajito. Nuestros pívots podían medir 2,06 o 2,07, y la Unión Soviética tenía tres jugadores por encima de los 2,15.  Era muy difícil jugar contra equipos que tenían jugadores tan especialmente altos. El hecho de que apareciera un Romay en España fue importante. No teníamos muchos tan altos como él, pero ya teniendo uno nos acostumbramos a dar la lata suficiente para que en determinados momentos, si ellos no lo hacían muy bien, y nosotros teníamos el mejor día, pues les pudiéramos ganar, como así ocurrió en las ocasiones en que triunfamos a nivel internacional con la selección. No así con el Real Madrid, donde teníamos a nuestros jugadores americanos que nos ayudaban muchísimo, pero sí, Fernando Romay fue un jugador clave en el despertar del éxito que tuvimos en los años ochenta.

Y luego llega ese momento cumbre con la selección española, la plata de Los Ángeles 84. Hicisteis un torneo de ensueño. ¿Pensabais llegar tan lejos u os conformabais con hacer un buen papel?

Mira, yo era el capitán de aquel equipo desde hacía unos dos o tres años. España estaba llamando a la puerta de las grandes naciones a nivel mundial. Como te comentaba antes, habíamos quedado cuartos en los Juegos Olímpicos previos de Moscú, cuartos en un Mundial, llevábamos siendo cuartos en campeonatos europeos y en el último llegamos a la final contra Italia, que era casi más difícil que unos juegos, si quitabas a Estados Unidos. Lo nuestro no era una casualidad, pero efectivamente en los juegos de Los Ángeles hicimos esa machada, digamos, de poder ganar a un equipo como Yugoslavia (en el europeo anterior habíamos ganado a la Unión Soviética), y realmente conseguimos un exitazo que realmente no tenía parangón. Tengo que decirte que nosotros fuimos los inventores del paso a paso, de ese partido a partido que ahora le han apuntado a Simeone. Nosotros ya lo decíamos casi treinta y cinco años antes que él, pero a nosotros nos venía muy bien saber que éramos un equipo pequeño, que estábamos obligados a hacer las cosas muy bien para poder estar entre los grandes. Y eso lo aprendimos, aprendimos a poner mucho interés en cada partido y eso nos dio mucha regularidad. Éramos un equipo que jugaba un baloncesto muy bueno, con pocos errores, y eso nos dio aquel exitazo. La verdad es que fue algo que nadie podía pensar pero que nosotros intuíamos que podía pasar. De hecho, en aquellos juegos sabíamos que teníamos nuestras posibilidades pero ganamos muchos partidos de forma muy apurada, como el que jugamos contra Canadá, que ganamos de pocos puntos. Y el propio partido contra Yugoslavia. Es decir, que hubo muchos enfrentamientos que igual que los ganamos los pudimos perder pero ya España era un equipo maduro que podía plantarle cara a cualquiera y que en un magnífico día nuestro podía ganar a las grandísimas potencias.

Así que os plantáis en la final contra los americanos. Aquello fue un hito en la historia del deporte español. Las 4 de la madrugada de un 10 de agosto y millones de personas delante de la tele para ver el partido. Fue algo increíble…

Los Juegos Olímpicos los ven miles de millones de espectadores y a nosotros puede que no nos vieran los australianos, lógicamente, pero también jugamos contra Australia y los eliminamos. Por tanto, cada partido nos veían los españoles y los del otro país contra el que jugábamos más aquellos otros aficionados al baloncesto que pudiera haber por todo el mundo. El equipo español realmente se hizo muy grande en aquellos años, entre el 82 y el 84. En el Mundial del 82 ganamos a Estados Unidos, en el 83 ganamos a la URSS en el europeo y en el 84 ganamos a Yugoslavia. Cuando en tres años consecutivos ganas a los tres grandes equipos del planeta no es casualidad. Por eso ya éramos un equipo grande.

Os metéis en la final y aparecen en la pista un tal Michael Jordan, Perkins, Ewing… Menudos miuras, imposible ganar a aquel Dream Team… ¿Qué pensaste cuando saltaste a la pista?

Pues piensas que estás jugando contra un equipo que es claramente superior a ti. Yo estoy convencido de que de cien partidos que hubiéramos jugado contra los americanos nos hubieran ganado los cien, porque aquella gente formaba una selección NBA, recién fichados todos, aunque estaban en el último año amateur, universitario. Pero ya todos acudieron a esos juegos siendo jugadores fichados por equipos de la NBA y en plenitud. Eran todos jóvenes de 23 años, pero ya maduros en todo, y eso sucedió, que nos ganaron claramente en los dos partidos que jugamos, tanto en la fase de grupos como en la final.

¿Recuerdas alguna anécdota con Jordan, por ejemplo, te dijo algo?

No, yo soy muy desmitificador de las situaciones, cuando he jugado un partido no le he pedido autógrafos a nadie…

Ya imagino, pero algún lance del juego con él, te miraba con displicencia…

No, no, nada de eso, eran todos jugadores muy correctos, jugué contra ellos encantado de la vida porque era la final, pero jugué con la misma preocupación, la misma intensidad y el mismo respeto que jugué contra Australia o contra Uruguay o Canadá. Una de las cosas bonitas que tiene el deporte es saber que por el hecho de que juegues contra alguien mejor que tú no te hace ser un esclavo ni el hecho de jugar contra un equipo peor te hace ser el mejor del mundo. Aquel equipo fue respetuoso, jugamos con una dignidad enorme contra cualquier equipo que tuviéramos delante. Y eso fue lo que hicieron ellos, tenían jugadores mejores que nosotros y perdimos con la mayor dignidad posible.

¿Es ese el partido que más veces has recordado o algún otro como una final de Copa de Europa con el Real Madrid?

Hombre no, yo creo que España no jugó su mejor partido en aquellos Juegos Olímpicos. España jugó bien el torneo, era un equipo maduro que sabía lo que hacía, pero por ejemplo jugamos mejor el preolímpico y en el europeo del año anterior… Bueno, he tenido muchos partidos y muy buenos, no podría decirte cuál fue el mejor para mí. Recuerdo cinco, seis, siete y hasta ocho o nueve partidos que los puedo tener más memorizados que aquel, pero afortunadamente fui de los jugadores que con el equipo nacional jugó muchos partidos y muy buenos.

¿Tienes costumbre de revisarlos, de ponértelos en vídeo?

No, no soy nada mitómano. Igual que te decía que no he pedido nunca autógrafos a ningún jugador tampoco me he recreado nunca con mis partidos. Algún vídeo me han regalado, como el partido que ganamos en Colombia a los Estados Unidos. Estaba en blanco y negro y se veía muy mal, con los sistemas de grabación que había entonces. Ahora mismo no sé ni dónde está. Nunca he visto un partido mío repetido.

Lo cierto es que la plata de Los Ángeles fue el gran punto de inflexión del baloncesto español y abrió el paso a otros, los Gasol, Navarro, Reyes, Rudy, Ricky, etc… Sin la plata de Los Ángeles no habríamos llegado tan lejos después.

No se puede entender el baloncesto español sin aquella plata porque fue la primera y porque fue la primera vez que el baloncesto español empezó a ser respetado internacionalmente a ese nivel. Pero sin embargo tuvieron que pasar casi veinte años para que eso se produjera. Quiero decir que después del año 84 España cayó en un bache enorme que duró diez, quince años, con alguna aparición en algún europeo. España vivió unos años malísimos después del 84. Yo ya me había retirado y vi cómo volvíamos a quedar séptimos, octavos, no nos clasificábamos para algunos torneos, quedamos décimos en Juegos Olímpicos, en fin que a la selección le costó volver a coger ese tono hasta que efectivamente a finales de los noventa, yo diría que a partir de los Juegos Olímpicos de Atenas, España volvió a coger el tono de nuevo. De hecho los juegos de Barcelona fueron un desastre terrible, fue la vez que peor he visto jugar a la selección nacional y sin embargo estaban todos los grandes jugadores que teníamos hasta ese momento.

¿Qué crees que pasó, por qué no se hizo bien aquella transición?

Los equipos se hacen mayores, la gente piensa que cuando hay un buen equipo es eterno y no, los jugadores empezaban a tener cerca de treinta añitos, todo eso se va notando, y además un país como el nuestro podía tener apenas diez jugadores de categoría internacional, no más. En aquellos años empezamos a jugar un poquito peor, podíamos ganar a cualquiera pero a España también la podía ganar cualquiera.

¿Qué diferencias encuentras entre el baloncesto que se hacía en los setenta y el que se practica hoy?

El de hoy es un baloncesto más profesional, más vistoso, más espectacular, los jugadores son más completos, más polivalentes. En nuestra época podíamos ser igual de buenos pero los bases éramos bases, los aleros eran aleros y los pívots eran pívots. Y ahora te encuentras jugadores que independientemente del puesto que ocupen son capaces de desarrollar habilidades de todoterreno, más de cualquier sitio del campo, mientras que en nuestra época éramos jugadores un poco más especialistas. Nos marcaba el tipo de baloncesto que se jugaba.

El de ahora parece mucho más poderoso y fuerte. Las carencias físicas vosotros las resolvíais con ingenio, técnica y habilidad…

Bueno, yo en eso no coincido con lo que opinan algunos, nuestro equipo era igual de fuerte que el que pueda haber ahora. Yo no me considero menos fuerte que cualquiera de los bases que ha habido y de los bases que tuve a mi lado como José Llorente o como Nacho Solozábal, que eran jugadores fortísimos. Y no creo que Fernando Martín fuera menos fuerte que los pívots que hay ahora. La fuerza es una cosa importante, pero la fuerza no gana los partidos por sí sola. Para jugar un partido de baloncesto y ganarlo tienes que saber jugar al baloncesto. Y nosotros sabíamos jugar al baloncesto porque éramos muy buenos y éramos muy fuertes.

Estamos en un momento complicado, se habla de que clubes históricos como Joventut pueden desaparecer…

Me da pena. Realmente no es que estemos en un momento difícil, el deporte en general está en un momento en que los cambios progresivos han hecho que mejore en muchas cosas y empeore en muchas otras. Ahora mismo el baloncesto se ha híper profesionalizado. Durante muchos años clubes de baloncesto que no pertenecían a clubes de fútbol como el Barcelona o el Real Madrid de alguna manera estaban protegidos por dinero público que les llegaba de las federaciones locales, de los ayuntamientos, de las comunidades autónomas. Los grandes recortes que hubo a partir de la crisis hicieron que muchos de estos equipos no tuvieran resortes económicos para seguir nutriéndose de jugadores. Y las canteras, que antes eran muy diferenciadoras de unos equipos y otros, se fueron haciendo más o menos uniformes. Además, hay mucha gente que ya piensa que en este baloncesto súper profesional es más rentable que sean otros los que formen jugadores para que tú, que eres súper profesional, los fiches. Yo creo que eso ocurrió en España a finales de los setenta, cuando muchas canteras históricas como por ejemplo Estudiantes o Joventut dejaron de dar grandísimos jugadores, o daban menos jugadores de los que habían dado hasta entonces, y ahora cualquier equipo profesional parece el mejor equipo del mundo porque lo importante es el dinero que tiene y los jugadores que puede fichar. Eso para mí es algo malo.

Y que se haya dejado de retransmitir partidos en abierto por televisión pública, ¿ha hecho que los espectadores pierdan interés, que se hayan desenganchado del baloncesto?

Yo personalmente creo que no, creo que el baloncesto dejó de retransmitirse porque no le interesaba a mucha gente. El baloncesto interesa a los que les gusta el deporte, es el segundo deporte del país, pero cuando ves las audiencias en España, quitando el fútbol, cualquier otro deporte lo ven veintidós. Los deportes se profesionalizan. Para mantener presupuestos altos necesitan derechos de televisión y estos derechos dependen de la cantidad de gente que los ve. Desafortunadamente, como te digo, a pesar de que parezca que el baloncesto lo ve mucha gente lo ve muy poca gente. Sin embargo, en España las televisiones pujan porque es una competición bonita, pero en realidad no es una competición que pueda permitir dar unos recursos económicos enormes a todos los equipos que participan en las ligas. Solo el Real Madrid y el Barcelona, que tienen ingresos que provienen de equipos de fútbol, y algunos equipos que tienen buenas empresas detrás, como el Valencia o algunos que tienen una gran protección institucional, como los equipos vascos por ejemplo, son capaces de asomar un poco más la cabeza, pero sabiendo que tienen menos posibilidades y que es prácticamente imposible que desbanquen a los dos grandes.

¿Te sigues entrenando, sigues tirando a canasta?

Sí, sí, no todos los días, pero sí tiro a canasta con alguna frecuencia, entreno, lo que pasa es que ya no juego al baloncesto porque para hacerlo tienes que estar en muy buena condición física. Jugar sin estar en plenitud es muy peligroso porque puedes tener lesiones muy graves. Hago ejercicios de tiro y tengo familiaridad con el balón y con la canasta pero ya prefiero dedicar mis capacidades a caminar, a correr un poco, a hacer bicicleta, algo de gimnasio, en fin, a otras cosas que son más adecuadas para la edad que vamos teniendo.

¿Y sigues manteniendo relación con otros compañeros de aquel Real Madrid de los ochenta?

Sí, nos vemos mucho, tenemos una asociación que es muy activa, nos reunimos de vez en cuando para hacer cenas y celebrar cosas y además con un grupo de antiguos jugadores nos reunimos para entrenar. Tenemos planes todos los días, no siempre podemos ir, como hoy por ejemplo, que no he podido salir de la consulta, pero en fin, tenemos huecos para hacer la actividad física y mantenernos lo más en forma que podemos.

Diriges la Unidad de Medicina y Ciencias de la Actividad Física en la clínica Vithas Internacional. Un gran proyecto que demuestra que la medicina deportiva en España por fin se toma en serio…

Sí, es verdad que determinados grupos como Vithas Internacional han apostado por hacer una medicina que, como era mi teoría, no fuera solo una medicina para deportistas profesionales. Cada vez hay más auge de la práctica deportiva, cada vez hay más enfermos que pueden practicar un deporte adaptado a sus capacidades y lo que hace nuestra unidad de medicina deportiva es eso: una medicina bidireccional. Cuidamos de los deportistas, cuidamos de los aficionados que buscan cierta excelencia y cuidamos de aquellos enfermos que con determinadas patologías pueden beneficiarse de una buena pauta de actividad deportiva.

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