Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Javier Montón, Número 96, Opinión
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El fin de la inocencia

Por Javier Montón / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Viernes, 6 de abril de 2018

@jjmonton

Trabajé muchos años en un periódico local en el que la redacción, ya veterana, había alcanzado un grado de confianza tan estrecho con su lugar de trabajo que era esa relación la que permitía que el medio saliera a la calle cada día. La clave de su supervivencia no era el empeño de sus empleados, jefes y capataces. No. La motivación para que el periódico no faltase a su encuentro con los lectores de lunes a domingo y vuelta a empezar era su propia consciencia de saberse diario. La principal obligación de un diario es salir cada día, ¿cuál si no? El periódico lo interiorizó de tal manera que, cuando la hora de cierre se abalanzaba sobre nosotros y se intuía el desastre, la experiencia de tantos años salvando obstáculos conseguía el milagro y los quioscos abrían de buena mañana con un nuevo ejemplar en sus mostradores. La calidad del contenido ya es harina de otro costal, y a veces menuda harina y vaya costal. Suelo creer que es esa inercia la que permite a este país continuar abierto, aunque más salvo que sano, sobrevivir a tanto delincuente trajeado y amanecer cada jornada como si nada hubiese pasado el día anterior. De salud, regular, pero vamos tirando, que diría aquel. ¿El perro muerde? Sí, pero luego suelta.

Hay quien, en cambio, cree que España, ese gran país cuyos habitantes son muy españoles, en antológica definición del filósofo titular de Pontevedra, progresa adecuadamente al calor de unos gobernantes consagrados a la búsqueda del bien común, de unos empresarios que, además de perseguir beneficios, ansían crear un tejido económico fuerte y de unos ciudadanos maduros, orgullosos de su pasado y dispuestos a apretarse el cinturón para que las generaciones venideras tengan una vida más llevadera que la que les ha tocado a ellos. Bien, puestos a pensar, también hay gente que piensa que la Universidad es ese centro del saber en el que todos son iguales y solo se premian el esfuerzo y la inteligencia. Que los másteres, además de pagarlos, hay que trabajarlos y que las manos interesadas de la política no traspasan las puertas de la facultad. Que la firma tiene un valor y que hace falta mucho valor para mantener lo firmado. Que el rector es un catedrático insumiso al poder de quien alimenta económicamente su centro y ajeno a los enguajes de reparto de cargos. Que si te han pillado con las manos en la masa, la culpa la tendrás tú y no la masa.

Cuando era joven, yo era de esos. Y no solamente: también estaba convencido de que Milli Vanilli cantaban, que el Balón de Oro era en verdad de oro y que Bruce Springsteen se duchaba a diario. Por creer, incluso creía que tres de cada cuatro senadores no habían fallecido en su escaño, que lo de Rocco Siffredi era una prótesis y que Renfe rotulaba sus carteles en valenciano y no en una lengua inventada. Hace tiempo que se me pasó.

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

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