Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 97, Opinión
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Cambio de paradigma

Por Luis Sánchez. Viernes, 20 de abril de 2018

Luis Sánchez

Respira; pero sin que se enfade el aire. Sereno, suave y profundo… Así entra y sale, de ti y de mí. Ahora, mira a aquel señor que camina ajeno al mundo: con la grasita que le sobra, comería toda la semana un niño de Sierra Leona. Esto último –aunque con otras palabras– ya lo expresó el Mahatma Gandhi.

Acabo de leer dos libros de divulgación científica: El Tao de la Física (1975), de Fritjof Capra, y El campo (2002), de Lynne McTaggart, los dos publicados por la Editorial Sirio, de Málaga. Y ambos (el segundo, más ameno que el primero, que resulta reiterativo) caen dentro de lo que se entiende por pensamiento de la New Age (Nueva Era). Queda claro que se está produciendo un cambio de paradigma, de modelo de conocimiento. Pero lo que de verdad me preocupa de todo este batiburrillo –”borriquito como tú, tururú”– es la beatería fina, que se traduce en:

–La defensa de una nueva escolástica (¡una y no más, santo Tomás!): a partir de “los paralelismos entre la física moderna y el misticismo oriental” (panorama heterogéneo; pero no monoteísta), se busca la conciliación de fe y razón, la unión entre religión y ciencia, abogando por una visión unificada del mundo. ¿Pensamiento único? ¡Qué horror!

–La afirmación de que en el principio evolutivo hay inteligencia (no es un proceso ciego, aleatorio o caótico). Aun admitiendo eso, habremos de distinguir entre inteligencia (orden, coherencia) y bondad (amor). No es lo mismo. Ya le corregía Platón (en el siglo V a. de C.) a su maestro Sócrates, cuando declaraba que uno puede ser muy inteligente y, al mismo tiempo, muy malo.

–La validez del principio teleológico (todo el devenir queda supeditado a la causa final, o sea, a Dios). Pero este principio es fruto de la fe (en la Providencia divina) y no de la ciencia; es más una creencia que una razón. De nuevo, Platón: diferencia entre doxa y episteme.

Y dicho esto, en biología sabemos ya, sobre todo desde que se completó el genoma humano, que lo importante no es la morfología (el gen aislado), sino la sintaxis (la relación entre los genes); más allá de una tentación determinista, hay que añadir la Epigenética (factores externos que activan o no los genes), lo que vuelve todo más complicado de lo que parecía al principio. Y eso, por no hablar de la conexión entre el sistema nervioso, el endocrino y el inmunológico.

Un paso más. Como bien sabemos por la física cuántica, en el nivel subatómico ya no podemos hablar de porción microminúscula de materia (electrón), pues se nos escapa de los parámetros convencionales. Todo es como una red de vibraciones, en la que todo está relacionado con todo, y no podemos hablar de partícula aislada, sino de flujo continuo de energía. Y, ¡ojo!, el observador forma parte del proceso de investigación, pues su mirada modifica el suceso, lo que vuelve todo muchísimo más complejo.

El auténtico místico no solo se funde con Dios (con lo Uno, con el Todo, o como lo quieras llamar), se funde con la Humanidad entera; de lo contrario, su experiencia queda huérfana, pues escapa a su relación con el mundo (implicación y responsabilidad).

Cuánto echo en falta una espiritualidad laica (pensamiento holístico, crecimiento interior, mayor grado de conciencia…) que no destierre a la muerte, que disuelva ese individualismo ensimismado (mi pantalla y yo, en un bucle consumista) y potencie el tejido social (relaciones de proximidad, remunicipalización), para que prevalezca el bien común: todo depende de lo que hagamos entre todos (sinergia).

Si el conocimiento científico proporciona más beneficio privado que bienestar social, entonces ¿para qué, tanto espíritu santo? Dentro de nada, la nube de datos será como Dios.

Las cosas están cambiando. Solo un ejemplo: Holanda, sin ir más lejos, está apostando por otro modelo: la economía circular, que se basa en las siete erres: repensar, rediseñar, reutilizar, reparar, remanufacturar, reciclar y recuperar. Pues… ¡bienvenida sea!, que no, Bienvenida Pérez. En fin, ¡alabado sea el Señor… consejero delegado!

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2 Kommentare

  1. juan Carlos sanchis dicen

    Enhorabuena por la reflexión gráfica, y por la redación. De lectura obligatoria. Al tanto con el New Age.

  2. Roberto Hidalgo dicen

    La R de retrógrado también puede integrarse, en el sentido de la comprensión interior o interna del momento. Pudiera acompañar al “repensar”.

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