El Petardo, Humor Gráfico, Número 94, Opinión, Xavier Latorre
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Un juego muy lucrativo

Por Xavier Latorre / Viñeta:  El Petardo. Viernes, 9 de marzo de 2018

Mi hijo Paco, el pequeño, es un crack de las últimas tecnologías. El otro día se bajó un juego pirata por Internet y se puso a competir como un poseso con un amigo que repostaba Coca-cola en mi casa. A mi hijo digital no le preguntes si es de día o de noche, si hace mucho sol o si hay alguien más que él transitando por la acera. Es un adicto a sus múltiples pantallas: solo está ocurriendo lo que puede ser pixelado, capturado o descargado.

Paco aquella noche no quiso cenar y eso que había preparado su comida favorita: una lasaña precocinada en un envase apto para microondas. Son de esas comidas prefabricadas que apenas ensucian un tenedor como mucho. Tengo amigos que me recuerdan que algunos envoltorios de alimentos son más caros que el propio contenido del recipiente.

Comencé a preocuparme cuando comprobé que pasaba olímpicamente de su plato preferido de pasta; el chaval estaba más absorto que de costumbre en sus rituales electrónicos, algo parecido a los indígenas de una tribu africana cuando entran en trance al ver girar alrededor del fuego purificador al hechicero, con el rostro afeado por una máscara terrorífica. Mi niño ya crecidito no cesaba de echar partidas con su colega Álvaro, su amiguito del alma, el otro adolescente plegado a los designios de una tableta luminosa.

La curiosidad se apoderó de mí. Les pregunté, como siempre varias veces y a grito pelado, que a qué estaban jugando. Mi hijo, con gesto contrariado, me dijo que al juego de los sobres. ¿Y eso de qué trata, jovencito?, le espeté intrigado y un poco harto de respuestas esquivas y sucintas. Mira papá, es un juego muy real, exclamó tras poner en pausa su artilugio. Álvaro y yo somos dos políticos corruptos que hacemos adjudicaciones de obra pública, que aprobamos concesiones de servicios públicos millonarios y que damos contratas a empresas amigas, me repuso de forma condescendiente. Y luego de cerrar esos negocios vamos recogiendo los sobres con los bonus, o sea, con el dinero negro que nos dan por esos favores; en una palabra vamos amasando unas suculentas comisiones. Gana el que consigue recaudar más pasta e ingresarla en cuentas domiciliadas en paraísos fiscales. Es la caña, papá. ¡Joder! ¡Estáis jugando a los corruptos!, añadí yo sobreexcitado. Parecéis unos valencianos ilustres y sus compinches que gobernaron aquello la tira de años. ¡Qué original!

Desde ese día creo que mi hijo, aunque no vaya bien del todo en los estudios, puede llegar a ser un hombre de provecho. Está siendo adiestrado por las nuevas tecnologías y los videojuegos en el difícil arte de la rapiña y del saqueo de fondos públicos. El chico tiene madera. Ya me puedo jubilar tranquilo. Con sus mordidas podrán vivir él, su familia y tres o cuatro generaciones de descendientes míos. Oye Paco, ¿y si me enseñas un poco no podría jugar con vosotros online un rato? El fútbol ya me aburre. Podría hacer de testaferro, de chico para todo. Eso de pillar sobres esparcidos por ahí me mola. Imposible papá: te irías enseguida de la lengua, nos destaparías la trama, tienes pinta de arrepentido. Hay que tener mucho estómago para manejarse en estas situaciones y tú eres muy apocado, un don nadie.

Me dejó chafado. Estaba visto que me tocaría ver solo el partido siguiente. Jugaba el Valencia. ¡Cariño, para cenar os pediré una pizza, si os parece bien!… Le puedes decir a Álvaro que se puede quedar a dormir… Recuérdame que el finde que te toque de nuevo en casa te suba la paga semanal. Creo, aunque no lo pueda asegurar, que esto último, pese a los auriculares, sí lo oyó perfectamente.

Para que luego digan que los jóvenes de hoy en día pasan de la política.

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@petardohuelva

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