Aitana Castaño, El Petardo, Humor Gráfico, Número 94, Opinión
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¡Que viva la revolución feminista!

Por Aitana Castaño / Viñeta: El Petardo. Viernes, 9 de marzo de 2018

@Sairutsa

Una que nunca creyó que iba a trabajar en la tele pública, y que por lo tanto tampoco creyó que iba a ser servicio mínimo de nada en su vida. Una que tiene una madre que cierra la cocina de su restaurante, y una tía que hoy no da clases, y una hermana en Portugal buscando a la desesperada el lugar de la mani en Lisboa del 8M. Una que tiene una jefa con tanta conciencia social que ni ella sabe y que hoy no va a currar, y que tiene una conocida ganadera que ayer le dijo “tengo que ordeñar igual, porque les vaques no esperen, pero no será igual”, y que tiene una amiga que hoy no puede faltar a una cita ineludible de trabajo en Madrid porque, claro, la organizaron tíos, pero a ella le da igual porque viste de morado y no dejará pasar la oportunidad de ponerlos a todos colorados. Una que esta semana escuchó por enésima vez en la vida: “Yo prefiero trabajar con tíos porque las tías somos peores entre nosotras” y no abofeteó a la interlocutora porque está madurando como mujer y además la lucha feminista es pacífica. Una que lleva fatal esto de ser servicio mínimo (de los cojones) pero que va a usarlo para dar voz, altavoz y luz a este hermoso día les desea feliz y reivindicativo y muy feliz 8 de marzo. Estoy muy orgullosa de vosotras, mis “otras”, y también de vosotros, los hombres que no tenéis ni idea de si hacéis bien esto del feminismo pero que al menos lo intentáis. Y una que esta semana ha sentido el calor y la emoción de pertenecer a un gremio con tanta mujer concienciada.

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–Isabelina, hija, ponme medio kilo más de fabes que tengo que cocinar pa dos días.

–Meca, Manolina, ¿entós? ¡Qué raro pa ti que repitas dos días menú!

–Es que mañana hago huelga, ne.

Sonrío y Manolina me mira.

–Ya sé lo que piensas, mi hija me dice lo mismo, que eso no es  huelga ni es nada. Pero ¡qué quies! Bastante tendré el viernes con fregar la cocina…

Vuelvo a sonreír y le doy un golpe cariñoso a Manolina en el hombro.

–Haces bien, Manolina.

No podemos evitar que Manolina sea Manolina.

Ni que las abuelas sean abuelas.

Ni que las madres sean madres.

Ni que les muyeres sean muyeres.

Pero sí podemos evitar que Manolina tenga una pensión de mierda porque no cotizó ni un solo día de 55 años cuidando en casa de una madre, dos suegros, un marido, tres hijos y cinco nietos.

Podemos evitar que Isabel, la de la frutería, tenga un contrato precario y no pueda aspirar a encargada del súper porque, pese a que en su centro trabajan 3 hombres y 17 muyeres, nunca en 15 años que lleva allí vio que medrara una muyer para el puesto. Que su jefe dice que ellos tienen más mano y que además ellas siempre tienen algun hijo con fiebre que llevar al médico (sic).

Podemos evitar que la hija de Manolina, que es camarera, tenga que aguantar a un babayu que es su jefe a todas horas y que cuando pasa a su lado se restriega contra ella como si fuera un llimiaz que menudo asco le da a ella, tanto que no lo dice nunca, porque una vez lo dijo y la respuesta fue: “Pues apártate”.

Podemos evitar que la nieta pequeña de Manolina no pueda jugar a fútbol porque el entrenador dice que con 12 años ya tienen tetas (sic) y distrae a los neños del equipo.

Y podemos evitar muchas más cosas que iremos evitando, porque de eso, queridas, de eso trata el feminismo: De evitar discriminaciones por el hecho de ser mujer.

Y si revolución feminista fue que las mujeres pudiéramos votar, que las mujeres pudiéramos estudiar, que las mujeres pudiéramos abrir una cuenta bancaria sin necesidad de que un hombre nos diera permiso… ¡Pues que viva la revolución feminista!

Las mujeres paramos para que el mundo se mueva.

Y lo que nos queda.

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@petardohuelva

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