Artsenal, González de la Cuesta, Humor Gráfico, Número 95, Opinión
Deje un comentario

Pensiones

Por José Manuel González de la Cuesta / Viñeta: Artsenal. Viernes, 23 de marzo de 2018

González de la Cuesta

Definitivamente la derecha económica y patriótica ha pasado de las palabras a los hechos. Después de varias décadas intentando convencernos de las bondades de los planes de pensiones privados y amenazando con que no tienen futuro, porque no va a haber dinero, ha pasado a la destrucción del sistema público de pensiones por la vía directa, que no es otra que reducir los salarios para que coticemos menos, ergo cobremos menos pensión, y convertir la vida laboral de hombres y, sobre todo mujeres, en una montaña rusa que va  a hacer imposible que se tengan cotizados los años necesarios para disfrutar una pensión digna. Lo bueno es que hasta que llegó M. Rajoy y su Gobierno, que pasará a la historia como el destructor de la convivencia democrática en España, campeón de la desigualdad social y de género, todas las invectivas del capitalismo afín a la ultraliberal Sociedad Mont Pelerin y otros think tank  apóstoles del capitalismo salvaje iban dirigidas hacia las pensiones futuras, con el único fin de que los trabajadores/as suscribiéramos un plan de pensiones privado, una operación que suponen una de las mayores transferencias de dinero público a los bolsillos privados de las grandes corporaciones financieras del mundo.

Pero el afán depredador del gran capitalismo no tiene límites y tarde o temprano tenía que tocarle el turno a las pensiones actuales. Las excusas vuelven a ser peregrinas y  torticeras: Somos muchos y no hay dinero para pagar a tantos, que además viven más de la cuenta (ya saben ustedes: o nos morimos cuando al sistema le va bien o los años que vivamos de estrambote lo vamos a pasar mal). Blanco y en botella: No tienen intención de meter más dinero en la hucha de las pensiones. Otro sí: El dinero de la hucha de las pensiones no está en una cuenta, sino invertido en deuda. Hasta ahí todo bien, porque se le sacaba una rentabilidad. Otra cosa es que en el año 2016 los 15.000 millones de euros que quedaban se invirtieron en deuda pública española con intereses negativos. Es decir, mientras el Gobierno amnistiaba fiscalmente a todos los chorizos fiscales de este país, se gastaba el dinero del fondo de las pensiones, que es de todos los trabajadores, en financiar sus políticas de desigualdad, con pérdidas ya de entrada. Nos dicen que no hay dinero para pagar tanta pensión y que, en palabras de M. Rajoy, tenemos que ahorrar para costearnos las pensiones y la educación de nuestros hijos. No es una amenaza, está dicho por el presidente del Gobierno, y el mecanismo de más empobrecimiento y desigualdad ya está en marcha. ¿Pero realmente alguien se cree que no hay dinero para pagar las pensiones actuales y futuras? Desde luego, mientras la derecha liberal (PP, Ciudadanos y algún sector despistado del PSOE) siga gobernando, no lo habrá. Así de claro, hay que decirlo, para que luego no tengamos que rasgarnos las vestiduras. Pero dinero sí hay. Al final es una cuestión de cómo se reparten los gastos y el peso de los ingresos. Aquí está la cuestión. Aparte de que los corruptos devuelvan lo robado, que ya sería suficiente para restituir la hucha de las pensiones, que los ricos y las grandes empresas paguen impuestos; que se luche con decisión contra el fraude fiscal y se reorganice la fiscalidad del país para que todos paguemos según ganamos y tenemos. Aparte de esto y de otras muchas cosas, si el Gobierno, de verdad, quiere asegurar un sistema público de pensiones, debería empezar a mandar al Congreso leyes (aunque esto sea pedirle que nos traigan un trozo de la luna), que mejoren los ingresos de la Seguridad Social, que es donde está el problema y no en el gasto.

Hay muchas posibilidades: 1) Destopar las cotizaciones para que los salarios más altos paguen, algo que hoy no ocurre, por lo que se podría aumentar la cotización en más de 8.500 millones de euros al año. 2) Hacer que las empresas sin trabajadores, algunas con pingües beneficios, coticen a la Seguridad Social. 3) Aumentar los salarios, lo que tendría un doble efecto: mejorar la calidad de vida de los trabajadores/as y aumentar los ingresos para las pensiones. 4) Reponer la protección a los parados, para que desde los 52 años vuelvan a cotizar sobre bases dignas (es vergonzoso que el Servicio Público de Empleo Estatal haya tenido un superávit de 4.000 millones en los años 2016/2017). 5) Qué todo el dinero recaudado en cotizaciones vaya, única y exclusivamente, a pagar pensiones, y no a gastos extemporáneos que el Gobierno se saque de la manga. Seguro que hay más medidas con las que conseguir aumentar los ingresos, doctores tiene la Iglesia. Y si no, queda establecer un impuesto específico que garantice el cobro de unas pensiones dignas a presente y a futuro. Por último: está claro que mientras gobierne la derecha todo esto son brindis a sol.  Por ello, debemos mentalizarnos de dos cosas: 1) Es necesaria ya una movilización constante de la sociedad, con los pensionistas a la cabeza, que tenga como único objetivo la salvaguarda de las pensiones públicas y el aumento del poder adquisitivo de estas. 2) En nuestra mano: pensionistas, casi pensionistas, jóvenes, hombres, mujeres y trabajadores/as en general, tenemos la llave, y no es otra que sólo dar nuestro apoyo electoral a quienes se comprometan a que las pensiones vuelvan a ser un derecho que hemos costeado nosotros mismos para tener una vida digna y cómoda cuando nos jubilemos.

Posdata: Rajoy pide hoy en el Congreso un minuto de silencio por el asesinato del niño Gabriel. Está bien que la clase política se conmueva por un acto tan execrable que se ha convertido en un espectáculo televisivo en el que hemos podido ver lo mejor de la condición humana, la solidaridad, y lo peor: el odio irracional y la venganza utilizados por algunos políticos buitres para hacer propaganda de sus propuestas regresivas de derechos humanos. Pero si está bien la petición de M. Rajoy no es cortés que se olvide de Paz Fernández, asesinada y encontrada muerta en Asturias, o de Concepción Barbeira y Lorena Torre, desaparecidas en la misma región asturiana. Claro que estos no son casos mediáticos y poco pueden rascar políticos de miradas cortoplacistas que sólo tienen en la cabeza una caja registradora de votos. Luego hablan de populismos.

Parece que en Europa el cierre de filas de los poderes del Estado español para proteger contra viento y marea a la Corona, no cuela. El TEDH le ha dado un buen varapalo al cordón sanitario que envuelve a la monarquía para que sigan viviendo en los mundos de Yupi, poniendo la libertad de expresión por encima de los enfados de su majestad. Si al monarca y su guardia suiza no le gusta que le critiquen (injurias dicen los que hacen las leyes protectoras), lo mejor que puede hacer es donar la corona al Museo de Arqueología.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

@ARTSENALJH

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *