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Antonio Resines: “No estaba destinado a ser actor, pero lo fui”

El actor Antonio Resines. Foto: Portal GDA

Por José Antequera. Viernes, 9 de marzo de 2018

  Entrevista

Antonio Resines (Torrelavega, 1954) lleva el cine en las venas. Desde sus inicios, allá por los setenta, cuando se dedicaba a rodar cortos a destajo y a poner bocadillos de mortadela al personal del plató, hasta hoy, ha participado en más de cien películas. “No quiero decir que sea Laurence Olivier pero he hecho cosas que están bastante bien, otras que están bien y otras pues que no, o son simplemente lamentables”, asegura. El que fue el gran actor de comedia de los años ochenta en España, guarda un grato recuerdo de La buena estrella, la película que lo consagró para siempre con un papel dramático, demostrando así que dominaba todos los registros. “Probablemente si no el mejor uno de mis mejores papeles, así es. Me costó mucho hacerlo, porque no sabía muy bien por dónde tirar, pero tuve la gran ayuda de Ricardo Franco”, afirma. Hoy, superado un cáncer de colon, acaba de escribir su biografía, Pa’habernos matao. Memorias de un calvo, donde narra sus peripecias con otros genios del mundo del séptimo arte y de paso analiza la España de aquellos años. “Lo de calvo fue un vacile, como en España hay tantos calvos pensé que así a lo mejor compraban el libro”, bromea. Pese a la enfermedad, Resines sigue siendo cien por cien Resines, está en plena forma, con su vis cómica intacta y la misma forma taquicárdica de expresarse que desencadenaba las sonrisas en los cines. “En este país hemos pasado de lo dantesco a lo absurdo y estúpido”, se lamenta. Por cierto, el fiasco de La reina de España, la última película de Fernando Trueba que el actor ha rodado junto a Penélope Cruz, lo sigue atribuyendo sin duda a un oscuro boicot, una persecución orquestada desde los sectores más rancios y revanchistas del país.

¿Cómo surgió la idea de El funeral?

Creo entender que fue algo que empezó Manuel Velasco, el hijo de Concha Velasco. Él trabaja en muchos circuitos alternativos e hizo una cosa para el microteatro, una obra que trataba sobre una actriz que se quería despedir a lo grande. El caso es que lo vio su madre y le gustó, lo desarrolló y fueron a Jesús Cimarro, de Pentación Espectáculos, al que le gustó mucho. Yo con Concha Velasco tengo trato cuando nos vemos y este verano nos vimos… Bueno, al grano, que estaba presentando mi libro de memorias espléndido y maravilloso, Pa’habernos matao –una presentación cojonuda porque vinieron muchos amigos y conocidos– cuando en un momento se me acercaron Cimarro, Concha Velasco y Manuel, al que conocía a través de Ana, mi novia, que también había trabajado con Concha, y me dieron el guion de la función. Yo, como soy una persona muy educada, les dije: lo leeré. El caso es que me lo leí y estaba muy bien. Entonces pensé: hombre, una comedia con Concha, con el tirón que tiene ella, siendo una gamberrada y yo que puedo aportar algo, pues coño no está mal.  El caso es que me liaron, o me lie, y aquí estamos, a punto de estrenar. Ya sabes que estrenamos el día 16 de marzo en Valladolid, en el Teatro Calderón.

Y luego hacéis gira…

Bueno, gira no, la gira, tengo bolos hasta septiembre del 2019 de momento. Después de eso esperamos ir a cincuenta mil sitios por toda España. Vamos a Madrid el 4 de octubre, a la  Latina, y ahí estamos, ensayando como locos, ajustando cosas, ya está bastante avanzado, y vamos a ver si le gusta a la gente. A ver qué pasa…

Tengo entendido que la obra cuenta la historia de una actriz veterana que fallece y regresa del Más Allá para ajustar las cuentas con algunos personajes…

Así es, la historia de Lucrecia Conti, la actriz más importante del cine, del teatro y la televisión en España, que se ha muerto, y las autoridades le rinden un funeral, no de Estado, pero casi. La gente pasa a rendirle pleitesía, a darle el último adiós, y en un momento determinado, estando ella de cuerpo presente en el teatro, se aparece el fantasma de Lucrecia. Y hasta ahí puedo leer.

Quizá a algún actor de la vida real se le habrá pasado por la cabeza eso de regresar del otro barrio para ajustar las cuentas con alguien, no sé, con algún productor odioso, algún director o crítico impertinente… ¿Conoces algún caso?

Pudiera ser, aunque sospecho que no se le ha ocurrido a nadie porque no sabemos que alguien haya vuelto para contarlo… No, no, lo mejor es que vayan las cosas bien en vida. Si tienes algún contencioso con alguien arreglarlo y si no se puede pues mandarlo a tomar por culo y se acabó. Todo esto desde el cariño siempre, claro…

Trabajar con Concha Velasco debe ser es un plus añadido. Después de Reina Juana ha dado un recital tras otro por toda España pese a todo lo que lleva a sus espaldas. ¿Cómo la has visto?

Bueno, a ver, Concha tiene 78 años, no revelo ningún secreto porque ya lo dice ella, y lleva trabajando toda la vida. Hay que darse cuenta de que a los 19 ya era una estrella. En Las chicas de la Cruz Roja era una de las protagonistas y debía tener eso, 19 o 20 años. El caso es que lleva sesenta años en esto, es una barbaridad. Por unas o por otras siempre ha estado ahí, en cine, en teatro o en televisión. ¡Es que ha hecho de todo, hasta musicales! Y luego, al margen de que es una persona excelente, es una magnífica actriz, eso es lo mejor, y la ves cómo va avanzando en la preparación de la obra y que hace unas cosas con un dominio total. Yo me quedé asombrado cuando la vi este verano en una representación de la Reina Juana en el Teatro Jovellanos de Gijón, que estaba lleno, y eso que ese teatro tiene más de mil butacas. La función era un monólogo de una hora y cuarenta minutos y no haciendo ji, ji, ja, ja, sino hablando de historia de España, de los Reyes Católicos, etcétera… La verdad es que la función era estupenda, aunque a priori no era un tema para reírse un rato, sino una cosa muy seria. Hizo una interpretación magistral, con un dominio de todos los registros, por si tenía alguna duda, que no la tenía. Me quedé impresionado, y por eso le dije: adelante con los faroles. Claro, luego hay que estar al nivel. Hombre, lo bueno es que se trata de una comedia negra y comedia alguna he hecho. Entonces bueno… Pero lo pasamos muy bien porque nos reímos mucho, aparte de que trabajamos, claro. Ahora ya queda poco, queda saber qué piensa la gente de la historia y ver si se lo pasan bien porque al final, hasta que no lo ves con público, tú crees que está bien pero no sabes de verdad que está bien. Si no funcionan las cosas… en fin, que estoy muy contento.

Estáis ya con el gusanillo del estreno…

Sí, empezamos la semana que viene a hacer pases con público, gente más cercana, gente de la producción, y los que no saben de qué va. Después, la semana que viene en Valladolid, haremos dos o tres funciones antes del estreno oficial y a ver cómo reacciona la gente…

Hablemos de tu libro, Pa’habernos matao (memorias de un calvo). Tiene un título peculiar cuanto menos… ¿por qué decidiste escribirlo?

Pues muy rápidamente, me llamaron de Penguin Random House para hacerlo con el sello Suma de Letras. Gonzalo Albert, que es el editor, me propuso hacer una cosa parecida: El mundo según Resines. A la vez Ana, mi pareja, estaba haciendo una especie de diario sobre nuestras actividades y le propuse: oye, ¿por qué no unimos las dos ideas y hacemos una especie de biografía contada por mí? Hicimos una prueba, un primer capítulo sobre mi nacimiento y esas cosas, y les gustó. Firmamos un contrato y nos pusimos a ello, bueno, lo firmo yo, y aunque debajo de la portada pone con la colaboración de Ana Pérez-Lorente, realmente el libro lo ha escrito ella, menos los pies de foto, que creo que los puse yo. O sea, que hablábamos mucho y ella le iba dando forma. Lo que me gusta mucho del libro es que, aparte de que hay cosas entretenidas, divertidas y tal, se trataba de hacer una historia de mi vida y del cine español a través de mi visión o de lo que me ha pasado a mí en cada película. Y todo ello contado de una forma cariñosa que reflejase un poco la vida de este país desde los años cincuenta hasta aquí. Eso muy por encima, sin profundizar o con un toque de atención en alguna cosilla, y yo creo que lo hemos conseguido porque ella cogió muy bien el tono. Si digo que lo he escrito yo seguro que mucha gente no se lo creería porque seguro que piensan que no sé escribir ni la “o” con un canuto, pero sí parece que lo he escrito yo…

El libro está plagado de anécdotas con gente como Fernando Trueba, Colomo, José Luis Cuerda, ¿es también tu homenaje a todos esos amigos que te han ido acompañando en tu peripecia como actor?

Claro, se trataba de eso también. A la vez que cuento lo que estaba pasando en esa época histórica, porque hay acontecimientos que marcaron a este país, y las películas que se hicieron en ese momento, se trataba de hablar de los que estaban allí. La ventaja es que toda esa gente que conozco es gente de peso, creadores muy inteligentes, divertidos, gente que ha creado obras buenísimas, no solo en cine, también en televisión, y hablar de ellos era hacerles un pequeño homenaje.

Tu carrera está siendo muy extensa. En los setenta conociste a Fernando Trueba, creo que en la carrera de periodismo, y ahí es donde decidís hacer Ópera Prima

Bueno, no fue exactamente así. Se cerraron las escuelas de periodismo, de cine y publicidad, que eran como grados intermedios, e hicieron la facultad. Entramos en la especialidad de Audiovisual y ahí nos conocimos mucha gente, no solo Fernando Trueba y yo. Después de un tiempo Fernando se empeñó en hacer cine, era un auténtico fanático en el buen sentido. Yo tuve la suerte de ser su amigo y de otra gente que hacía cortometrajes y terminamos haciendo Ópera Prima, que fue un exitazo. La clave de todo es que la película rompió todas las previsiones y aquello nos permitió hacer cosas con más continuidad y en muchos campos, no solamente dirigiendo, produciendo y escribiendo, sino que en mi caso me tocó la parte de la interpretación. Podría haber sido otra historia totalmente distinta pero me tocó ser actor porque le hice gracia a alguno…

Alguna vez, en alguna entrevista, te escuché decir que Trueba tenía la vocación de director pero que tú no lo tenías tan claro lo del cine. Incluso has dicho que empezaste poniendo bocadillos de mortadela para la gente del rodaje. ¿No será coña, verdad?

No, no, eso es verdad…

No me digas…

A ver, hacíamos todos de todo, no estaban tan marcados los papeles de cada uno. Para hacer una película hace falta mucha gente. Yo me organizaba bastante bien, y como me organizaba bien hacía temas de producción. Otros dirigían, otros escribían, otros actuaban, y lo que pasa es que lo empecé a compaginar con ser actor cuando me decían: sal y di una frase aquí. Hicimos muchos cortometrajes, casi veinte, y fuimos aprendiendo el oficio. Pasé de producción, donde me mantuve durante un tiempo, a actuar. A mí siempre me ha gustado la producción, poner en marcha un proyecto, a eso me refiero. Y antes de eso aprendí a ser un currito y si había que hacer bocadillos pues se hacían. Tengo por ahí apuntado cuánto costaba la mortadela en el año 77 y no costaba nada, si lo comparamos con lo que vale ahora. A la vez empecé a hacer algún pequeño papel y así fui avanzando y mira, aquí estamos…

El cortometraje como escuela de cine. Aquello debió ser una época trepidante, ¿se siguen haciendo tantos cortos hoy como antes o el aprendizaje del actor va por otro camino más académico?

Hoy se hacen aún más que antes, lo que pasa es que de forma distinta. La forma de acceder a la profesión en aquella época era diferente. Un poco antes de empezar tenías que tener el carné del sindicato, tenías que pasar por todos los oficios anteriores para llegar al tuyo. Es decir, si querías ser director de fotografía antes tenías que ser auxiliar, ayudante, segundo ayudante, cámara, operador, bueno, un rollo. Y lo demás también: para ser actor tenías que ser meritorio, meritorio con frase, secundario, en fin, otro rollo. Entonces nosotros lo que hicimos fue cambiar la historia, que cambió también porque cambiaron los tiempos. Todo eso desaparece y a partir de ahí la forma de acceder a la profesión es rodando o trabajando en el cine, que lo hizo mucha gente, o inventándote tú historias para trabajar. Así lo hicimos nosotros y nos salió bien. La mayoría de la gente que empezamos en aquella época, un porcentaje muy alto, seguimos trabajando en esto.

También hablas de tu enfermedad, el cáncer…

Bueno, en realidad en el libro solo hablo de mis accidentes y cosas así, no realmente de enfermedades. El tema del cáncer salió porque un día, hablando con uno de mis médicos, le dije que iba a sacar el libro. Yo ya estaba curado, aunque bueno, si has tenido un cáncer nadie te puede garantizar que no lo vas a volver a tener. Pero en principio no me preocupa demasiado. Y el médico me dijo: ¿por qué no lo cuentas? El mío era un cáncer especial, colorrectal. Lo conté más que nada para que la gente, si puede, se haga una colonoscopia. Si yo lo hubiese cogido a tiempo, es decir, si me hubiese hecho una colonoscopia regularmente desde los cincuenta años no hubiese tenido cáncer. Muy probablemente me hubiesen cogido a tiempo un pólipo con un desarrollo menor y no hubiese mutado en un tumor maligno. Así que me pareció que era razonable y lo conté. Podría haberlo contado antes, o no contarlo, de hecho, fíjate, después de aquella historia, dos o tres meses después, cuatro o cinco personas cercanas, de mi entorno, se hicieron la prueba y les salió muy bien. O sea que me alegro mucho de haber ayudado. Ya está.

La concienciación es importante…

Bueno, el otro día no sé con quién lo hablaba… Cuando Luz Casal contó que tenía cáncer de mama era la cantante más famosa de este país. Las mujeres, para esas cosas, siempre han sido mucho más listas y mucho más cuidadosas que los hombres. No tengo ningún dato, evidentemente, pero más de una mujer se hizo la prueba al escuchar el caso de Luz, más de una se dio cuenta de que o se cogía a tiempo el cáncer de mama o no tenía cura. Eso sí que creo que es importante. Y por eso lo hice.

Volviendo al libro, lo del subtítulo “memorias de un calvo”, ¿fue una sugerencia del editor o dijiste: voy a pecho descubierto?

¡Bah, fue para vacilar! Por ejemplo, muchos en sus libros ponen: memorias de un hombre de Estado, o memorias de un aspirante a la corona, o memorias del puto amo, y tal… Pues yo inserté lo de calvo buscando llegar a un público mayoritario, como hay tantos calvos en España y todos estamos con la coña a lo mejor a alguno le hace gracia el libro y lo compra. Un vacile como otro cualquiera.

¿No tendrá que ver con esa etiqueta que te han colgado de actor que representa al español medio, al de clase media? ¿te sientes a gusto con ella o crees que te han encasillado en ese papel?

Me da igual, antes, cuando era más chulo, solía decir: anda, ya te gustaría ser como yo, no te jode. Hombre, dicho esto, viendo las estadísticas pues sí, soy el prototipo, porque ni soy muy alto, ni muy bajo, ni muy flaco, ni muy gordo. En fin, sí, estoy en el promedio de español medio más o menos… O sea que no me preocupa nada, vamos.

Foto: Casa de América.

En el libro hablas de la España de aquellos años setenta y ochenta. Cómo hemos cambiado, ¿no?

Era muy distinto, no hay comparación posible. Todo ha cambiado muchísimo, en algunos casos para bien y en otros para mal. Por ejemplo, el acceso que hoy tiene todo el mundo a cualquier tipo de información es buenísimo y por otro lado es ciertamente peligroso. En aquellos años todos vivíamos en mundos muy reducidos. Los universitarios de entonces no teníamos mucho que ver con la gente que trabajaba. Acuérdate de que salíamos de una dictadura, al final dictablanda, pero había un control sobre muchas cosas. De algún modo, leer un guion o ver una película era complicado porque el material estaba censurado. Era una vida muy distinta. Ahora tienes acceso a todo y puedes hacer lo que te dé la gana, dentro de un orden, claro, no puedes ir por ahí cargándote gente por la calle. Quiero decir que políticamente era muy distinta la historia. Se estaba cambiando de régimen, había muchas tensiones, era complicado, mucho más que ahora. Hay que conocerse bien la historia, la gente se ha olvidado ya de la cantidad de muertos que había cuando ETA y otros grupos empezaron a matar, allá por los sesenta, y cuando lo hicieron a lo bestia en los setenta y ochenta. Era un sin vivir; también éramos más jóvenes, con lo cual nos afectaba menos en el sentido de que estábamos en otra historia, hasta que te tocaba a ti de lleno, que es otra de las cosas que cuento en el libro. Son inmersiones en la realidad que ahora no pasan, ahora pasan otras cosas, no vamos a decir que son tonterías para no levantar polémicas, pero en fin, sí, situaciones absurdas como las que están sucediendo ahora en España. Lo otro, lo de aquellos años, era dantesco. Entre el absurdo y la estupidez de hoy y la muerte de entonces hay un trecho importantísimo. Y a la gran mayoría de la gente todas estas cosas les afectaban aunque fuera tangencialmente, en parte porque éramos jóvenes y políticamente no se sabía muy bien por dónde iban los tiros, nunca mejor dicho, y en parte… Mira, esto es muy fácil: cuando le pasa algo grave a un familiar cercano tuyo la cosa cambia.

En aquellos años ochenta te revelaste como el gran actor de la comedia española del momento, sin embargo llega el año 97, con La buena estrella, y te consagras también como actor dramático. ¿Le debes mucho a Rafael, aquel carnicero estéril y manso que sufría por amor? ¿fue tu mejor papel?  

Pues a todo sí y acabamos antes. Sí, sí… Probablemente si no el mejor uno de los mejores, así es. Me costó mucho hacerlo, porque no sabía muy bien por dónde tirar, pero tuve la gran ayuda de Ricardo Franco, que tenía todo que ver en esta historia, también Maribel Verdú y Jordi Mollà, y por supuesto el resto de la gente que trabajó en aquella película. La buena estrella es un trabajo inspirado en mucha gente y los porcentajes que los reparta como quiera cada cual. Por mi parte, tuve la suerte de estar allí, que tampoco iba a estar, dicho sea de paso. Muchas cosas en la vida son casualidades. No estaba destinado a ser actor y lo fui, hacía comedia y de repente me dan un Goya por un papel dramático… Entonces me di cuenta de que podía hacer cosas que no sabía que podía hacer como actor. Hice muchas cosas de las que estoy orgulloso y esta película, por motivos totalmente distintos, porque supuso un cambio radical en el cine español, abrió unas perspectivas que antes no es que no estuviesen sino que nadie las pensaba. Alguna otra vez hice una aproximación a papeles dramáticos que no estaban mal, pero eran más bien personajes violentos. Este fue una cosa como muy especial.

¿Crees que ya has interpretado tu mejor papel o lo mejor está todavía por llegar?

Probablemente, y no quiero decir con esto que sea Laurence Olivier. He hecho cosas que están bastante bien, otras que están bien y otras pues que no, o son simplemente lamentables. No es que sea muy mayor, tengo sesenta y tres, pero ya es más difícil, la fuerza que tienes con treinta o cuarenta años, con sesenta o setenta empieza a fallar. No sé… Hombre, ojalá me salga otro papel estupendo, pero ya es difícil. Yo estoy muy contento con el último papel que he hecho, y que no se ha visto por motivos que no vienen al caso y que no vamos a analizar, en La reina de España, la continuación de La niña de tus ojos. Creo que es un buen trabajo también pero como la película no la ha visto nadie pues…

¿Por qué crees que no ha tenido éxito?

Bueno, clarísimamente ha habido una campaña intencionada para boicotearla directamente. A raíz de las declaraciones de Fernando Trueba, cuando recogió el Premio Nacional de Cinematografía y dijo aquello de que nunca se había sentido español, sus palabras se malinterpretaron y desde entonces le han… Iba a decir una burrada pero me la voy a callar… Le ha afectado más esas declaraciones que a otros que claramente han dicho que no quieren ser españoles. Quiero decir que la repercusión económica sobre la película ha sido tan brutal que no se entiende. Y eso solamente se puede hacer con una potencia de fuego, para entendernos y siguiendo con términos bélicos, que no tenemos ninguno. Porque un tío suelte un tuit no se puede hacer eso. Es que no ha ido nadie a verla, pero nadie de ningún posicionamiento ideológico. Se supone que ha podido ser la gente de la derecha o de la extrema derecha la que ha hecho el boicot, pero es que no ha ido nadie, ni de centro, ni de centro izquierda, ni de izquierda, ni de extrema izquierda, nadie. Han ido ciento cincuenta y seis mil personas al cine a las cuales estoy profundamente agradecido. Pero es que a La niña de tus ojos fueron tres millones de espectadores. Es decir, ¿por qué se ha producido esto? Por una campaña de descrédito brutal como yo no había visto antes en mi vida, por una declaración que incluso se puede admitir que no fue un acierto, solo por decir un par de frases, y anda que no dicen algunos políticos gilipolleces y les siguen votando, cosa que no se entiende. ¡Incluso votan a gente que roba y todo eso! Pues uno, porque dice una tontería, lo hunden… Es que no hay otra explicación. Podríamos decir que la película es muy mala o incluso se podría decir: es que tuvo malas críticas. ¿Pero por las malas críticas no fue nadie a verla? La niña de tus ojos tuvo unas críticas igual o peores y fueron tres millones de personas. ¿Por qué no han ido los espectadores a ver La Reina de España? Ha sido la tormenta perfecta…

Es decir, que los poderes fácticos haberlos haylos, como las meigas…

Y si no exactamente como poderes fácticos, si a alguien se le ocurre y piensa que puede utilizar eso para darle una lección a otro pues a lo mejor van por ahí los tiros más que unos tíos maquinando en una oficina y pensando a quién le jodemos la vida hoy. Hombre, eso me lo creo menos. Pero que a raíz de un hecho puntual hay gente que saca partido de eso, sí, sí, aunque no lo puedo demostrar, claro. Me da esa impresión. Es que si no, no se entiende. No se entiende por qué ha habido ese odio feroz contra Fernando Trueba y en consecuencia contra la película, contra gente que está en la película, que es otra cosa alucinante. Yo francamente no lo entiendo, pero bueno, ya pasó…

¿Ves un ajuste de cuentas por tus años de presidencia al frente de la Academia de Cine?

No, tampoco creo que sea por eso… Hubo gente que pensó que eso de no sentirse español era indignante, cuando eso lo ha dicho mucha gente y no ha habido esta repercusión, pero bueno es igual. Pasemos a la siguiente pregunta…

Aquello de ser presidente de las gentes del cine, cada uno de su padre y de su madre, debió ser un estrés de vida…

Ya me liberé. Realmente tampoco había muchos problemas, el único problema surgió a raíz de un hecho puntual, se montó una oposición interna contra la candidatura que habíamos ganado y como son así los estatutos y tuvieron más votos que yo pues te vas y punto. Ahí hubo una serie de cosas que no vienen al caso porque son cuestiones internas y pensé que como no podía hacer lo que quería seguir haciendo pues me fui. Tampoco pasa nada.

En cualquier caso, ¿cómo la valoras a experiencia?

Muy positivamente. Me di cuenta de que tenía capacidad para hacer una serie de cosas organizativas, además de que tengo una ventaja respecto a otra gente, y es que a mí me conoce todo el mundo y no caigo demasiado mal, y eso cuando toca hablar de un determinado tipo de cuestiones sociales, económicas y políticas es bueno porque te reciben, por lo menos te escuchan o hacen como que te escuchan. En fin, conseguimos bastantes cosas y fuimos una punta de lanza de algo que funcionó. Teníamos algunos proyectos que estaban muy bien, de hecho algunos los han sacado adelante tiempo después o lo han intentado hacer al menos. Quiero decir que todo era bastante razonable. La mayoría de cosas eran cuestiones técnicas y en colectivos tan complejos como el del cine siempre hay malos rollos.

No te preguntaré por el polémico final de Los Serrano, que te lo sacan en cada entrevista, pero ya que te has prodigado en series me gustaría saber qué opinas de la calidad del producto nacional… ¿Crees que están a la altura de las que se hacen en Estados Unidos, por ejemplo?

Bueno, es que eso no es comparable. ¿Es lo mismo La Tribuna de un pueblo perdido de España que un periódico de tirada nacional? Pues no, no tiene nada que ver. Nosotros somos un país pequeñito y ya está. Que con tiempo y con dinero y el talento que hay se pueden hacer mejor la cosas, pues claro. Como en todos los sitios. ¿Los noruegos son más listos que nosotros? Pues no, pero tienen más dinero para hacer una serie. ¿Por qué se vende tanto esa serie noruega? Porque tiene una distribución brutal. De hecho está pasando en España, cuando entra Netflix o Movistar o las grandes plataformas a hacer las series y ponen más dinero pues se venden a todo el mundo. No creo que haya una gran diferencia, lo que sucede es que cuando se hace en abierto contamos con presupuestos muy ajustados en tiempo y en dinero. No es lo mismo rodar en dos semanas cincuenta minutos que rodar en una semana ochenta. Los matices se pierden, por decirlo de una forma fina.

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