Alaminos, Humor Gráfico, Número 94, Opinión, Óscar González
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Bendita pandemia

Por Óscar González / Ilustración: Jorge Alaminos. Viernes, 9 de marzo de 2018

@Morgoski

Son las 15.30 del jueves ocho de marzo cuando escribo esto. A estas alturas del día, ya sólo los estúpidos más recalcitrantes se resisten a reconocer que la convocatoria de este ocho de marzo es un rotundo éxito. Las compañeras nos están dando todo un ejemplo de solidaridad y conciencia colectiva, los sueños húmedos de una izquierda en retirada que hoy parece incapaz de articular una respuesta seductora a los problemas de la clase trabajadora del siglo XXI.

Sin embargo, a la hora de relacionarse con el movimiento feminista y la reivindicación de los derechos de las mujeres, todavía la izquierda le lleva una cierta ventaja a una derecha, la vieja o la kilómetro cero, que ha sacado en los últimos días a relucir sus carencias en este tema. Vamos a hacer un repaso rápido.

Empezamos por la gran Cristina Cifuentes (“la Cris”) y su compañera Tejerina (“la Isa”).  Estas dos señoronas no podían decir que a ellas les provocaba sudoración genital la mierda esa de la huelga de las tías de izquierda, porque ta feo. Por ello, anunciaron que harían huelga “a la japonesa”, un concepto que no existe en la tierra del Sol Naciente, pero que por estos lares la sabiduría popular ha identificado con trabajar más de lo habitual.

No seré yo el que me cuestione qué significa para esta gente lo de trabajar más de lo habitual. Pero me gustaría ver cómo se lo dicen a algunas compañeras y amigas: a la madre que saca adelante a tres hijos sola y a la que no le llegan las horas del día para todo o a la que ayer se pasó doce horas limpiando y cambiando pañales a los mayores de un centro de la tercera edad, por poner solo dos ejemplos. Me gustaría verlas decírselo a ellas a la cara, sin la seguridad que dan el micrófono y la cámara. Pero no va a ocurrir, claro que no. Eso no va con ellas.

A poca distancia, siempre un maestro en esto de hacerse notar mal, el ínclito M. Rajoy. Si hace poco conocíamos que el argumentario del PP tachaba la huelga de insolidaria y elitista (que debe ser este el único caso en que no les gusta ni lo uno ni lo otro), ayer veíamos a M. reculando y diciendo, o no, otra de esas paridas que nos deja para la posteridad y con las que nos consolamos de los nueve años que, si nadie lo remedia, nos tocará padecerlo.

Tampoco les ha quedado mucho mejor el discurso a los de la cuenta el partido naranja. Decía Inés Arrimadas, a la que basta mirar a la cara para ver que de los problemas de las clases trabajadoras sabe un huevo, que su partido no secundaba la huelga “porque es anticapitalista” y ellos no.

Y es coherente que así sea. En efecto, el feminismo tiene que ser forzosamente anticapitalista, porque el sistema capitalista se construye sobre el trabajo invisible de media humanidad, realizado a coste cero o cercano a cero. Mercantiliza el afecto y los cuidados y les asigna un valor de intercambio muy bajo, porque siempre habrá una hija abnegada o una madre coraje que, por amor, asumirá ese trabajo sin pedir nada a cambio, mientras cuatro docenas de pollas viejas les dicen cuál es el feminismo bueno desde La Razón o 13tv.

Los machismos de sociedad y fuerzas políticas son, en última instancia, los anticuerpos del sistema. Lo defienden contra la infección del feminismo, porque si esta se propaga lo suficiente puede ser el germen que lo derrumbe.

Lo que unos y otros no saben, intuyo, es que ya es tarde y la infección es imparable. Bendita pandemia, afirmo, como diría el gran Forges.

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