Artsenal, Humor Gráfico, Número 92, Opinión, Óscar González
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Tout le monde est Charlie, pero poco

Por Óscar González / Ilustración: Artsenal. Viernes, 2 de febrero de 2018

@Morgoski

Cuando le venga bien de nuevo al Partido Popular, todos seremos Charlie. Mientras tanto, el miércoles caía una nueva condena a un chaval de veinticuatro años por ofender los sentimientos religiosos. Ya lo decían el caudillo y “el beato José María”, que nos sueltan la cuerda y nos da por jodernos la salvación del alma eterna, que necesitamos que nos pastoreen.

En este caso, el peligroso delincuente se habría servido para su crimen nada menos que de un fotomontaje en el que sustituía la cara de una imagen del Cristo de la Amargura (me duele la lengua de lo que me la estoy mordiendo) por la suya propia. Es cierto que el chaval no resulta especialmente atractivo, pero tampoco tanto como para imputarle un delito. Como mucho, una falta: falta de atractivo.

Tamaña afrenta fue denunciada por la cofradía de no-sé-dónde, que al parecer son los que vigilan que nadie ofenda a la talla en cuestión, porque es bien sabido que la madera tiene tendencia a caer en la depresión si la gente se burla de ella y luego no obra milagros. Pero como somos una pandilla de ateos incorregibles, eso nos da igual y hala, a ofender sentimientos religiosos como si no hubiera mañana. Si es que no somos buenos ni para nosotros mismos, joder.

Me cuentan que los entrepreneurs del PP ya han identificado aquí una nueva oportunidad: la próxima vez que necesiten una tapadera para robarnos a manos llenas, podrán hacerlo a través de una asociación de apoyo al parqué o al roble americano. Les viene muy bien ahora que la de Miguel Ángel Blanco ya no sirve para tangar. Ojo a esto, que ya lo decía el gurú Joseph Ajram: el éxito en la vida está en saber aprovechar las coyunturas favorables. Y en eso de aprovecharse los de la Iglesia y el Partido Popular se quedan solos.

Viene al caso recordar al gran Javier Krahe y su delirante receta para cocinar ese Cristo que “se deja reposar y a los tres días sale solo del horno” y cómo por entonces la maquinaria legal del sistema entendió que la sátira, la provocación y la crítica tienen más de esenciales para definir la verdadera libertad de expresión que la tontería esta de la ofensa a los sentimientos religiosos. Pone los pelos de punta recordar que han pasado apenas cinco años desde aquella sentencia y ya casi podemos decir que “eran otros tiempos”. Mala cosa.

En ese intervalo, la libertad de expresión ha dejado de ser un bien jurídico susceptible de protección. Al menos la libertad de expresión que puede molestar a gobiernos o colectivos afines; muy al contrario: hoy esa libertad ya no nos ampara, sino que sirve como maza con la que aplastar a quien no es del agrado del poderoso de turno, mientras la sociedad mira impasible y algunos, los más estúpidos, defienden los excesos de una justicia obstinada en reclamarse heredera de esa bonita tradición patria a la que llamamos Inquisición.

Lo más probable es que el delito que le imputaban a este chaval no hubiera resistido un mínimo análisis jurídico con un cierto rigor, pero no vamos a tener ocasión de averiguarlo. El Ministerio Fiscal ofreció una sentencia de conformidad que modulaba hasta los cuatrocientos ochenta euros la petición inicial de más de dos mil, conmutable por seis meses de prisión.

A pocos se les escapa ya que este tipo de despropósitos buscan solo estimular el instinto de conservación de los millares de don nadies que habitan esta materia tumoral llamada España. Sin embargo, dos mil euros de multa pueden joderle la economía a cualquier familia trabajadora, así que se ofrece un acuerdo extrajudicial “ventajoso” y aquí paz y después gloria. La madera no se deprime y el inocente opta por el mal menor. Una situación win – win para los dueños del circo y sí, paz para todos. La de los sepulcros de los pueblos, como decía Hugo Chávez.

Es fácil rasgarse las vestiduras desde fuera y de sentido común pensar que nadie debería ser condenado por hacer un montaje fotográfico humorístico, que es un derecho incluido en esa libertad de expresión cada día más escuálida que nos van dejando, que el joven debería dar la batalla legal porque no ha cometido delito alguno. Cuando no es la cabeza propia la que está en juego, todos somos capitanes. Cuando se trata, en cambio, de mover el culo del sofá y convertir las palabras en acción, denuncia o solidaridad, el puente de mando se queda casi vacío. Esa es al final su gran victoria.

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@ARTSENALJH

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