Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 93, Opinión
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Por Luis Sánchez. Viernes, 23 de febrero de 2018

Luis Sánchez

Presentación estelar: España es el país de la Unión Europea que más billetes de 500 tiene (65 millones de billetes de 500 euros: casi el 80% del dinero que circula), el que más cocaína consume (junto con Gran Bretaña) y donde hay más demanda de prostitución (ostentamos, además, la medalla de bronce en el gran puterío mundial). Pagamos el recibo de luz más caro de los 28 y estamos por debajo de la media europea en protección social (Portugal y Grecia dedican más presupuesto). Y, a diferencia de Austria, Irlanda, Alemania o Italia, tan sólo hemos modificado la Constitución un par de veces: la primera, en 1992, para permitir el voto pasivo de los extranjeros en las municipales, y la última, en 2011 (gobierno de Zapatero), para garantizar la devolución del dinero a Europa. ¡Ah!, y también somos el país de la UE con más desempleo y el que peor trato dispensa a los animales.

El negocio familiar: España no es un país de multinacionales (hay muy pocas), sino de pequeñas y medianas empresas (representan el 90% del tejido empresarial), siendo estas las que generan más empleo (casi el 70%). Ahora bien, de estas, la mayoría son empresas familiares que no se rigen por un consejo de administración (son personalistas), lo que dificulta el entendimiento entre los fundadores y propietarios (¡todos quieren mandar, incluso el gato!). Y esa falta de profesionalización redunda, como es obvio, en una menor eficiencia, competitividad y permanencia.

El régimen: En el libro Los amigos de Franco, de Peter Day, en Tusquets (2015), el capitán Alan Hillgarth, uno de los jefes del servicio secreto británico (MI6) en España, confiesa: “Franco ha establecido, o permitido que se estableciera, un número inmenso de intereses creados en su régimen, por medio de empleos y privilegios, y casi todos los intereses son activa y continuamente corruptos. Y el efecto de lo que ha permitido, sumado a las circunstancias de la época, es que en España casi todo el mundo, desde lo más alto hasta lo más bajo, vive de la corrupción tanto si le gusta como si no”.

Los siete magníficos: Carmen Franco y Polo (hija única del dictador), recientemente fallecida, y sus siete hijos (Carmen, Mariola, Francis, Merry, Cristóbal, Arancha y Jaime) han vivido con holgura (patrimonio aproximado: unos 600 millones de euros), gracias a las empresas inmobiliarias que poseen; inmuebles de renta antigua, plazas de garaje, oficinas, viviendas, fincas rústicas y chalés, en diversas provincias españolas. La tierra, cuando se convierte en terreno urbanizable: viviendo de rentas. ¡Esta es mi patria querida!

Los años locos: La neutralidad de España durante la Iª Guerra Mundial (1914-1918) permitió el rápido enriquecimiento de la burguesía: la demanda de mercancías era continua y no se discutían precios. Pero ese dinero fácil que entraba en España o bien se dilapidaba felizmente (¡al cava, que se acaba!) o bien se especulaba con él (ganancia segura a corto plazo); todo menos utilizarlo para la necesaria reconversión industrial y poder estar así a la altura de los tiempos (¡otra gran oportunidad perdida!). De modo que, cuando termina la guerra, la economía española cae en picado y estalla con el crack del 29, lo que facilitará el derrumbe de la monarquía (Alfonso XIII).

Una de película: En el extraordinario y muy recomendable documental titulado La silla de Fernando (2006), de David Trueba y Luis Alegre, nuestro genial personaje, Fernando Fernán-Gómez, declara que el mayor defecto de los españoles es el desprecio (destacándolo incluso por encima de la envidia). Pues bien, es ese desprecio el que lleva, en un momento dado, al Gobierno central a rechazar el diálogo con Catalunya y a adoptar medidas de fuerza. Un breve apunte histórico: ya en el siglo XIII encontramos evidentes diferencias entre las Cortes de Castilla y las de la Corona de Aragón, tanto en la estructura como en la competencia. Las primeras poseen un carácter deliberativo y consultivo (de la vieja Curia); las segundas, por el contrario, son pactistas (los estamentos, reunidos en Cortes, poseen potestad legislativa). Pero ¿cómo no va a estar Catalunya –comerciantes donde los haya: la pela es la pela– dispuesta a coger la silla y sentarse a pactar? Mientras hablamos de la cuestión catalana, olvidamos la corrupción, el desempleo, las pensiones…

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