Francisco Saura, Número 92, Opinión
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Resurrección

Por Francisco Saura. Viernes, 9 de febrero de 2018

Francisco Saura

Si alguna vez has sido hermosa en fragmentos de cristal que empapan las estrellas con su luz de ojos de halcón,

si alguna vez los pasos que retumban en el rocío de la madrugada han sido relámpagos con los que saciar la sed de un cuerpo azul, húmedo, de sortijas de risa y bocas de papel y arena,

si alguna vez tu cumpleaños te ha mortificado con una sonrisa de hiena ante su festín putrefacto, y has querido huir de las raíces de cemento que te atan a la realidad de bordados profilácticos,

si alguna vez las calles han sido tu refugio y en mitad del campo, en lo alto del campanario, en el frío tributo de dolor del asta de un toro bravo o en las cornisas de carámbanos de las Torres Gemelas de finales del siglo fenecido, has amado con el abandono de las baterías de las lechosas cortinas del mar,

si alguna vez has odiado el espejo del cielo y has llorado oculta en los sifones de los edificios buscando la oscuridad eterna entre las ratas, las cucarachas y los orangutanes convertidos a la fe verdadera,

si alguna vez has leído poemas de amor que te espacian la mente con las esquirlas oxidadas de los dientes de las comadrejas de los bancos Santander, Popular, Deustsche Bank, Société Générale, England (et alter), y has introducido poemas de Else Lasker-Schüler en los tarjeteros de las cajeros automáticos con la intención de protestar y gritar y gritar y gritar y gritar y gritar hijos de puta en sus caras sonrosadas por el hielo del $,

si alguna vez te has sentido persona y no has abofeteado el rostro macilento de las fotografías de las portadas de los diarios más influyentes, te has meado y el viento se ha reído de ti porque eres un mediocre, un perdedor, un harapiento, el gusano que te mira desde el dedo pulgar, y te señala con su flacidez, y te guiña un ojo, y te devora la carne del cerebro, blanca, grasienta, inútil para cualquier cosa que no sea babear ante una joyería, o un concesionario de coches, o una inmobiliaria, o una tienda de ropa de marca…

si alguna vez has pensado que yo no te miraba mientras tus ojos hundían la lujuria en un mar de relojes de oro, cartas náuticas, candelabros de plata, luces de mariposas aleteando nubes de aguardiente en el espacio minúsculo del ojo de una aguja,

si alguna vez has pensado que pensar no erige Presas de las Tres Gargantas, ni humilla pueblos arrastradas gentes por el fango, ciudadelas de estrellas diurnas, luna hambrienta de labios carmesíes, cuerdas infinitas que se ocultan detrás de los cedros y la nieve del Líbano,

si alguna vez has adorado el becerro de oro, has leído dogmas de fe en libros sagrados que triangulan la mirada de la muerte en los rostros satánicos del río de versos latinos en el canto opaco de los monjes gregorianos,

si alguna vez has sido hombre y no has despreciado el ritual de la sangre, derecho natural desde las primeras pinturas rupestres naturalistas, y has besado con los labios de la mentira las conversaciones de los grupos de menos de cuatro personas, balas de gomas, botes de humos, sonrisas profident, una yegua de parto, el calor de la placenta, arde el pajar y con él la vida de los seres abisales,

si alguna vez has sido libre y no sabes la razón, volverás a leer lo escrito en los aullidos de la locura, junto al mar que borra las palabras con su infame oleaje.

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