Opinión, Viajes, Víctor J. Maicas
Deje un comentario

Pekín, una ciudad de contrastes

Una imagen de la soberbia Plaza de Tiananmén, en Pekín.

Por Víctor J. Maicas. Lunes, 26 de febrero de 2018

     Viajes

Probablemente sea en la capital de China, en esta descomunal ciudad de 23 millones de habitantes, donde mejor se puede apreciar el radical cambio que ha experimentado este inmenso país durante las últimas décadas.

Y es que si bien Shanghái representa el motor económico de la nueva China, es en Pekín donde mejor podrán apreciar esos contrastes entre lo antiguo y lo moderno, entre el pasado y el presente. Sí, en Pekín podrán observar modernos edificios de acero y cristal pero también bellos y espectaculares vestigios de su pasado imperial como La Ciudad Prohibida, El Palacio de Verano o el Templo del Cielo. Igualmente, descubrirán una urbe plagada de grandes avenidas con un tráfico infernal, en contraposición a los viejos y laberínticos barrios (los hutong) en donde incluso hoy en día casas de una sola altura comparten el mismo baño público situado en un determinado lugar de la calle. Es más, es aquí también donde comprobarán el gran avance de la tecnología (parece que cada chino haya nacido con un móvil incorporado en la mano) en contraposición con el rígido control de siempre que las autoridades del país mantienen sobre la población, pues sin ir más lejos, acceder a la mismísima Plaza de Tiananmén supone pasar un sinfín de controles policiales (supongo que los gobernantes todavía tienen muy presente los hechos que acaecieron en esta plaza en 1989).

Así pues, si ustedes son viajeros ocasionales y no disponen de demasiado tiempo, yo les recomendaría que empezasen su recorrido precisamente en la Plaza de Tiananmén, centro neurálgico de la ciudad. Como les acabo de decir, solo para entrar en la misma deberán pasar por un exhaustivo control policial, pero una vez ya dentro, podrán pasear tranquilamente para poder observar a uno y otro lado de la plaza suntuosos edificios de estilo estalinista como el Gran Salón del Pueblo o El Museo Nacional. Por supuesto, en el centro de esta gran plaza (de aproximadamente un kilómetro de longitud) encontrarán el monumento a los Héroes del Pueblo así como el Mausoleo de Mao, mientras que en sus extremos hallarán el acceso a la Ciudad Prohibida (con la conocida foto de Mao) por una parte, y la puerta de Qianmen por el lado opuesto.

Personalmente les recomiendo que antes de dirigirse al norte de la plaza para visitar la impresionante Ciudad Prohibida, se den una vuelta por el encantador hutong situado al sur, precisamente el de Qianmen. En él encontrarán encantadoras calles y callejuelas en donde comer por muy poco dinero y tiendas cuyos precios parecen de ciencia ficción (pero no por lo caro, sino por todo lo contrario). Así pues, y tan pronto hayan saciado su estómago y amansado su espíritu consumista con esos irresistibles precios, entonces diríjanse ya, atravesando de nuevo la inmensa Plaza de Tiananmén, hacia la Ciudad Prohibida, residencia oficial de los emperadores y lugar en el que podrán observar la magnificencia de la imperial China a través de las numerosas historias que les contarán (si no pueden conseguir un guía personal para su visita, utilicen alguna guía de viaje donde también se explica detalladamente el sinfín de edificios que contiene este enorme recinto).

Palacio de verano.

Por supuesto, y dependiendo del tiempo que hayan utilizado en su vista, si el día no ha llegado a su fin les recomiendo que al salir por la puerta norte (la opuesta a la Plaza de Tiananmén que es por la que habrán entrado) se detengan frente al encantador parque Jingshan que, ocupando una colina artificial construida con la tierra excavada del foso que rodea toda la Ciudad Prohibida, hará que oxigenen sus pulmones entre las sombras de los árboles mientras observan el cautivador paisaje que les rodea. Y bueno, si a esas alturas del día el sol todavía no ha decidido dar paso a la noche, entonces aprovechen el final de la jornada para pasear por el encantador parque de Beihai, justo pegado al de Jingshan, ya que allí relajarán su espíritu entre hermosos lagos plagados de flores de loto y bellos templos como el de la Paz Eterna o el de la Dagoba Blanca, este último de estilo tibetano y construido hace siglos en honor del quinto Dalai Lama. Se cree que fue aquí en el recinto que actualmente ocupa el parque Beihai donde residió Marco Polo en los tiempos de Kublai Khan, aunque apenas queda nada ya de aquella época. Pero eso sí, además de las maravillas que les acabo de describir del actual parque de Beihai, en él encontrarán también espléndidas edificaciones como el Pabellón de los Cinco Dragones, el del Cielo Occidental o el Muro de los Nueve Dragones, entre otras.

Sí, posiblemente en este primer e intenso día de visita habrán podido descubrir ya algunos de los contrastes de los que les hablaba, pero será en los días posteriores cuando tendrán la oportunidad de observar otras joyas de Pekín (de obligada visita) como el impresionante y espectacular Palacio de Verano o el atractivo recinto arbolado que guarda en sus entrañas el hermoso Templo del Cielo. Por supuesto, en esos días posteriores de su estancia no dejen de visitar los hermosos lagos y atractivos barrios de hutong situados justo al norte del ya descrito parque Beihai, con la torre del Tambor y de la Campana como máximo exponente. No se repriman y suban a uno de los típicos triciclos con conductor ya que, por muy poco dinero, les llevará por las calles y callejuelas de esos hutong que todavía llevan impregnado el sabor del pasado.

¡Ah!, y si su espíritu consumista provocado por esos bajos precios de los que les hablaba anteriormente sigue intacto, entonces visiten el Mercado de la Seda o el de Las Perlas, así como también la comercial calle Wangfujing (muy cerca de la Ciudad Prohibida) puesto que además de compras, en sus calles perpendiculares podrán degustar, si lo desean, esas rarezas gastronómicas de la antigua China (escorpiones, arañas, ciempiés…).  Aunque eso sí, al margen de este tipo de productos no excesivamente apetecibles para los paladares occidentales, lo que sí les recomiendo encarecidamente es que no se marchen de esta ciudad sin degustar su plato estrella: el pato laqueado, una auténtica delicia para cualquier paladar.

Así es, Pekín, como les decía, es una ciudad de contrastes pues a todo lo ya descrito, y si su tiempo en esta gran urbe no ha llegado a su fin, podrán seguir ratificando dichos contrastes visitando edificaciones tan dispares como el antiguo Templo de los Lamas o el futurista Nido de Pájaro, entre muchas otras construcciones que sin duda no pasarán desapercibidas a sus inquietos ojos de viajero.

Por cierto, aunque no se encuentre propiamente en la ciudad de Pekín, sería imperdonable que no visitaran una de las grandes maravillas del mundo: la Gran Muralla. Situada a apenas una hora de camino, les aconsejo visitarla a primera hora de la mañana para evitar las aglomeraciones y, también, el sol de justicia que suele imperar durante los calurosos meses de verano.

Bien, pues buen viaje y no olviden iniciar su visita a este país con el típico saludo chino, “ni hao”, ya que sin duda les devolverán dicho saludo con una amplia sonrisa, fruto de la acogedora hospitalidad de este milenario pueblo.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Víctor J. Maicas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *