Número 93, Opinión, Tonino Guitián
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Forges

Por Tonino Guitián / Foto: Efe. Viernes, 23 de febrero de 2018

@toninote

Para hablar del gran Forges no tengo más remedio que hablarles de la moldava que limpia en casa de una amiga que se llama Ana Nita. Les hablo de ella porque cuando me dice que soy listo o que soy raro o que soy tonto dice “estás un listo”, “estás un raro” o “estás un tonto”. Y no le falta razón, porque aunque todos tenemos estados pasajeros, Antonio Fraguas parece no solo estar sino ser el mismo de siempre, el amigo de las lagartijas, de Blasillo, el lector empedernido de Guillermo Brown y el chico que dibujaba entre programa y programa cuando era mezclador de imagen de la recién nacida TVE. Yo les hablaría más de Ana, la señora moldava, porque dice cosas muy interesantes de los rusos y de los rumanos, pero no puedo porque tengo que hablar de la biografía de Forges, que para eso se ha pegado el viaje aquí y sería de mala educación. En su biografía aparece que publicó su primer dibujo en el diario Pueblo; ¿Confirma? Que le recomendaron que no hiciera nunca demagogia ¿Corrobora? Que fue furriel de artillería ¿Acredita? Que no estuvo en mayo del 68 en París ¿Asevera? Que colaboró con Aute o Rosa León en el disco Forges Sound, con canciones tan hermosas y actuales como Sillón de mis entretelas y al que pertenece el pasodeibol que hemos escuchado al principio. ¿Constata? Recordemos que la letra decía: “cómo toreas a cuerpo limpio los cuernos del mal humor…” y para eso estamos. Como dice mi señora de la limpieza moldava, “hay que estar gracioso”.

La gracia de Forges reside principalmente en hacer humor de la esencia, que es esa cosa que parece que todos tenemos dentro sin saber cómo narices nos la han metido –con perdón– ahí. Entonces él, que es astuto, que es sagaz y que es sutil, se lo pregunta, quiere saber de qué se compone esta empanada mental que todos compartimos como la cosa más normal y que acaba por acogotarnos a una realidad que no nos gusta nada pero en la que seguimos erre que erre. ¿Por qué? Pues porque como dice la señora moldava, “estamos masocas”.

El otro día salía en un programa de estos de viajes un obrero que había emigrado a Moldavia en los años 60 y explicaba que allí se había dado cuenta de lo que pasaba en realidad en ese país. El reportero, que era muy muy muy joven, o iba teñido, vayan a saber, le preguntó cómo era posible que estando en España no se diera cuenta de lo que pasaba y él respondió con toda naturalidad que pasa un poco como con los animales, que hasta que no los sueltan no se dan cuenta de que en realidad son libres. Anda que no se aprende viajando a Moldavia.

Bien. La generación de humoristas a la que pertenece Antonio tiene ese algo libre de emigrante del pensamiento, con un toque de hiperrealismo, de surrealismo, de ternura, de coña marinera, que transforma la seriedad de los anglicismos convirtiéndolos en “pasodeibol” y que yo creo que es una de las herencias más ricas que tenemos en España y uno de sus productos brutos más exportables, que más deberían haber contribuido a la construcción de una sociedad realmente moderna. Iluso que es uno. Pero como todos sabemos, en este país el humor está mal visto porque lo que realmente nos mola es ponernos muy dignos. Lo decía un escritor al que entrevisté una vez: “Si escribes un libro NUNCA sonrías en la foto de la contraportada porque no te tomarán en serio”. Y el pobre, que no era moldavo ni se tomaba las cosas a risa, salía en las contraportadas con cara de acelga y la gente se decía a sí misma: “¡Este señor tan serio sí que sabe!”

Haré otro apartado más aprovechando que no está la moldava para recriminarme que me he dejado los calcetines sucios tirados por el suelo y toda la mesa del despacho revuelta y no sabe cómo ponerlo en orden. He ido a mi biblioteca, y sin que la asistenta se diera cuenta, he sacado este libro. En esta Antología del Humor de Editorial Aguilar he encontrado uno de los primeros chistes de Forges muy poco habituales en él, porque todo artista se busca en sus inicios. Pero lo que más me ha llamado la atención no es sólo que todos los chisten vengan firmados por la editorial con el nombre del autor y con la reseña del diario del que fueron extraídos. No. Ni siquiera su atractivo diseño sin necesidad de piratear el Photoshop. No. Lo más de lo más es el requetesubtítulo: después de “cerca de 500 dibujos de los mejores humoristas de hoy y textos de los grandes humoristas, españoles y extranjeros”, se lee: “revista y selección de cuanto ha sobresalido en la interpretación humorística”. Es decir, que entonces, en 1965, aún se contemplaba que el humor es una interpretación de la realidad y no una realidad en sí misma como se empeñan los integristas actuales, que ahora tú haces una caricatura de Mahoma o de Rouco Varela y ellos se creen que es él. Y se hacen la picha un lío y hay que explicar que no, que es que son cosas distintas. El humor es, por tanto –como dice mi secretaria moldava, yo nunca diría eso porque no he vivido en países del Este–, tomar partido por determinadas posturas y su objetivo no es hacer reír a los poderosos, porque entonces sería un humor bastante triste, sino que es ir contra la falsedad, contra los tópicos, contra los que nos hacen la vida imposible o lo que es lo mismo: ir contra la idiotez. Y así se pueden decir verdades grandes, gordas, como transatlánticos, verdades como elefantes. Y como nadie nos las queremos oír pues es más bonito.

También el humor tiene la ventaja de ser una manera de llamar la atención con un discurso diferente para hablar de cosas muy serias sin trivializarlas. Se puede hablar de la violencia de género, de política o de disputas matrimoniales sin perder la sorpresa, que es otro de los factores del humor. Y bueno, el humor es un análisis, pero analizar el humor es un auténtico coñazo porque se le quita toda la gracia, por eso creo que mientras hablamos sobre lo divino y lo humano Antonio de dedicará a dibujar, que es lo que más le gusta y a nosotros también.

Muchos se preguntarán dónde se estudia el humor. Eso depende de cada uno, algunos lo aprenden en casa, otros en la calle, otros porque no nos podemos aguantar la risa y mi señora de la limpieza moldava porque no se entera de nada. Esperemos que hoy nos lo enseñe –me refiero evidentemente a dónde se estudia– Forges.

Y nada más, para aquellos que hagan la clásica pregunta del porqué del nombre de Forges y antes de que él se alegre de que le hagan esa pregunta, les remitimos al diccionario para que traduzcan su apellido Fraguas a alguna lengua muy cercana y su curiosidad quedará satisfecha.

*El artículo ha sido extraído de una presentación que Tonino hizo del dibujante antes de una de sus divertidas charlas en Valencia.

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