Editoriales, El Petardo, Humor Gráfico, Número 93
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Editorial: Nos roban hasta la vejez

Viñeta: El Petardo. Jueves, 1 de marzo de 2018

   Editorial

Ahí están, un día más, aguantando el frío y la lluvia, con sus reumas, sus diabetes, sus cánceres y las cornadas de la vida. Y ahí seguirán, valientes, dignos, honrados. No saldrán de la calle mientras no les den lo que les pertenece. Se acabó el tiempo de las mentiras, ha llegado la hora de rendir cuentas tras tantos años de desmanes y abusos. Rajoy, con una desfachatez intolerable, le ha dicho a los jubilados que no tiene dinero para pagar sus pensiones. Montoro les ofrece un cheque mensual, una limosna, una nueva humillación que nunca aceptarán. El 0,25 de subida es una burla que le quema la sangre a cualquiera. Nuestros mayores no se merecen el trato de un Gobierno psicópata e insensible a los desastres de la crisis.

Hicieron oídos sordos cuando los desahuciados se arrojaban por la ventana; miraron para otro lado cuando millones de trabajadores perdían sus empleos por culpa de una reforma laboral infame y cruel; abandonaron a su suerte a los enfermos e inválidos. ¿Qué podemos esperar de gobernantes así? Esta vez ni siquiera han dejado entrar en la Moncloa a los viejos para escuchar sus amarguras vitales, sus dramáticas odiseas existenciales, sus desgracias humanas. Así es Rajoy: un neoliberal hasta las cachas que confunde derecho con beneficencia; un hombre que trata a personas dignas como pedigueños, peligrosos antisistema o insurrectos independentistas a los que hay que quitarse de encima a estacazo limpio de los maderos. Los antidisturbios tienen porras dolorosas; los jubilados tienen sus bastones de madera noble y unos cojonazos/ovarios curtidos en guerras civiles, convulsas transiciones, golpes de Estado y la pertinaz pobreza española que dura ya siglos. Aguantarán en las barricadas hasta el final porque no tienen nada que perder. Ya les arrebataron el futuro de sus hijos, el pan de sus nietos, la estufa, el brasero y una paga decorosa. Solo les queda morir de una bronquitis en medio de la vía pública, defendiendo lo mismo que defendieron cuando la palmó el Tío Paco: libertad, justicia e igualdad.

En los últimos años el PP ha dilapidado 80.000 millones de euros en vicios, juergas, asuntillos propios, paraísos fiscales y corrupción, mucha corrupción. Ochenta mil. Todo ese dinero era de los ciudadanos, de los jubilados, de los parados y estudiantes, de los dependientes. Con ese dinero se habría podido rescatar a muchos desahuciados. Pero ellos prefirieron hacer caja B, darse al caviar carísimo, al Jaguar de lujo y al volquete de putas. En España la única economía que funciona es la rapiña y tenemos un Gobierno ladrón que lo ha robado todo (como en la canción de Perales): el futuro de nuestros jóvenes, el presente de nuestras familias y el pasado de nuestros viejos. La historia los juzgará. La historia pondrá en su sitio a Rajoy y a su cuadrilla de bandoleros. Mientras tanto, España no es país para viejos. Están esperando que los ancianos venerables de la tribu, los albaceas de nuestra auténtica memoria histórica, se mueran de asco y olvido para poder maquillar a placer los números criminales de las estadísticas y la Seguridad Social, o mejor, de la Inseguridad Social. Están esperando que los jubilados caigan fulminados por agotamiento y hastío para darle la puntilla final al pacto de Toledo, a la socialdemocracia, al contrato social y al Estado de Bienestar. El de los viejos es un progromo perfectamente previsto, planificado y guionizado. Un genoicido silencioso y a largo plazo, un siniestro plan quinquenal del capitalismo caníbal. Pues si no hay dinero que se lo traigan de Suiza, coño. Y si Rajoy no sabe arreglar el desaguisado que haga la maleta y se vuelva de una vez por todas a su retiro dorado en el pazo de Pontevedra lleno de placidez, felicidad, riqueza y nécoras. Que seguro que a él si le llega la pensión.

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