Editoriales, Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, L'Avi, Número 93
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Editorial: Forges, el último genio

Viñeta: Iñaki y Frenchy / L’Avi. Viernes, 23 de febrero de 2018

   Editorial

Aquella tarde en el Centro Niemeyer de Avilés, un hombre sabio de sonrisa tierna daba una de sus habituales charlas hipnotizantes. El Auditorio estaba lleno y el público se rió hasta no poder más con sus anécdotas, recuerdos e ideas brillantes sobre la vida. Al término del acto, los fans guardaron cola religiosamente ante la mesa del hombre sabio para que les firmara alguno de sus libros y dos periodistas de Revista Gurb subieron al escenario para pedirle una entrevista. Los reporteros se acercaron al gran gurú del humor gráfico español temiéndose que la respuesta sería un “no” bajo cualquier pretexto o excusa peregrina, esas coartadas fáciles que suelen poner los supuestos artistas consagrados cuando se quieren quitar de encima a un reportero que no trabaja en El País o en El Mundo. No tengo tiempo, póngase en contacto con mi agente, ya veremos…

Sin embargo, para sorpresa de los plumillas de esta modesta publicación, el hombre sabio estrechó sus manos cálidamente, como si los conociera de toda la vida, y les dijo: “¿Pero sois vosotros los de Gurb? Si yo os conozco, soy lector vuestro. ¿Cuándo queréis hacer la entrevista?” Los redactores de esta casa se quedaron petrificados ante tanta amabilidad. Esperaban encontrarse ante un ser endiosado y se encontraron simplemente ante un colega de profesión, ante un amigo, ante un ser encantador. Los dos periodistas pasaron uno de los mejores ratos de sus vidas charlando con el hombre sabio, que incluso se entretuvo dando unos consejos a esta revista para mejorar sus contenidos. “Cambiad más a menudo la viñeta de portada, que se vea periodismo, que se vea periodismo. Ah, y poned los dibujos en tamaño más grande, que a veces no se ven bien en el ordenador”, dijo con la fuerza e ilusión de un becario que empieza en el oficio. Aquella misma tarde le enviamos un cuestionario con las preguntas por correo electrónico y un par de horas después ya teníamos sus respuestas. Los hombres sabios no suelen ser holgazanes ni perezosos, sino trabajadores incansables. Los dibujantes de Gurb le dedicamos nuestro número especial de aquella semana como padre del humor gráfico español que era y él nos los agradeció tuiteando la entrevista entre sus fans, cosa que no olvidaremos jamás.

Hoy ese hombre sabio nos ha dejado.

Forges no solo pasará a la historia como uno de los patriarcas del humor español, a la altura de Jardiel, Mihura, Bergamín, Gila o Gómez de la Serna, sino como un humanista en toda la dimensión de la palabra y un genio de su tiempo precisamente en una época en la que se abusa de ese término. Hoy todos pretenden ser geniales. Hay supuestos genios de la literatura, de la música, del cine, del arte en general. Los genios abundan como las setas pero cuando se profundiza en la personalidad de esos candidatos a inmortales nos encontramos con lo vacuo, lo trivial, lo manido, lo impostado, lo pedante, lo mediocre o lo grosero. Las redes sociales nos abruman con mensajes de tuiteros que se creen geniales solo porque sueltan cuatro chascarrillos diarios adornados con miles de likes tan intrascendentes como sus autores y porque se vanaglorian de haber publicado un libro en autoedición barata. Hay overbooking de falsos genios que en realidad no son más que farsantes, oportunistas, mamarrachos. Por eso, en estos tiempos superpoblados de impostores, que se nos vaya un genio de verdad, uno de los pocos que le iban quedando ya a este país de incultos y violentos, no solo es una mala noticia, sino una tragedia nacional. Qué vamos a decir de Forges que no se haya dicho ya: que no hizo una sola viñeta mala en toda su vida (y eso que firmó más de 250.000 a lo largo de su dilatada carrera periodística) que creó palabras como “bocata” que utilizamos cada día sin darnos cuenta, que nos enseñó nuestra historia más dramática y gloriosa, que nos sacó una sonrisa mañanera ante un donut y un café con leche antes de adentrarnos en la jungla de asfalto llena de empresarios caníbales, curritos alienados, funcionarios absentistas, futboleros, ciudadanos acomplejados, pijas, viejas posmodernas, curillas ensotanados, políticos trincones y demás fauna patria, personajes todos a los que Forges retrató con maestría, elevándolos a la categoría de arquetipos universales.

En esta España donde parece haberse instalado de nuevo la figura del censor/inquisidor, donde los cuadros son retirados de las galerías de arte por políticamente incorrectos, donde se encarcela a raperos por las letras de sus canciones (ya sean de mejor o peor gusto) y donde se multa a cualquier artista que se atreva a meterse con el obispo o con el rey, la desaparición de nuestro más genuino librepensador, de un auténtico creador como Forges que con su lápiz sacó punta a los vicios y costumbres de los españoles, supone una pérdida irreparable que llega en el peor de los momentos, justo cuando la libertad de expresión se ve amenazada como nunca antes había ocurrido en nuestra democracia reciente. Forges nos deja huérfanos de su humor tierno pero corrosivo, ese que ya no se lleva porque ahora se estila el brochazo grueso, el insulto pedestre y la mala baba.  Se nos ha muerto un familiar, un padre, un hermano, un abuelo. Adiós a esa carcajada saludable de las ocho y media de la mañana en medio de un vendaval matutino de malas noticias y políticos impresentables que remueven la bilis. Adiós a un humorista universal que ha marcado una época.  Adiós, maestro “formideibol”.

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

L'Avi

@AviNinotaire

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