Aitana Castaño, Número 93, Opinión
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Cosas de la mina

Por Aitana Castaño. Viernes, 23 de febrero de 2018

@Sairutsa

ZONA DEPRIMIDA. En Les Cuenques, en los últimos años, hemos perdido 26.000 puestos de trabajo directos de la minería. Ni se sabe el número de empleos vinculados a la minería en mayor o menor grado. Y con ellos se han ido empresas, servicios… Y con ellos, sobre todo, se fueron también muchísimas personas, miles, miles, miles. ¡Uf! No os lo podéis imaginar. A veces te paras a pensarlo y te sorprendes. A veces te paras a pensarlo y te duele. Pero como tiendes al optimismo feroz dices: bueno, no pasa nada. Cosas peores aguantaron estas cuencas mineras: guerras, posguerras, dictaduras, esquilmes de su tierra y su medio ambiente, esquilmes de los fondos destinados a recuperar todo ello (esto último da para enciclopedia y sainete y tienen nombres y apellidos).

Con esta larga y reescrita introducción (borré y empecé de nuevo a escribirla como diez veces, sobre todo por los nombres y apellidos) quiero decir que si la Universidad de Oviedo, el Principado de Asturias, o ambas dos, instauran en la región un grado de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (antiguo INEF) y no lo hacen en la Escuela Politécnica de Mieres, que ya tiene casi todas las instalaciones construidas por contentar a Gijón o por contentar a unos guajes que no quieren coger un bus a Mieres por la mañana que está frío, será para cagarse en diola… (iba a poner “cagarse en Dios”, pero fuera de las susodichas cuencas suena fatal lo de cagarse en dios). Así que yo lo tengo claro: #INEFenMieresmecagondiola

SAVIA NUEVA. Y después de este speech técnico lo único que os pido es que, por favor, no os liéis con ningún plumilla del periódico. Y mirar que os estoy diciendo “plumilla” como término inclusivo, me da igual que sea tío que tía. No os liéis con ellos. Evitarlos. Lo único que van a hacer es volveros locos.. y locas. Son de otra raza que nada tiene que ver con nosotros. La subdirectora del periódico escuchó esta frase y se levantó intentando no hacer ruido. Se apoyó en el quicio de la puerta de su despacho para seguir de cerca el discurso que el jefe de fotógrafos les estaba dando en la redacción a los estudiantes de fotografía que habían llegado al periódico justamente ese día, 14 de febrero, para realizar sus prácticas. Los tres chicos y las dos chicas que estaban sentados frente al veterano fotógrafo lo miraban con los ojos muy abiertos. Había de todo en aquellas jóvenes miradas: ironía, vacile, aburrimiento y hasta miedo. Después de 25 años por aquellos pasillos la subdirectora había aprendido a leer lo que decían los ojos de los mocosos de prácticas.

AMOR EN LA REDACCIÓN

–Entonces, a ver, ¿qué es lo más importante que acabo de deciros? –preguntó el fotógrafo en voz alta mientras recogía en su mochila los objetivos de la cámara.

Una de las dos chicas levantó la mano tímida.

–¿Que no nos liemos con los plumillas del periódico? –respondió preguntando.

Una tos oportuna de la subdirectora interrumpió al fotógrafo que iba a afirmar con rotundidad un “exactamente”. Miró hacia la dueña de esa tos y sonrió:

–Exactamente… A no ser, claro, que os enamoréis.

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