Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 91, Opinión
Deje un comentario

Time’s (not) up

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi. Viernes, 26 de enero de 2018

@lidia_sanchis

A las tres, la televisión vomita las noticias de siempre. Alguien sobornó a alguien; alguna información fue manipulada; algún periodista, algún juez, o quizá ambos fueron comprados; alguna mujer murió a manos de su ex pareja, una secuencia sintáctica esta tan inexacta que también da ganas de vomitar: no murió sino que fue asesinada; ni las manos que la ejecutaron ni el corazón del verdugo eran blancos. La imagen de un hombre entrando, cabizbajo, en una sala judicial les hace apartar por un momento la vista del plato de puchero. El tipo es Larry Nassar, un médico que abusó sexualmente de más de cien niñas atletas. Fue el máximo responsable médico del equipo de gimnasia de EE.UU durante casi dos décadas, explica la voz en off de la televisión. El depravado acude hasta la jueza Rosemarie Aquilina custodiado por una agente de policía rubia, grande, gorda. El viejo que mira la tele y come el puchero escupe en voz alta lo que él considera un chiste. O quizá no. Suelta entre risas que cómo es que la mujerota se arrima tanto al acusado, que si no será que ella también quiere que él le toque algo. Nassar, que restregaba su polla en los pies de las niñas, que metía sus asquerosos dedos por orificios que debían ser sagrados para un adulto, para un médico, para cualquier ser humano digno de tal nombre; Nassar, que se comportó como jamás lo haría el animal más feroz de la jungla; Nassar, causa directa de un suicidio y de, al menos, un intento de otro, culpable de haber destrozado la vida de cientos de niñas, es un hombre con un poder tal que si posara su mirada en una gorda y desgarbada agente de policía de Michigan, esta sería redimida del pecado de no ser atractiva. Al menos, a los ojos del viejo que mira la tele y come puchero. A los ojos de tantos viejos y jóvenes que se creen superiores  porque tienen entre las piernas un rabo que, en algunos casos, ya solo les sirve para mear.

Las mujeres de Hollywood se vistieron de negro para acudir a la gala de los Globos de Oro 2018, los Golden Globe Awards, un reconocimiento de la prensa extranjera de Los Ángeles a la excelencia de actores y actrices de la televisión y del cine. Vestidas con ese ingenioso aliño indumentario quisieron denunciar el acoso sexual generalizado que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo; es decir, a causa de haber nacido con un par de gonosomas de la misma clase (XX), mientras que en los machos, oh, gracia divina, la pareja es XY. En el bar, un grupo de gente –jóvenes, de mediana edad, ancianos– ve y escucha en la televisión el relato de la entrega de premios  y el emotivo y sentido discurso de Oprah Winfrey. “Hablar y decir la verdad es la herramienta más poderosa que tenemos todos”, dice la gran dama de la televisión para referirse a las mujeres que han sido capaces de denunciar abusos de productores como Harvey Weinstein, o de actores, o de directores, o de guionistas, o de montadores, o de operadores de travelling. Todas esas mujeres, con sus chanel, sus dior o sus gucci, esplendorosas, reivindicativas, de negro funesto pero elegante –al fin y al cabo, esto es Hollywood–, con vestidos que cuestan más de lo que muchas de las que las miran ganarán en un año. O en dos. Time’s up, dicen en sus discursos esas féminas empoderadas. Time’s up. Se acabó el tiempo.

Se me acaba el tiempo, me asomo al abismo, se me escurre la vida. Pero quiero que sepa que yo sería capaz de follar con usted, caballero, que me da tanto asco, con tal de que mis hijos tuvieran para comer. Y, si acaso usted me lo pidiera, le chuparía la amoratada y asquerosa polla y rezaría para que le gustase lo suficiente y durante suficiente tiempo para que eso pagara el pan de mis hijos. De los cuatro. Porque lo que me distingue de usted y de los de su especie no es la dignidad de la que ustedes presumen porque están de pie mientras les hacen una felación, sino la responsabilidad. Hacer lo que hay que hacer. Buscar un bien aunque sea en la ciénaga. Ustedes no, no son de esos. Ustedes jamás se arrodillarían a comerle el pene a nadie ni aunque de ello dependiera la subsistencia de los suyos. Claro que no lo harían. Por dignidad. Una cualidad moral de la que las mujeres, obviamente, carecemos. Estamos hechas para que un malnacido obtenga placer restregándose contra cuerpos de niña de seis años. Para que un tipo de pelo grasiento decida si volveremos a trabajar más o no, y es igual que ese trabajo esté en la Meca del cine o en el bar de la esquina. Para que a un viejo le parezca que tiene más valor un cerdo pederasta que una mujer policía porque esta es gorda. Porque es mujer. Porque está hecha, como todas nosotras, para vivir de rodillas. Time’s up? Y una mierda.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

L'Avi

@AviNinotaire

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *