Artsenal, Humor Gráfico, Número 90, Opinión, Víctor J. Maicas
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¿Hasta qué punto están llegando?

Por Víctor J. Maicas / Viñeta: Artsenal. Viernes, 12 de enero de 2018

Víctor J. Maicas

O mejor dicho, ¿qué es lo que nos quieren hacer creer, que de determinados temas, sobre todo los cruciales, el pueblo en general no tiene ni idea y solo los técnicos pueden opinar sobre ello? Es decir, que sobre economía solo pueden hablar los economistas, sobre justicia los jueces, sobre leyes los abogados y sobre política los políticos.

Pues miren, para opinar sobre cualquiera de esos temas, sobre todo si afectan en gran medida a la población, cualquier persona que tenga un mínimo de inquietud y se informe sobre ellos a través de los numerosos estudios ya realizados acerca de estos temas, puede valorar lo que más le conviene sin tener que doctorarse en la materia. Y es que la “cultura general” no se adquiere en ninguna universidad especializándose de algo en concreto durante cinco o seis años, sino que esta, es decir, la cultura, se adquiere fundamentalmente a lo largo de toda nuestra vida con el estudio diario y el razonamiento de todas esas materias o cuestiones aprendidas. No, no es más culto quien más títulos pueda exhibir, sino el que más conocimientos de todo tipo albergue en su mente y además sea capaz de razonarlos (como he dicho tantas veces, un claro ejemplo de esto son Saramago y Benedetti, los cuales no adquirieron precisamente sus grandes conocimientos por medio de títulos académicos).

Porque por ejemplo, en economía, a la mayor parte de la población le interesa bien poco cómo se hace una OPA hostil o una ampliación de capital en el mercado bursátil. Pero sin embargo, para calibrar si un tipo de economía apuesta por el bien común de la sociedad o en cambio por unos intereses sectarios, cualquier ciudadano que se informe mínimamente sí está capacitado para opinar sobre tal cuestión. Y si en lugar de economía hablamos de leyes, probablemente el ciudadano de a pie no sabrá cómo ni de qué forma se presenta un recurso judicial, pero en cambio sí está preparado (si como digo se informa y tiene inquietudes al respecto) para valorar si una ley es justa o no para el conjunto de la sociedad (porque además en este caso más que de leyes estamos hablando de justicia social).

Y al hilo precisamente de la justicia, es absurdo hacernos creer que los jueces son infalibles y los únicos capacitados para hablar precisamente de justicia cuando todos sabemos que, como seres humanos que son, tienen el mismo riesgo de caer en la corrupción que cualquier otro mortal. Y bueno, respecto a la política, ya resulta hasta esperpéntico hacernos creer que algo tan fundamental en nuestras vidas (ya que de la política dependen las leyes que nos rigen y por ende nuestra propia calidad de vida) solo puede ser tratado por alguien que se dedique profesionalmente a ello.

Sí, como digo, últimamente desde determinadas élites de poder y desde muchos medios de comunicación (ligados íntimamente con el poder), se está intentando hacer creer a la población que si uno no es doctorado en una materia en concreto su opinión no es más que una mera anécdota. Aunque eso sí, paradójicamente, aunque no tengamos el carné de entrenador o jugador profesional de ningún equipo, sobre fútbol todo el mundo está capacitado para opinar. Es más, no es que se nos dé a entender que estamos capacitados, sino que además se nos incita a ello. ¿Por qué será?

Pues ya ven, si por un tiempo pensamos que la sociedad cada vez tenía más cultura y por lo tanto empezaba a estar más preparada para decidir con más garantía sobre el futuro de la sociedad, ahora resulta que desde determinados estamentos nos quieren convencer que solo estamos preparados para opinar acerca de aquello a lo que profesionalmente nos dedicamos. O sea, que un médico solo sabe, y exclusivamente puede opinar, sobre medicina. El maestro sobre educación, el albañil sobre ladrillos, el arquitecto sobre edificios y el parado sobre… ¿sobre lo injusta que es la sociedad, o sobre eso solo pueden opinar los jueces?

En fin, pues espero que, por el bien de todos, la mayor parte de la sociedad siga informándose y debatiendo sobre política, sobre justicia, sobre economía y sobre leyes, puesto que de lo contrario en lugar de vivir en una democracia lo empezaremos a hacer en un sistema en el cual los tecnócratas dirigirán nuestro futuro por donde les venga en gana a los de siempre, a esa pequeña élite que ocupa el poder y que controla la mayor parte de los medios de comunicación para manipular al pueblo según sus propios intereses particulares. Los intereses de ellos, claro está.

Así es, la cultura es vital, pues si se consigue empoderar a la ciudadanía a través del conocimiento y la reflexión, sin lugar a dudas crearemos una sociedad mucho menos manipulable para disgusto, claro está, de esas élites de poder.

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