Número 91, Opinión, Óscar González
Deje un comentario

Odio de clase

Juan Antonio Alcaraz, director general de Caixabank (antes La Caixa).

Por Óscar González. Viernes, 26 de enero de 2018

@Morgoski

Les cuento: estaba decidido a escribir para este número una carta al patriota español –el de la banderita y el “a por ellos”–, porque esto es una revista satírica y ahí hay un buen caladero. Sin embargo, mientras buscaba tres o cuatro ejemplos para ilustrar las chanzas y chascarrillos, me he encontrado con unas declaraciones del señor Juan Antonio Alcaraz, director general de Caixabank (antes La Caixa), y se me han quitado de golpe las ganas de hacer bromas y me han salido las de dar hostias, así que voy a ello.

En el año 2008, cuando la crisis financiera ya no podía ser negada, era cliente de La Caixa. Tenía suscrito con esta entidad un préstamo a tipo variable con garantía hipotecaria que había usado para abrir una pequeña empresa de servicios. Un día, hacia la última hora de la mañana, me llamó un empleado de la entidad: quería hablar sobre dicho préstamo.

Me explicó que tenían un servicio de asesoría financiera y que estaban llamando a las empresas para recomendarles que cambiasen sus hipotecas variables por hipotecas a tipo fijo (y aún no se había viralizado lo de los dos imbéciles puestos hasta el culo), ya que “salían un poco más caras, pero daban estabilidad” a los pasivos de la empresa, “y eso siempre es bueno”.

Me quedé unos segundos sin saber qué decir. Respiré e hice dos preguntas: ¿en un escenario de crisis económica no cabe, razonablemente, suponer que los tipos de interés van a bajar? Y, en ese escenario, aceptando lo que me proponía… ¿quién saldría ganando? ¿La Caixa o yo?

Se hizo un silencio al otro lado de la línea, mucho más elocuente que cincuenta argumentarios de come-ollas. Con educación y amabilidad (al fin y al cabo, el currelo de banca no es menos pringado que ustedes o yo) rechacé la oferta, no sin explicarle que me parecía una vergüenza que se estuviera tratando de engañar así a la gente. Al año siguiente, los tipos de interés habían bajado un 50%. Cuatro años después eran una décima parte que entonces.

Yo venía de trabajar en finanzas y algo había aprendido. Muchos otros, seguro, no tuvieron esa suerte.

Por si el ejemplo anterior no es lo bastante ilustrativo del nivel de sinvergonzonería con el que se conducía –y por las declaraciones de Alcaraz, todavía se conduce– la banca española, no está de más recordar las preferentes.

El periodista Andreu Missé, en su imprescindible La gran estafa de las preferentes, cuenta que Caixabank (por entonces aún La Caixa) fue la primera entidad financiera española en colocar este tipo de productos al por mayor, unos 3.000 millones de euros entre 1998 y 2003.  Lo hizo, por cierto, a través de las Islas Caimán, que como todo el mundo sabe es un sitio donde nunca pasa nada irregular con el dinero, pero vamos a dejar ese asunto para otro momento.

 

El argumentario que se entregaba a las oficinas para defender estos productos incluía, entre otras mentiras, que tenían “liquidez garantizada desde el primer día”, que eran “fácilmente comprensibles” o que su target comercial era un perfil de cliente “conservador”, así como “clientes de ahorro a plazo de cinco o más años con vencimientos próximos”. Vayan a saber ustedes por qué, aunque seguro se lo imaginan.

Solo con estos dos ejemplos –hay más–, un mínimo de vergüenza debería llevar al señor Alcaraz a no decir cosas como que “no se puede hablar de falta de transparencia” en la comercialización de productos financieros. Por desgracia, la vergüenza es un pasivo en temas financieros y, al fin y al cabo, a quién no se le ha calentado la boca cuando está de farra con los amiguetes, ¿no? Pues eso.

Alcaraz ha dicho también que lo de los desahucios es una “leyenda urbana” (sic) y que “(La Caixa/Caixabank) no hemos desahuciado a nadie” y que “es un tema muy demagógico ya que (nosotros) hemos refinanciado deuda con las fórmulas más imaginativas posibles”.

Empecemos por la primera parte: según Alcaraz, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca miente en su informe de 2013 Emergencia Habitacional en el Estado Español, en el que se presenta un ranking de las entidades que más ejecuciones y desalojos habían practicado hasta la fecha. En él, La Caixa hace podio, siendo la tercera entidad tanto en ejecuciones hipotecarias (cuando el banco se queda con tu casa) como en desalojos (cuando la policía se pone al servicio de los intereses de esta gentuza y viene a tirar la puerta abajo para que te vayas a dormir a la puta calle), por detrás de Bankia y BBVA.

Respecto a la segunda cuestión, volviendo a mi experiencia, en el año 2010 cerré la empresa, yéndome al paro una temporada larga y no pudiendo pagar íntegros los más de 700 euros mensuales que me costaba el préstamo. Cuando me puse en contacto con la entidad para negociar una solución, me hicieron una magnífica oferta: ¿tienes algún otro bien que aportar o algún avalista? Si la respuesta era no, se acababa la negociación. Llámenme raro, pero muy creativo no parece.

Me consta por los testimonios de muchos miembros de la PAH con los que he estado en contacto que mi caso no fue único. Pero Alcaraz, como un señorito de esos a los que el proletariado ruso pasó a cuchillo en la Revolución de Octubre, puede decir lo que le salga de la voluntad, porque él juega en el bando del capital y para esos siempre hay barra libre. De impunidad o de putas, depende de la hora del día.

“Ahora lo que está bien visto es no pagar las deudas”, continúa. Yo diría que lo que no está bien visto es venderle a alguien un producto que no entiende y que tú mismo eres consciente de que no va a ser capaz de pagar. Tampoco está bien visto que esto se haga desde una posición de absoluta desigualdad entre las partes, no solo ya en la información disponible (¿cuánta gente creen que cuando recibió la llamada que les he relatado al inicio dijo sí al no saber que el Euríbor solo podía bajar?) sino incluso en el tratamiento que la Ley Hipotecaria y la Ley Procesal Civil dan al procedimiento de ejecución (por ejemplo, permitiendo que el ejecutante se adjudique el inmueble por un 50% de su valor de tasación con pequeñas “artimañas”), ni las deudas vitalicias derivadas de dichos procedimientos, una suerte de muerte civil en vida para los afectados que un día nos avergonzará como sociedad por haberlo permitido pero que a gentuza como la que hoy nos ocupa le parece materia para trivializar. Tampoco es que nadie se haya muerto o suicidado por un desahucio, ¿no? No será para tanto…

Lo que se le ha pasado comentar al señor Alcaraz es que la banca sí tiene tendencia a “olvidar” sus deudas, tal vez se refiera a eso. Olvida pagar, por ejemplo, las cuotas a la comunidad por los inmuebles que se adjudica, pero también las indemnizaciones por las preferentes o las devoluciones por las cláusulas suelo. Se le olvida devolver las comisiones ilegales por descubiertos o tarjetas, así declaradas por el Banco de España, y los más de 80.000 millones de euros que nos ha costado pagarles la fiesta y los volquetes de putas mientras ellos desahuciaban a “Conchita, Ladislao y otros cincuenta vecinos”.

La desvergüenza de una intervención como la de este pez gordo, de esos que suicidan gente con una estilográfica, demuestra una vez más que la salida de la crisis que ha vivido este país ha desplazado el eje ideológico de la sociedad a la derecha. No tendrá que tragarse sus palabras, ni rectificarlas, ni nada. Se repetirá la misma historia de siempre, los culpables convencerán a las víctimas de que la culpa de lo que les ha ocurrido es solamente suya, por vestirse provocativas para caminar por una calle oscura o por haber confiado en que “el banco amigo” iba a velar por sus intereses y no los engañaría.

Personalmente, este tipo de personajes me despiertan una cosa muy jodida: el odio de clase, aunque eso de las clases sociales sea también, hoy por hoy, un significante cada vez más vacío.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *