Maya Correas, Número 90, Opinión
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La insoportable levedad del machismo

Por Maya Correas. Viernes, 12 de enero de 2017

Maya Correas

Porno duro. En los años setenta y ochenta, incluso en los noventa, si un adulto quería tener acceso a la pornografía, tenía que dirigirse a salas de cine X o ir al videoclub y alquilar una cinta. La pornografía no estaba al alcance de los niños con tanta facilidad. Cierto, estaban las revistas del hermano mayor y luego a altas horas de la madrugada emitían en televisión algunas de esas películas. Todo cambió en la era digital y en internet. De pronto era sencillo acceder a sitios de adultos, y no solo eso, los contenidos de las filmaciones porno también cambiaron drásticamente. Desde las casi ñoñas pelis de los setenta, llenas de alemanas que iban a retozar al campo, hasta las más sofisticadas de los noventa, con candelabros y castillos, el asunto fue cambiando poco a poco para derivar en el porno actual donde muchas escenas parecen inspirarse en snuff movies y lo que interesa no son la diversidad de posturas o escenarios sino subyugar y sobretodo humillar a la mujer. En los colegios se da educación sexual, pero consiste en métodos contraceptivos, ETS o funcionamiento de los órganos sexuales, no información psicoactiva, y los niños prepúberes, cada vez a edades más tempranas, se dedican a buscar en la red las respuestas a sus preguntas. Se encuentran con un sexo violento que da un trato humillante a la mujer y lo reproducen más tarde, puesto que así se supone tiene que ser. Luego no nos extrañemos de ver noticias como la de La Manada o que un niño de trece años ha violado a la vecinita. Es el precio que estamos pagando por tolerar la aberración.

Galanteos y piropos. En el país vecino algunas mujeres, la actriz Catherine Deneuve entre ellas, han firmado un manifiesto en contra de algunos planteamientos sobre el acoso a las mujeres (gracias, piropos, groserías, intentos de seducción inoportunos… etc), todo aquello que muchos hombres piensan y practican como técnicas de seducción. La promotora de esta iniciativa es Catherine Millet. Para el que le interese saber quién es esta individua, puede mirar su currículum en Google. A mí me bastó con echar una ojeada a uno de sus libros donde da testimonio de su vida sexual. Aquí una frase edificante de la autora: “Lamento mucho no haber sido violada porque podría dar testimonio que de una violación se sale”. Eso, guapa, casi como de una caída o un corte en el dedo pelando la cebolla. Los masoquistas y los psicópatas están de moda y crean opinión. Otra cosa es que lo que diga tenga alguna utilidad, salvo para los aficionados a las insalubres pajas mentales.

Beneficencia. Se ha descubierto un aspecto sórdido más de lo que son los bancos de alimentos oficiales (¡ojo! no hablo de los que organizan asociaciones de vecinos con su esfuerzo y que fastidian después estos mamones de la caridad que tienen la patente). A veces es un negocio que desgrava u otorga subvenciones o gratificaciones. Pero sobre todo, es un negocio en manos de los rancios opusdeístas y la santa mierda de Iglesia de este país. Es caridad, como en los tiempos de Paquito, pero con una pátina de actualidad, que queda más estética.

La declaración de Rodrigo Rato. Nos mean y dicen que llueve. Mi pregunta es: ¿por qué nos dejamos humillar de esa manera? Este detritus es solo un paradigma de lo que privilegia una sociedad indigna: a los miserables.

Ha nevado en el Sáhara y el blanco radiante ganó al brillo del cálido dorado. A veces las cosas ocurren, ocurre que los que no han visto el mar, pero sí arenas, viento y áridas dunas, juegan a tirarse bolas de nieve como en una estación de invierno en las verdes montañas suizas.

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