Ben, Humor Gráfico, Número 90, Opinión, Tonino Guitián
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La evidencia

Por Tonino Guitián / Viñeta: Ben. Viernes, 12 de enero de 2018

@toninote

Últimamente varios amigos me han enseñado una pulsera que les indica cuántos pasos han dado al cabo del día. El artilugio es ingenioso y mejora en exactitud mi natural contador orgánico de caminatas: los juanetes. Lo que no entiendo es para qué quieren saber el número exacto de sus pisadas, puesto que el aparato no indica si las han dado deambulando por un supermercado o andando solamente por la alfombra roja de la Real Academia sueca. No es lo mismo un empleado que cuenta la caja que su jefe, que sí conoce el beneficio de esos números.

La gente que siempre quiere tener la razón usa la estadística para aplicarla a sus ciencias sociales particulares y poder dar lecciones a los demás en los posts de Facebook. Para apoyar la tesis de que los hombres somos más violentos que las mujeres, una amiga mía pretendía usar el número de varones en prisión, mucho más numeroso que el de las féminas. La afirmación es inexacta porque dicho número depende, no de la naturaleza masculina, sino de unos condicionantes que incluyen desde la educación hasta la acción de las hormonas. Mi amiga incurría en el mismo error que hasta el siglo XIX llevó a considerar la histeria como una enfermedad femenina que se curaba con masajes vaginales hasta la invención del vibrador terapéutico.

Es cierto que hay un número mayor de hombres condenados por delitos de violencia, pero si contamos también la razón por la cual las mujeres son condenadas encontramos que el mayor número de ellas lo ha sido por delitos contra la salud pública, sin que a nadie se le ocurra deducir que las mujeres son más propensas a distribuir drogas sin permiso o asegurar que se prostituyen en mayor proporción porque su naturaleza les induce a ello.

Mi amiga también afirma sinceramente, y sin duda lo ha leído en algún sitio, que los niños maltratados suelen usar la violencia cuando son mayores, pero que si son niñas son candidatas a recibir maltratos, creando así un humanismo selectivo desvinculado del carácter personal y de nuestra naturaleza animal, donde las vacas no embisten, las perras no muerden y las serpientes hembra, aunque practican el canibalismo sexual, prefieren tentar con manzanas del bien y el mal a señoritas sin ropa.

El caso es tener la razón, y si los números dan la posibilidad de descubrir las mejores ciudades donde vivir del mundo o el ranking de los diez mejores restaurantes de la ciudad sin necesidad de pensarlo por nosotros mismos y por nuestros juicios personales, ¿quién soy yo, vulgar hombre, y de letras, para resistirme ante tales evidencias?

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@BenBrutalplanet

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