Cipriano Torres, Número 91, Opinión
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Follar más para robar mejor

Por Cipriano Torres. Viernes, 26 de enero de 2018

@CiprianoTorres

Cuando lo veo andar como subido a muelles, dando los pequeños saltitos del sobrado, del chuleta de playa, del que se bambolea, del que se siente por encima de la media, incluso nota en su ingle el cosquilleo del que camina a unos palmos del suelo, cuando veo a Francisco Camps reír como él se ríe, así, medio en broma, disparándote la sonrisa porque estaría feo que te disparara con balas, sé que por dentro echa fuego, que no entiende lo que le pasa, que lo que le pasa no le está pasando a él, que cuando hablan de Camps y sus trajes y sus corrupciones, y su PP enfangado, y su cinismo, y su enorme hipocresía, en realidad quieren decir lo que le dijo el  pelanas Mariano Rajoy, que era el mejor presidente, que Valencia era un cohete en sus manos, que estaba dispuesto a ir a su derecha, a su izquierda, delante, detrás o arriba.

Pienso otras cosas cuando los veo, cuando veo a Camps y cuando veo a Rajoy, pero hay pensamientos que mejor es no cultivar. Por salud. De repente, porque los caminos de la corrupción llevan siempre a las puertas de las sedes del PP, ha vuelto el padre Camps a los altares del magacín, a la hornacina del telediario, al fuego vivo de los vídeos manipulados, y lo ha hecho como sólo él sabe hacerlo, negándolo todo con su sonrisa de curilla resabiado, con su risita de beato, seguro que odiando a Ricardo Costa por decir lo que ha dicho ante el juez en el banquillo de los acusados, por reconocer la caja b, la caja c, los sobres sobre la mesa, el trasiego de empresarios de la orden mendicante del que sabe que con esta gente, para recibir antes hay que dar, un Ricky de voz de goma, de pijo de la albufera, una voz que me recuerda a la de Rodrigo Rato, otro de la banda con mano larga y nula vergüenza. A lo que voy. Que la otra noche escuché a Nacho Duato, también valenciano, en la cara oculta de la luna de los mentados, hablar en el Chéster de Risto Mejide. Dice el talentoso coreógrafo que para ser buen bailarín hay que follar mucho, y bien.

El señor Mejide, un lince en esto de hilvanar ideas, saltó como un guepardo sobre la idea del folleteo, del ñaca ñaca. Ojalá, dijo, nuestros políticos también follaran más. Coño. Como estos días no deja de salir en la tele el ex presidente valenciano me lo imaginé dándole al gustillo con una mano y al rosario penitencial con la otra, me lo imaginé a calzón quitado enfrascado en el vicio del fornicio, en el pecado de la carne por la carne, y vi su anguilita tratando de entrar en la cueva amiga, y hasta quise escuchar algo parecido a un jadeo, pero por dios y por los santos, no sé qué es peor, si la visión del que organiza la mesa petitoria bajo amenaza de no pillar un contrato del gobierno o la visión del follador meapilas, aunque es verdad que estos sacristanes se vienen arriba y son capaces de guarrerías que el resto de mortales ni alcanzamos a imaginar, del mismo modo que somos unos pazguatos escrupulosos manejándonos con los rudimentos de la alta corrupción. Aunque ya sabemos que, como el rascar, el follar todo es empezar. Y el robar… Que no me tienten, soy vicioso, y me puedo perder.

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