Artsenal, Humor Gráfico, Número 90, Opinión, Xavier Latorre
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Estigmas

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal. Viernes, 12 de enero de 2018

Xavier Latorre

Hay pueblos que parecen elegidos por el designio de algún dios caprichoso; otros países que deambulan cada día por las portadas de los periódicos; hay etnias fustigadas por un vecino poderoso que les esquilma a manos llenas; hay gentes con una etiqueta colgada en el cogote que concita la violencia, que recibe palos por doquier. Si estás en una de esas listas negras es que te ha tocado la china, el Gordo de la lotería universal.

Los palestinos son de los pocos pueblos árabes que no guerrean entre ellos. Ya tienen a Israel que les vapulea de lo lindo o que los liquida impunemente porque simplemente han mirado mal a un colono judío que ha levantado un chalet más allá de donde marca el sentido común y algunos acuerdos, rápidamente mojados, firmados por dignatarios hartos (solo de boquilla) de tanta violencia y represión. No muy lejos de aquella maldita tierra prometida se establecen como pueden los kurdos. Un conflicto soterrado y enquistado que genera odios exacerbados. El problema kurdo sirve de coartada a terceros para resucitar viejos litigios.

En América, en las tierras prósperas de Trump (donde solo osa ponerles la cara colorada algún juez atrevido), se les bajan los impuestos a los ricos por la cara y, mientras, se laminan los derechos más fundamentales a algunos latinos que llevan dos décadas limpiando las casas de esos mismos magnates de la pela. Los salvadoreños han sido los últimos apestados por una Administración que los pone en el punto de mira cuando hay una ligera oscilación del dólar que contraría a Wall Street.

Las guerras de religión, la inestabilidad política y la pobreza obscena de África hace que los inmigrantes a bordo de una pateras de goma negra, o de unas inestables chalupas, crucen el mar en una especie de ruleta macabra para escapar de la muerte en tierra firme. Esos mismos sin papeles, que en los telediarios los denominan genéricamente subsaharianos, propician votos irracionales en muchos países europeos. Votos cargados de rabia y odio. Entre esos inmigrantes ilegales y los refugiados de la guerra siria han cargado de munición excluyente a algunos partidos de Centroeuropa que marcan una resignada y atemorizada agenda en el viejo continente y en la UE. Muchos de esos votantes, para más inri, profesan a ratos la religión cristiana.

Los venezolanos pasan malos tragos en las colas del supermercado pero han abierto la espita para que sean los parientes ideológicos de Podemos y de esa forma se les pueda atacar de forma inmisericorde y rebajar sus aspiraciones electorales. Antes de su precaria recuperación económica, el mal ejemplo para España fueron los helenos y sus dirigentes radicales de Syriza. Ahora Grecia, cabeza de puente para muchos refugiados que querían conservar sus preciadas vidas, ha desaparecido del mapa informativo, se ha esfumado de la actualidad. No queda ningún reportero estrella emitiendo directos desde la plaza Syntagma.

Los catalanes, otros que tal, son ahora el pueblo de moda. Su cotización electoral está por las nubes. La alta participación en sus comicios autonómicos puede ser en el futuro una fuente inagotable para algunos. El botín de guerra, exacerbado por las bajas pasiones de columnistas despiadados, ha hecho que el insulto, las descalificaciones y las vejaciones hacia ellos hayan nutrido de votos a un partido de laboratorio. Ciudadanos ha crecido más de la cuenta, sus dirigentes se han arrogado el rechazo generalizado a unos independentistas furibundos. Los catalanes se han erigido en productores netos de rentas electorales.

Cuando todos los telediarios compran el mismo monotema durante tanto tiempo revientan la convivencia y la hacen trizas. A ello ayuda sobremanera las declaraciones malsonantes e interesadas de políticos sin principios que solo miran los intereses que más lucran; que utilizan las señas de identidad, debidamente manipuladas en una u otra dirección, para cosechar votos incautos en cualquier rincón perdido de Cataluña y de toda España. Algo nefasto para nuestro futuro se cuece más allá de las pantallas de televisión o de las señales horarias de las emisoras de radio cuando ser español en Barcelona puede llegar a ser un estigma y también ser catalán en Zaragoza. El mundo está repleto de gobernantes mediocres que disimuladamente van cortando el bacalao a su antojo. ¡No se deje instigar gratuitamente! ¡Resístase a ser su altavoz de conveniencia!

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@ARTSENALJH

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