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Carme Riera: “Decir que vivimos en una España franquista es un disparate”

La escritora y académica de la lengua española Carme Riera. Foto: Centro Niemeyer.

Por José Antequera. Viernes, 12 de enero de 2018

  Entrevista

Alguien dijo en alguna ocasión que en la Real Academia Española de la Lengua deberían entrar más mujeres para sofocar ese extraño aroma a caballero dieciochesco que flota aún en el ambiente. La escritora y catedrática Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948) no solo ha entrado por derecho propio, sino que ocupa el sillón “n”, desde el que se emplea a fondo cada día para dar vida práctica a la añeja institución que vela por el idioma. Riera compagina su trabajo en diferentes comisiones de la RAE –como la de neologismos, junto a escritores como José María Merino y Vargas Llosa–, con su trabajo como catedrática de Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Barcelona, algo que en los tiempos que corren no debe resultar nada cómodo. “Como ya me conocen, como ya saben que soy constitucionalista (así me llaman los que me aman más, los otros me llaman españolista) ya no les parece nada raro que hable de literatura española y que además la defienda”, asegura la autora, que descarta que en la universidad catalana se practique el adoctrinamiento político. Pese a que buena parte de su obra está escrita en catalán, Carme Riera no da el perfil de catalana de pedrigrí que exigen los independentistas, pero no por eso deja de decir lo que piensa en sus columnas en periódicos como La Vanguardia. “No me corto, pero también pienso que soy funcionaria, es decir, soy catedrática de la universidad, todos los meses tengo una paga, y entiendo que hay gente que no la tiene y que tiene que vivir de los medios de comunicación, que tiene que publicar en sitios, y que a lo mejor se corta porque piensa que si dice tal o cual cosa no le volverán a llamar para una conferencia o no le volverán a pedir un artículo. Entiendo que también pueda pasar eso”. Autora de trece novelas escritas en catalán y castellano, en noviembre de 2015 recibió el prestigioso Premio Nacional de las Letras Españolas, engrosando la corta nómina de cinco mujeres que hasta el momento han logrado el preciado galardón.

Has comentado que te cuesta escribir en periódicos catalanes, ¿tanta es la presión del mundo independentista?

No me molesta por eso sino porque cuando se acerca el momento de entregar el artículo pienso: dios mío, de qué hablaré ahora.

El horror a la página en blanco…

Exactamente, a que la cosa no funcione. En cuanto a las críticas, me parece muy bien, la gente puede opinar lo que quiera.

Pero no cumples con los requisitos de pedigrí que los intelectuales independentistas requieren hoy en día…

No, en absoluto.

¿Se escribe con libertad en Cataluña o esa tensión que está en el ambiente hace que el escritor, el periodista, el intelectual, se corte a la hora de hablar, se retraiga para que no le llamen facha, por ejemplo?

Eso lo entiendo. Yo no me corto un pelo, nunca he dejado de decir algo pensando en el qué dirán. Tengo una hija que es muy graciosa que me dice: Pero mamá, es que no te van a poder ver, eso no lo digas, no escribas esas cosas. Y yo le respondo que me da igual, si me mandan al exilio pues ya me iré, no pasa nada, no al de Bruselas precisamente, sino al de Mallorca, que se está muy bien. No me corto, pero también pienso que soy funcionaria, es decir, soy catedrática de la universidad, todos los meses tengo una paga, y entiendo que hay gente que no la tiene y que tiene que vivir de los medios de comunicación, que tiene que publicar en sitios, y que a lo mejor se corta porque piensa que si dice tal o cual cosa no le volverán a llamar para una conferencia o no le volverán a pedir un artículo. Entiendo que también pueda pasar eso.

¿Cómo es el clima universitario en Barcelona, ha perjudicado el procés la convivencia entre jóvenes independentistas y españolistas?

Lo que ocurre en la universidad es que hay una gente que protesta y otra que acepta esa protesta. No veo tanto problema, lo que sí veo es un problema terrible en cuanto a que los alumnos vienen peor preparados, eso sí. En cuanto a la radicalización en dos bandos, en el día a día, yo no la veo, aunque es verdad que al recreo o a los pasillos o al bar de la universidad acudo poco. Supongo que entre ellos están bien, o no, no lo sé… Lo que sí te puedo decir es que entre los profesores esa radicalización no se da, claro que yo estoy en filología española. Hay profesores que están por la causa de la independencia pero por supuesto siempre de una manera civilizadísima. Nunca hemos tenido ningún problema en mi departamento.

Entonces hay brecha social…

Eso también por supuesto. Pero se nota tanto en la universidad como en la vida normal.

¿Hay adoctrinamiento en el sistema educativo catalán?

En la universidad en absoluto, por lo que yo conozco. Algunos dicen que lo hay en la escuela primaria y en los institutos. Pero yo te puedo hablar de lo que he vivido en la universidad. Allí, por descontado, por lo que puedo percibir y por lo que sé, no existe tal adoctrinamiento. En la gente que trabaja en mi departamento eso no existe, no sé en otras facultades, donde puede pasar. En cuanto a los institutos, sí que alguien me ha enseñado, y lo debo tener por algún sitio, por si te interesa, unas encuestas que se pasaron en algunos colegios preguntando a los niños si habían ido a la manifestación, si habían ido sus padres, y les pedían que escribieran una redacción sobre esa manifestación. Me lo rebotaron por ordenador y te puedo decir qué colegio era. Yo creo que eso no es correcto hacerlo.

¿Vivimos en una España franquista, como dicen los independentistas?

En absoluto. Eso es un disparate. Ellos no han vivido en la España franquista y fascista como yo.

Porque tú participaste activamente en los movimientos civiles y movilizaciones contra los últimos años del franquismo…

Naturalmente, éramos muchos los que luchábamos contra Franco, aunque se muriera en la cama después. Y también me movilicé contra la guerra de Vietnam y contra tantas cosas, en ese sentido, claro que sí. ¡Faltaría más! Si eres joven y no eres luchador vete a la porra. Ya tendrás tiempo de ser mucho menos activista pero por supuesto que sí. Por eso me parece un escándalo cuando dicen que estamos en la época franquista. Incluso alguna vez he tenido que replicar a los que dicen que el PP es un Gobierno que ha aceptado la corrupción. Evidentemente es posible que sí, tenemos a Bárcenas, tenemos una pila de casos, y la corrupción le salpica a ese partido, pero también hay que decir que están siendo juzgados, que el poder judicial está al margen de los otros poderes. Esto sería la demostración. Por lo tanto, de franquismo nada. No saben lo que nos costó conseguir las libertades que tenemos ahora.

Y en ese mundo académico catalanista imagino que existe cierta urticaria cuando te oyen hablar de literatura española…

Bueno, eso sí, pero como ya me conocen, como ya saben que soy constitucionalista (así me llaman los que me aman más, los otros me llaman españolista) y como ya saben qué es lo que opino, ya no les parece nada raro que hable de literatura española y que además la defienda. Mira que es una literatura potentísima y maravillosa y también es potentísima y maravillosa, por supuesto, la literatura catalana. Es decir, una cosa no quita la otra. Yo amo la lengua catalana tanto o más que la castellana.

En alguna entrevista hace dos años dijiste que no creías que la situación política en Cataluña fuera para tanto…

¡Claro, no era para tanto entonces, luego ha sido para mucho! En el mundo de la cultura se percibe que se ha enrarecido el ambiente, lo que pasa es que todos los que escriben en catalán, salvo tres o cuatro escritores, están con la causa independentista, cosa que no me ocurre a mí.

Nadas a contracorriente…

Exactamente, no sabes lo que me gustaría a mí participar de ese sueño maravilloso, pero es que no…

Debe ser agotador tener que mantener una posición ideológica no independentista con la que está cayendo allí…

Lo es, lo es, y además sucede que muchos de mis lectores se ve que son muy independentistas y les cuesta mucho aceptar que yo no lo soy. Además, he recibido cartas insultantes y de gente que dice que nunca más me volverá a leer. Pues cuánto lo siento, tienen un abanico muy grande de autores, no se acabarán los libros de este mundo, mientras no me lean a mí no pasa nada.

Pero en cualquier caso ese bloque independentista que tanto invoca la libertad de expresión debería entender que esa libertad de expresión pertenece a todo el mundo por igual…

Supongo que sí, yo te puedo decir que he estado en sitios muy independentistas, como el otro día en Cervera, y la gente ha sido absolutamente exquisita conmigo. Nadie me ha preguntado nada ni ha habido ninguna intervención, digamos, fuera de tono. En ese sentido tengo que decir que chapó. Incluso el año pasado me invitaron de Òmnium Cultural, en un pueblo y fui precisamente porque mi talante es absolutamente abierto. Recuerdo que la persona que me presentaba dijo: no coincidimos en las ideas políticas pero nos ha parecido interesante que vinieras. O sea que me parece un lujo. Chapó en ese caso para Òmium porque ya te digo que aunque siempre he expresado mis opiniones, creo que lo he hecho de una manera, digamos, no metiendo el dedo en el ojo, de una forma tolerante, como debe ser, y por tanto me encanta que me respeten también a mí.

Precisamente en algunas de tus novelas históricas como Dins el darrer blau y Cap al cel obert abordas la persecución que sufrieron los judíos mallorquines que fueron condenados a la hoguera por la Inquisición. Hoy parece que el fanatismo vuelve. ¿Temes una vuelta a aquellos tiempos medievales de persecuciones raciales?

Hombre, yo espero que eso no vuelva nunca, y que nadie vaya a la hoguera…

Bien, pero hogueras hay de muchos tipos, también ideológicas…

Por supuesto, y una escritora muy conocida aquí quemó la Constitución en un programa de televisión. Es decir, que eso de la quema de libros… Me hubiera gustado saber qué hubiera pasado si alguien hubiese quemado el Estatut, pero bueno, como también se lo pasaron por el forro.

¿Hay cansancio en Cataluña con todo esto del procés?

Mira, no podemos más, yo que escribo en La Vanguardia cada quince días, desde que pasó lo del 6 de septiembre todos mis artículos tratan del mismo tema. Ya no puedo más, me encantaría poder escribir sobre botones o sobre la pata de la silla en la que estoy sentada…

Volver a esa bendita rutina de antes del procés, cuando los periodistas escribíamos de simplezas sin importancia…

Exacto, exacto, de verdad, es que yo tengo un artículo en la cabeza sobre botones pero no lo puedo escribir porque en este momento no es lo propio. Por ejemplo, esta noche tengo una cena con una amiga muy querida, por su cumpleaños, y va a venir alguien que es de Esquerra Republicana y muy recalcitrante. Espero que podamos hablar de botones porque de lo contrario ya se arma. Bueno, ahora ya más seriamente, creo que la cosa está de bajada, que la cosa está más calmada pero que… Hombre, la aplicación del 155 a mí tampoco me gusta…

A ningún demócrata debería gustarle…

Naturalmente, cómo te va a gustar, pero es lo que le decía yo el otro día a un independentista: ¿Entonces qué? ¿Cómo funcionamos? Si os lo habéis cargado todo, ¿cómo funcionamos?

Hablando de otras cosas más interesantes que el procés, he leído que fue tu abuela Caterina la que despertó en ti, cuando eras niña, la curiosidad por contar historias, aunque ella no era de contar cuentos…

Ella lo contaba todo de una manera tan absolutamente fascinante que a mí me parecía que lo que contaba era mucho más que una novela porque era verdad y la forma en que lo hacía a mí me resultaba absolutamente maravillosa. Fue ella la que despertó en mí la pasión de escuchar y la curiosidad, que yo creo que para un escritor es muy importante. Lo más importante.

En tu producción literaria combinas ambas lenguas: escribes novelas y relatos en catalán y los ensayos en castellano, ¿por qué esa selección? ¿hay algún motivo que tenga que ver con el proceso creativo?

Lo que pasa es que yo también traduzco al castellano las novelas que escribo en catalán. A veces he contado que lo que me va mejor para reconocer mis defectos en la escritura en una y otra lengua es precisamente cuando escribo en catalán y la misma página la escribo en castellano. Como las lenguas para mí son cristales con las que ves el mundo, ese otro cristal de la lengua nueva, la del castellano, me ofrece la posibilidad de corregir el catalán. Y ese ejercicio es estupendo cuando lo puedo hacer. No siempre lo hago así, pero en las novelas en las que lo he hecho de esa manera es lo mejor.

¿En qué medida escribir en una lengua determinada influye en el resultado final de la novela?

Yo creo que no influye pero como te decía creo que las lenguas, en cierto modo, son reflejo del mundo y nos plantean opciones distintas de cómo vemos la realidad. No es lo mismo cómo ve la realidad un señor que vive junto al Mediterráneo que uno de Salamanca o Valladolid, creo que es distinto. Seguramente para alguien de la España del centro las puestas de sol serán muy diferentes en tierra que para alguien como yo que ha vivido junto al mar.

Me gusta mucho eso que dices de que el mar marca definitivamente al escritor mediterráneo. Miguel Delibes nunca habría escrito Tranvía a la Malvarrosa y Manuel Vicent tampoco Los Santos Inocentes

Por supuesto, eso es algo característico. El lugar donde has nacido y la lengua con la que te han hablado de pequeño imprime el carácter, de eso no hay duda.

¿Sigue habiendo prejuicios en España respecto a la literatura escrita en catalán, gallego y vasco? ¿Se siguen considerando lenguas de segunda?

Pues un poco sí. Yo siempre digo que un Estado que tiene más lenguas es más rico que un Estado monolingüe. Y en ese sentido yo creo que es muy interesante preservar esas lenguas.

Recibiste el Premio Nacional de las Letras en 2015. Solo cuatro mujeres lo han recibido, Rosa Chacel, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y tú. ¿Te acordaste de algún que otro machista en ese momento?

No, pensé que estaba muy feliz y contenta pero nada más. Además, cuando te pasa eso nunca piensas en esas cosas…

Pero no se suele dar ese premio a mujeres…

Pero este año hemos tenido a otra: Rosa Montero, la quinta. Y yo estoy encantada…

Entonces no hay más machismo en el mundo literario que en otros ámbitos de la vida…

Yo creo que el machismo existe en todas partes, piensa por ejemplo en el número de mujeres que están en las grandes empresas. No son muchas tampoco. En la cultura, aunque haya mujeres muy valiosas, el problema es el reconocimiento de esas mujeres. Pues en el mundo de la empresa es lo mismo, habrá mujeres con mucho talento que no se las habrá reconocido en los puestos dominantes. Es el problema de siempre.

¿Y tampoco la RAE es machista?

Creo que no, mis compañeros no lo son. Y si no, allí estaríamos nosotras para regañarles (sonríe)…

¿Estás a favor de utilizar el femenino de todas las palabras como en el caso de “miembra” o “fiscala” o te parece una exageración?

Hay gente que dice que es necesario, conozco feministas que dicen que es necesario, yo no lo veo así. Me da igual decir el médico o la médico, lo que sí que tendríamos que hacer es igualar los sueldos, más que igualar los términos. En el momento en que igualemos los sueldos nos podemos dedicar a otras cosas porque gana menos una portera que un portero.

Y lo de incluir la coletilla compañeros/compañeras, inscritos/inscritas, como hacen algunos políticos todo el rato. ¿Lo consideras necesario para avanzar en la igualdad o solo una moda de lo políticamente correcto?

Yo creo que es una fórmula política porque una vez que has dicho compañeros y compañeras ¿qué dices? ¿queridos y queridas compañeros y compañeras? La lengua tiende a la economía, no vas a estar todo el rato diciendo compañeros y compañeras, queridos y queridas, en fin, no sé… Hay que ir buscándole al adjetivo la posibilidad del género y una vez que has dicho compañeros y compañeras ya partes al masculino inclusivo. Sí es cierto que entre la palabra hombre y la palabra persona yo prefiero emplear persona porque es inclusivo. Al utilizar el término hombre queda mucho más marcado como una referencia al género masculino.

Participas en la comisión de neologismos de la RAE. ¿Es imparable la invasión de nuevos términos? ¿Es una batalla perdida?

Yo no creo que tengamos que decir que estamos ante una batalla perdida. Las batallas están para ser ganadas. Con lo cual vamos a lucharlo todo, a ser lo más combativos posible. Lo que sí es cierto es que como el mundo de la tecnología, que lo invade todo, se sirve del inglés, es complicado. Es verdad que el inglés tiene palabras muy cortas como selfie. No vamos a decir “hagámonos un autorretrato”. Es imposible. En eso sí nos tienen ganada la batalla, pero en fin, vamos a darla…

Pero decir selfie no significa lo mismo que autorretrato

Tienen acepciones distintas claro; en principio estaría la palabra autorretrato, pero no es posible utilizarla en lugar de selfie.

Le has declarado la guerra al emoticono, tan simpático y divertido como peligroso…

Claro, es que nos quita la riqueza del matiz, con el lenguaje podemos escoger entre veinte sinónimos que el emoticono no tiene porque aunque esté el emoticono que sonríe y el que guiña un ojo o sopla un corazón nunca será exactamente ese matiz que aporta el lenguaje. Cuando utilizamos el emoticono no hacemos el esfuerzo de escoger la palabra precisa, que es lo interesante.

Compartes trabajo en las sesiones de los jueves con eminentes compañeros como Vargas Llosa o José María Merino. ¿Cómo son esas jornadas?

A José María Merino le tengo una enorme simpatía, es un escritor estupendo y un compañero excepcional y ahora estoy en la comisión de neologismos con Mario, que es una persona muy simpática y amable. Y muy buen compañero, sin duda…

¿Qué piensas cuando escuchas que la RAE es un organismo caduco y trasnochado?

Ahora ya no tanto, antes podía pensarse eso porque las palabras que recogía el diccionario de uso las recogía después de observar que ya habían sido utilizadas durante mucho tiempo. Ahora ya no es exactamente así porque los medios que tenemos, la tecnología de la que disponemos lo que hace es recoger esas palabras casi al instante, cosa que tampoco hay que precipitarse porque en el caso de selfie, del que hablábamos antes, va a pasar de inmediato cuando ha existido ya un elemento técnico que ha sustituido a esa posibilidad del autorretrato.

¿Crees que es cierto que cada vez se habla peor?

Yo creo que sí porque las nuevas tecnologías han facilitado que la gente utilice menos palabras, a veces no más de trescientas. Si lo piensas, el vocabulario de los campesinos como los que recogía Delibes en sus novelas o de un pescador era muchísimo más amplio que el de ahora y eso en América todavía se mantiene. Yo he escuchado hablar a campesinos americanos en un lenguaje maravilloso en cualquiera de las naciones latinoamericanas e incluso siendo analfabetos.

De modo que es verdad que los españoles hablamos peor español que en América Latina…

Yo creo que sí.

Y si cada vez se habla peor, ¿cada vez escribimos peor?

La gente cada vez escribe más en las redes sociales pero escribe muy mal. Y cada vez pensaremos peor y seremos peores personas.

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