Número 91, Opinión, Rosa Palo
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El discurso

Por Rosa Palo. Viernes, 26 de enero de 2018

@Ebaezan

No seré yo, que me aprovecho de los trenes baratos y de las ofertas del Carrefour, que me amorro a los tipos más listos que conozco para sacarles las entrañas y que me pego como una garrapata a todo aquel que pueda beneficiarme, no seré yo, repito, la que critique a los que intentan sacarle el pringue a todo lo que pueden. ¿O sí? Pues miren, eso parece, porque al final voy a ser yo (entre muchos otros) la que ponga a caldo a todos aquellos que se han apuntado al discurso de Los Javis en los Feroz al recoger el premio por La Llamada. Porque las bellísimas, emocionantes e inspiradores palabras de Javier Calvo (que deberían poner los profesores en sus clases, que todos los padres deberían ver, que todos los niños deberían escuchar) han sido utilizadas por los partidos para subirse al carro. Y aunque estemos acostumbrados a que políticos impúdicos, con los egos más dopados que Lance Armstrong, se cuelguen medallas que no les corresponden arrimando tuit y cebolleta a todo aquel que pueda proporcionarles un voto, una foto o un buen titular, lo de González Pons dando las gracias a Javier Calvo por su valiente y conmovedor discurso ha sido el garrapatismo que más me ha chirriado. Afortunadamente, se han encargado de recordarle que el partido al que pertenece es el mismo que estuvo en contra del matrimonio homosexual, el mismo que se hizo una macedonia mental de peras y manzanas y el mismo que se sigue poniendo de los nervios con todo aquello que huele a LGTB.

No discuto que González Pons pueda haber sentido sinceramente las palabras de Javier Calvo, pero en su boca suenan a violín desafinado, a postureo, a morro que te cagas. Sólo falta que ahora enarbolen el discurso feminista, especialmente después de ver cómo contestó Rajoy a Carlos Alsina a su pregunta acerca de la desigualdad salarial entre hombres y mujeres. Lo de Rajoy es de otro planeta, en serio. Del planeta Raticulín. O del planeta de los simios, según el día. Ya están tardando sus asesores, que tienen que estar tomando orfidales como si fueran pipas, en colocarle una camiseta que ponga We should all be feminist para salir a andar por los caminos de España. Entonces yo, ya, me parto y me mondo.

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