Artsenal, Becs, Editoriales, Humor Gráfico, Número 91
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Editorial: El bochornoso espectáculo de un partido hundido en el fango

Viñeta: Artsenal / Becs. Viernes, 26 de enero de 2018

   Editorial

LA TERQUEDAD DE UN PRESIDENTE. Y en medio del vendaval de fango y basura que arrecia en la Audiencia Nacional y que salpica al PP de la Comunidad Valenciana, aparece M Punto Rajoy para decirnos que todo aquello ocurrió hace muchos años, que los que dirigían el cotarro ya no están, que agua pasada no mueve molinos, que a otra cosa mariposa, que chitón y a hablar de la crisis del Real Madrid, que es lo que toca. M Punto Rajoy pretende que demos carpetazo al atraco del siglo, que nos olvidemos de aquellos polvos que nos trajeron estos lodos, que hagamos la vista gorda al agujerillo insignificante de 45.000 millones de euros de deuda pública que nos dejaron sus chicos de la Generalitat mientras el dinero negro saltaba alegremente de bolsillo en bolsillo, del pantalón de Paco Correa al de Pablo Crespo, del maletín de El Bigotes al Infiniti de Ricky Costa empolvado de caviar, y así sucesivamente en un círculo viciosísimo sin fin. Dice el presidente de los “muy españoles y mucho españoles” que se ve con fuerzas para repetir, para presentarse de nuevo a las elecciones e incluso para ganarlas. ¿Pero cómo puede una democracia que se dice seria soportar otros cuatro años al responsable del régimen más corrupto que haya conocido España jamás? ¿Acaso no fue M Punto Rajoy quien le dijo a Pacocamps aquello de “yo siempre estaré detrás de ti, o delante, o a un lado”? ¿Acaso no fue M Punto Rajoy quien calificó a Carlos Fabra de ciudadano ejemplar? ¿Acaso no avaló él con su verborrea decimonónica y sagastacanovina a todos y cada uno de los gánsteres y sátrapas que han puesto sus sucias posaderas en las taifas autonómicas del Estado? ¿Es que no le queda al presidente ni un ápice de vergüenza torera? Lo fía todo M Punto Rajoy a la recuperación económica, pero los datos Matrix ya no cuelan. El país está paralizado, las instituciones necesitan regenerarse con urgencia, cobrar un nuevo impulso y recuperar la credibilidad. España solo mejora en lo macroeconómico, repuntan las fortunas de los fulanos de Davos, los intereses de los banqueros y emprendedores de Suiza y Panamá, pero a la hora de la verdad, la desigualdad sigue estando ahí, los salarios bajan hasta niveles africanos y encontrar un contrato indefinido resulta más difícil que saber en qué lugar de Europa estará mañana Puigdemont. Le guste oírlo o no al señor presidente, España se nos ha ido a la mierda, hace mucho tiempo que se nos fue, y no solo en lo económico, también en lo territorial. Cataluña sigue estando en el mapa geográfico español pero ya no en el sentimental, y el máximo culpable no es nadie más que él, el maestro del trabalenguas y el circunloquio gallego, el estadista que en público siempre se hace la picha un lío. Que no nos amenace con cuatro años más de infierno, incompetencias y necedades, que no nos diga que va a seguir escarneciendo a millones de españoles de las clases obreras durante otra legislatura interminable y agónica. Que salga a correr como cada mañana, con ese trote cochinero que le caracteriza, y corra y corra como Forrest Gump, que siga corriendo sin parar y cuando llegue a la Patagonia o más allá, ya con las pelambreras y las barbas por los tobillos y las zapatillas desgastadas y esos ojos alucinados que pone en las entrevistas con Alsina, se siente en una roca y se quede allí, meditando, reflexionando si no será verdad que España estaría mejor sin él. Y por favor, que no vuelva nunca más.

DERRIBOS GURTEL. Mientras M Punto Rajoy se mira al espejito mágico y deformante de Moncloa y se dice a sí mismo lo guapo y lo buen gobernante que es, los cabecillas de la red corrupta Gurtel apuntan al más alto nivel en la trama de financiación del PP valenciano. Si Francisco Correa, líder de la red, tiró de la manta y puso encima de la mesa el nombre de Ricardo Costa, exsecretario general del partido, más tarde fue Pablo Crespo, número 2 del sindicato criminal de la paella, quien sacó a relucir los nombres de Francisco Camps y Alberto Fabra, dos expresidentes de la Comunidad Valenciana, dos pesados pesados del gobierno popular como responsables últimos del dinero negro que entraba en el partido para sufragar los gastos de las campañas electorales. Sobre Camps, Crespo ha declarado que estaba al tanto de manera “directa o indirecta” de las relaciones del partido con la trama. Y aquí surge la pregunta: ¿por qué no están los máximos dirigentes populares en la sala de vistas de la Audiencia Nacional para explicar las comisiones, las mordidas, los sobornos? Si es verdad que los delitos ya están prescritos respecto a ellos, ¿qué es lo que ha fallado en la Justicia, en la Policía, en la Fiscalía? ¿quién los ha tapado, quién no ha hecho bien su trabajo? ¿hasta dónde llega la mugre en nuestra democracia corrupta?

TÓCALA OTRA VEZ RICK. Por lo visto Ricardo Costa ha cantado la Traviata, el gordo de Navidad y por soleares, todo ello junto. Por fin uno que llama al pan pan y al vino vino. “Sí, el PP se financiaba con dinero negro”, ha dicho sin despeinarse (cosa que un fashion victim como él nunca hace). El antaño envarado, estirado y súper pijo secretario general del PP de Valencia y hoy aspirante al menú barato de la prisión de Estremera ha tenido un guiño de verdad, un atisbo de sinceridad entre tanta mentira. Seguramente no lo haya hecho por vergüenza torera ni por dignidad política ni tampoco por honradez sino para sacarle un arreglillo a la Fiscalía y así rebajar los siete años y nueve meses de prisión a los que se enfrenta por tres delitos electorales y otro de falsedad documental. Pero el gesto se agradece y de regalo apunta al jefe Camps, aquel funesto presidente con cráneo de faraón momificado, trazas de enterrador y amiguitos peligrosos. Ya empezábamos a estar un tanto estragados de las típicas muletillas de nuestros ilustres delincuentes, los clásicos y manidos “no me consta” y “no me acuerdo” tan sobreactuados y tan abundantes en los escandalosos juicios patrios. Por fin una declaración original en lo teatral y reveladora en lo policial. “El PP se financiaba con dinero negro”. Con dos cojones. No hay más que decir, más claro agua. Caso cerrado. Visto para sentencia. Gracias por no hacernos perder el tiempo, señor Ricky. Y que la cárcel le sea leve.

OTRA EQUIS SIN DESPEJAR. Costa tira de la manta y apunta a la X de la Gurtel: Francisco Camps. Sin embargo, el honorable ex president se irá de rositas porque todo está prescrito. El viejo truco de la prescripción con el que los corruptos siempre se libran de la trena. Qué cosa tan extraña que al robagallinas, al choricete de barrio, nunca le aplican ese artículo tan bonito de la ley criminal que se traduciría coloquialmente en aquello tan castizo de “pelillos a la mar”. Camps era quien cortaba el bacalao en el PP de Valencia pero eso ya no importa. Absuelto en el caso de los trajes, caducada su responsabilidad política y penal, dejará que otros compañeros de partido se coman el marrón mientras él sigue tomándoselas en la soleada terraza caribeña del edificio Chipperfield, esquina con el fraudulento circuito de Fómula I. ¿Para cuándo una reforma penal que suprima la medieval prescripción y garantice la persecución de los delitos de corrupción hasta sus últimas consecuencias? Y luego dicen que la Justicia española es homologable a la del resto de países occidentales. Hastío y hartazgo.

EN SILENCIO SE ROBA MEJOR. Si repugnante resulta ver toda la basura que está emergiendo de las cloacas del Gobierno valenciano más indigesto aún resulta ver cómo ahora todos lo sabían pero no hacían nada por evitarlo. Y ahí habría que incluir no solo a los políticos del PP untados, sino a los de otros partidos políticos que miraron para otro lado y también a empresarios, periodistas, intelectuales y gentes de la cultura. Durante décadas el PP valenciano cobró mordidas bajo el santo mandamiento del 3%, a veces hasta el 30, las famosas “pizzas”, y nadie, salvo honrosas excepciones, se atrevió a denunciarlo. El silencio de los corderos era generalizado. Unos callaron por miedo, otros por seguir manteniendo su estatus, la mayoría porque les daba igual. “El mundo funciona así”, debieron pensar haciéndose los suecos. Hoy, cuando Ricardo Costa ha cantado de plano, resulta fácil decir: Yo lo sabía, todos lo sabíamos. ¿Y por qué no se fue al juzgado y lo denunció usted?, habría que preguntarle a ese testigo súbito que surge ahora de repente y nos aburre con sus batallitas de espías y confidentes. Preparémonos pues para ver en la televisión la segunda parte de la historia: ese político que echó de su despacho a un corrupto cuando le propuso un negocio turbio; ese periodista que entonces calló como una tumba y que ahora dice haberse dejado el pellejo por denunciar los escándalos de aquellos años; o ese empresario, pobrecillo él, al que el poder asfixiaba con el impuesto revolucionario pero que no contó nada por temor a las represalias. Basta ya de héroes de pacotilla. Basta ya de listos que ven los toros desde la barrera. Si no lo denunciaron en su día mejor que sigan callando. Porque esa muesca en su revólver no les pertenece.

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