González de la Cuesta, Humor Gráfico, L'Avi, Número 91, Opinión
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¡AVE! Castellón

Por José Manuel González de la Cuesta / Viñeta: L’Avi. Viernes, 26 de enero de 2018

J.M.González de la Cuesta

Debería ser un acontecimiento. La conexión de una ciudad por AVE es un deseo soñado por no pocas localidades. Sobre todo cuando nos han vendido que el tren de alta velocidad es como un maná caído del cielo, que trae los vagones repletos de riquezas, felicidad y prosperidad. No digo yo que no sea así, pues desconozco cómo ha influido en la vida de las personas la llegada del AVE a las ciudades donde residen. Sí tengo la sospecha de que esa disputa entre políticos locales de distinto lugares de España, que sacan pecho para que su ciudad sea agraciada con la fortuna ferroviaria, tiene más que ver con sus réditos políticos a futuro, que con el bienestar de la población. Digo réditos políticos, por no hablar de pelotazos urbanísticos que huelen a podrido, de los que algunas de sus ilustrísimas o sus familiares, se han beneficiado.

Pero todo eso no ha pasado en Castellón, por lo menos que se sepa, y, por fin, la ciudad y su área metropolitana van a tener un AVE a las puertas de casa. Sin embargo, no se ve alborozo por ello, ni se esperan grandes masas ciudadanas para el día de la inauguración, con presidente del Gobierno incluido, a chupar cámara, por una obra en la que su gobierno, lo único que ha hecho ha sido retrasar la llegada del tren veloz, al igual que los gobiernos anteriores.

Muy mal deben ver las cosas los de su partido en la Comunidad Valenciana para que tengamos el honor de recibir la visita, anunciada, de un presidente de Gobierno (otra cosa es que al final sus altas obligaciones le permitan venir), a una ciudad insignificante para aquellos que piensan a lo grande en política, cuando con un ministro habría sido suficiente; eso sí que sería insólito. Claro, como a uno también, a veces, se le tuercen los pensamientos, me viene a la cabeza que es mucha casualidad. Justo cuando su partido valenciano está siendo juzgado por financiación irregular, con una buena representación de castellonense sentados en el banquillo, otrora prohombres de la política provincial. Vamos que su presencia huele a acto de partido, a lavado de cara, a ver si nos olvidamos de la espada de Damocles que pende encima de ellos en la Audiencia Nacional. En cualquier caso, que el presidente sea bienvenido a Castellón y nos traiga un poquito de maná, que no sea sólo el del rumboso AVE.

Pero, volvamos al principio. No entusiasma la llegada del AVE a Castellón. No levanta pasiones. Y es que la sucesión de retrasos encadenados uno tras otro, durante once años, de anuncios que se quedaban en eso, en pura propaganda de gobierno o partido –normalmente coincidiendo con periodos electorales–, ha acabado por aburrir al personal y desinteresarse por la obra. Ya saben ustedes lo del cuento de Pedro y el lobo: cuando una mentira, aunque sea piadosa, se sucede en el tiempo, hace que en el momento de decir la verdad nadie se la crea, y, en este caso del AVE, no es que no nos lo creamos, es que ya hemos pasado página.

Sobre todo cuando tanta espera, tanta obra molesta, tanto anuncio y tanto presupuesto, es para ahorrarnos media hora de trayecto entre Castellón y Madrid, pues el ahorro en tiempo importante ya se tuvo hace años, cuando se puso en marcha el AVE Madrid-Valencia. Además, en la letra pequeña se consigna que en el trayecto que ahora se inaugura la alta velocidad va a brillar por su ausencia, no más de 160 kilómetros por hora, y va a suponer un cuello de botella, que, previsiblemente, va a pagar el Cercanías, este sí un tren popular y necesario. Y no vamos a hablar de la desaparición de otras líneas ferroviarias, de precio más asequibles para el común de los mortales, pues la alta velocidad se ha convertido en un medio de transporte de lujo, sólo accesible para empresas y familias de elevado poder adquisitivo.

Que Castellón tenga un AVE está bien, pues coloca a la ciudad entre las elegidas del país por sus infraestructuras de comunicación. Que va a haber castellonenses que se van a beneficiar por tener media hora menos de viaje a Madrid, también. Que el AVE supone una inyección de progreso económico, es un maná que está por caer, y ver, además, como se distribuye esa riqueza potencial entre la ciudadanía. Lo único que se vislumbra en el horizonte son demasiados interrogantes sobre qué beneficios va a tener sobre el común de los mortales que residimos en Castellón y cómo va a afectar a otras comunicaciones ferroviarias. Eso, y la visita del presidente del Gobierno, si es que al final viene a Castellón, por supuesto, en AVE.

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