Jose Antequera, Número 89, Opinión
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La Prohibida

Por José Antequera. Miércoles, 3 de enero de 2018

@jantequera8

Como era de prever, la participación de la ‘drag queen’ La Prohibida en la próxima Cabalgata de Reyes de Vallecas ha levantado ampollas (y hasta quemaduras de primer grado) entre el sector más puritano, santurrón y gazmoño de la derecha patria, o sea el PP y Ciudadanos. Y eso que Amapola López, que así se llama La Prohibida, irá disfrazada de algo tan cándido e inocente como un muñeco de peluche en pijama, nada de plataformas, cueros ni tangas provocativos. Los sepulcros blanqueados de Génova 13, esos a los que no les importa darse al vicio del robo a manos llenas pero se rasgan las vestiduras cuando consideran que alguien corrompe la moral y las buenas costumbres de España, aseguran que con su presencia en las carrozas La Prohibida pretende “truncar el sueño de los niños”. ¿Qué cursilería es esa, señores de la bancada popular?

Por lo visto, los guardianes de las esencias puras del nacionalcatolicismo no se han dado cuenta aún de que el sueño de la navidad fue pervertido hace mucho tiempo, cuando los de la Coca Cola se inventaron al rollizo y algo beodo Papá Noel y el cristianismo fue bruscamente sustituido por el consumismo. Desde entonces la Cabalgata de Reyes, una celebración enteramente religiosa compuesta por pastorcillos, angelotes, caramelos y Reyes Magos que adoran al niño Jesús, se ha transformado en otra cosa mucho más profana, mayormente en un carnaval de mercadotecnia en el que caben todos los símbolos y personajes de la cultura de masas, los marcianitos verdes, Bob Esponja, Peppa Pig, los irreverentes Simpson, divas del pop infantil, pitufos, elfos, gnomos y hasta el mismísimo Darth Vader, el nuevo Anticristo milenial, abriendo la comitiva como maestro de ceremonias. Quiere decirse que las almas mojigatas del PP y C’s, tan antiguas y estrechas de mente como son, parece que no han reparado aún en que de existir una adulteración de la religión, esta ya se perpetró hace tiempo, con el advenimiento del dios dólar y su profeta George Lucas, y nada tiene que ver con nuestra castiza ‘drag queen’ vallecana, una señora sin duda mucho más entrañable y querida por los niños que Rafa Hernando.

Pero es que además resulta intolerable que en pleno siglo XXI un grupo de políticos fanatizados pretenda impedir que alguien acuda a una fiesta, sea secular o religiosa, invocando su condición sexual diferente. La Prohibida tiene tanto derecho o más que cualquier otra persona a subirse a esa cabalgata de luz y purpurina para hacer feliz a los niños y tratar de impedirlo no deja de ser, de nuevo, un tic retrógrado y totalitario. A Amapola López la quieren echar de esa carroza, reeditándose así un viejo apartheid, el que ya sufrió Rosa Parks, la mujer negra que se negó a cederle el asiento a un blanco y a ser relegada en la parte trasera del autobús en las navidades del 55.

El veto a Amapola no es más que la continuación del tuit hortera “no te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena”, auténtica declaración de principios con la que la diputada Cayetana Álvarez de Toledo quiso refundar, en la cabalgata de hace un año, el modelo de familia tradicional y de derechas de toda la vida. Una vez más nos encontramos ante una injusticia xenófoba travestida de cursilada casposa, una práctica a la que es tan aficionada la derecha folclórica española. Esa monserga paternalista de que la visión de una ‘drag queen’ en un desfile navideño “trunca el sueño de los niños” lo que esconde en realidad es un anhelo de vuelta al pasado, al prototipo de familia utópica decente, cristiana y de fiestas de guardar y al abuelo Pepe Isbert buscando a su nieto Chencho por los mercadillos cristianos del Madrid frío en blanco y negro. Si TVE se empeña en meternos esa película cada año, por algo será. La Gran Familia es un Qué bello es vivir a la española, solo que con una carga de moralina franquista que Frank Capra no tiene.

En definitiva, que una ‘drag queen’ participe en la Cabalgata de Reyes no solo es justo sino necesario, una adaptación a la realidad social que imponen los nuevos tiempos y la forma perfecta de que un evento tan prostituido por el capitalismo Corte Inglés tenga al menos una razón de ser: enseñarle a los niños que la igualdad de sexos, el respeto al prójimo y la no discriminación es el primer mandamiento que deben cumplir para ser buenas personas. A ver si con tanta caza de brujas La Prohibida que pretenden proscribir el Herodes homofóbico del PP y sus pajes de pelucones naranjas termina convirtiéndose en el hada madrina favorita de este año entre el inteligente público infantil. Es lo que suele pasar cuando algo se prohíbe: que se acaba convirtiendo en objeto de culto.

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