El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Número 89, Opinión, Óscar González
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La prensa, la izquierda y los psicópatas

Por Óscar González / Viñeta: El Koko Parrilla. Viernes, 15 de diciembre de 2017

@Morgoski

Vaya por delante que el asesinato u homicidio de cualquier ser humano solo puede ser justificable –e incluso así, con infinidad de matices– en un supuesto de defensa propia. Hecha la salvedad, vamos al turrón.

El pasado día ocho un hombre fue agredido por otro en un bar de Zaragoza. Como resultado de dicha agresión, la víctima sufrió gravísimos daños cerebrales que, por irreparables, acabaron en la desconexión de los equipos de soporte que lo mantenían con vida.

El acontecimiento es deplorable, se mire desde la óptica que se mire, como deplorable ha sido también la información sobre el asunto que ha llenado los grandes medios (y los no tan grandes). En todas las informaciones aparecidas en los días posteriores al luctuoso evento, se señalaba como uno de los elementos importantes de la noticia el hecho de que el presunto agresor estaba vinculado a movimientos “antisistema”, “okupa” (con k, no con c) y otros de esos que la bienpensantía considera indeseables. Por el contrario, hasta la publicación por parte de Falange Española de una nota de condolencia la ideología de la víctima no había sido tenida en cuenta como posible móvil: todo es mucho más escandaloso si el crimen responde a unos tirantes.

De igual forma, todas las informaciones –en su gran mayoría, con fuente en el teletipo de la Agencia Efe– incidían en los antecedentes penales del agresor, condenado por dejar tetrapléjico a un policía en 2006. En cambio, ninguno consideró relevante informar de que a efectos penales esos antecedentes deberían haber sido ya cancelados. Por lo que sea.

También resulta llamativa la facilidad con la que se ha instaurado la idea de que toda esta historia tuvo su origen en unos tirantes, algo que parecería sugerir que el autor es un individuo con una profunda tara mental, porque hay que estar muy loco o ser muy hijodeputa para partirle la cabeza a alguien por la bandera de sus tirantes. De hecho, teniendo en cuenta cómo han proliferado en los últimos años las ropas con banderitas españolas, sorprende que Lanza –el presunto homicida– no hubiera agredido a nadie previamente por este motivo u otro similar, algo que seguro tuvo la ocasión de hacer en no pocos sitios más adecuados para salir impune que el interior o la puerta de una discoteca.

El tratamiento del caso –y hasta cierto punto, también los hechos–, recuerdan a la paliza que sufrió hace unos meses una joven murciana, que empezó siendo una agresión injustificada por parte de “radicales de izquierda” y acabó revelando que la pobre chica era una conocida neonazi que operaba bajo el hoy inexacto seudónimo de “La Intocable” y tenía como hobby hostiar negros y maricones, algo que fue omitido de la información como si la chica fuese una bella e inofensiva florecilla.

En aquel caso, la información presentaba una única versión de los hechos, el motivo último de la agresión era “llevar una pulsera con la bandera de España” y la clave del asunto era la ideología de izquierda de los agresores. ¿Les suena?

Lo único que me frena de terminar citando aquello de Marx sobre la tragedia y la farsa es que hay muertos de por medio. Y, aunque a algunos les resulte incomprensible, hacerse preguntas sobre la veracidad de una información y justificar un homicidio son cosas bastante distintas. Incluso para los que somos “de izquierdas”, esos psicópatas.

El mensaje último es ese, ¿no?

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