Artsenal, Humor Gráfico, Número 86, Opinión, Rosa Regàs
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Silencio

Por Rosa Regàs / Ilustración: Artsenal. Viernes, 3 de noviembre de 2017 

En un programa de Jordi Évole vimos el papel que jugó la sociedad catalana en el juicio por el incendio de El Liceo de Barcelona. Los distintos gobiernos que conocían la inseguridad por el estado más que precario y extraordinariamente peligroso de unas instalaciones caducas o inexistentes, callaron durante años, se desentendieron del peligro que suponía para trabajadores, artistas y público y se instalaron en la dejadez con el cinismo de quien defiende que no pasará nada. Pero pasó, por suerte a una hora en que el inmenso local estaba vacío.

Y lo más significativo es que frente a tal desgobierno delictivo, la sociedad también calló. No solo los partidos de izquierda y de derecha, CiU que gobernaba entonces en Cataluña, y los empleados del Liceo, sino igualmente los que jugándose la vida asistían a las funciones o los que los esperaban a la salida para aplaudirlos o abuchearlos: la ciudad entera calló, callaron los medios, callaron los que fueron a declarar, calló la calle. Y al lúcido y audaz fiscal se le deshicieron en las manos las acusaciones y se esfumó el delito, delito por omisión tal vez pero delito al fin, desdibujado por el silencio colectivo que le siguió.

Se diría que tal conducta nos define y nos informa de cómo reaccionamos los catalanes cuando un hecho social da muestras de trocarse en acusación y nos convertimos en silenciosos hijos de Fuenteovejuna.

Sí, el silencio común nos define. Silencio frente al incendio del Liceo. Silencio ante la caída del padre de la patria y fundador de CiU. Silencio y colaboración en el caso Banca Catalana. Silencio por el caso Palau. Silencio sobre los recortes del gobierno en sanidad y educación. Silencio ante las soterradas luchas entre partidos independentistas. Silencio frente al desánimo que a veces recorre las filas de los secesionistas. De tal modo que no hay forma de enterarse de lo que pasa como no sea por la versión oficial que pregonan medios y tertulianos. Imposible investigar a partir de lo que dice la calle o encontrar una voz que sin dejarse llevar de la pasión nos haga saber la reacción de la sociedad al presunto delito de uno o varios líderes políticos. Sólo nos llega la versión oficial o el silencio.

Sí, callamos, no debatimos, creemos que el silencio nos defenderá de posibles acusaciones y protegerá a la patria del desastre que nos abruma y angustia, pero también callamos porque nos invade el temor de que se nos acuse de ser poco patriotas y se nos margine. Y no nos falta razón aunque de esto tampoco hablamos.

Tal vez no sea siempre como yo lo veo y lo vivo, me dicen los que hablan, pero al menos sí lo fue tras el incendio de El Liceo y lo sigue siendo a medida que los líderes de la patria van siendo derribados de los monumentos que presidieron nuestras plazas y nuestro corazón.

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@ARTSENALJH

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