Artsenal, Humor Gráfico, Número 87, Opinión, Xavier Latorre
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Oda a Ada

Por Xavier Latorre / Viñeta: Artsenal. Viernes, 17 de noviembre de 2017

Xavier Latorre

La veda contra Ada Colau se ha vuelto a abrir. La alcaldesa de Barcelona siempre ha estado en la diana mediática de muchos; ahora, en vísperas electorales, mucho más. Lleva meses sin poder dedicarse de lleno a los suyo, a la gestión municipal. Se le ha cuestionado todo: cuando impedía abrir colegios para el 1-O era una canalla al servicio del PP; cuando se opone al 155, una separatista; cuando rompe con los socialistas el pacto de gobierno local (porque así se lo piden sus bases), una independentista irredenta, una rebelde ambigua agazapada tras su carita de buena chica. Algunos políticos y periodistas forofos al unísono recitan que es una falsa, demostrando las ganas que le tienen. ¡A por ella, oé, oé,…!

Hay empresas periodísticas que han perdido subvenciones municipales (la pela es la pela) y la tienen crucificada: el turismo, las terrazas de los bares, el tranvía de la Diagonal… Todos los males, algunos rocambolescos, son producto, para ellos, de su torpeza y de su escasa preparación para el cargo. Ahora se le añaden calificativos de oportunista, de querer ocupar el hueco dejado por los políticos prisioneros (o presos políticos) y también por los exiliados (o fugados). La acusan de ser una quinta columnista, una tapada del soberanismo recalcitrante. ¡A por ella, oé, oé,…!

A Ada la odian demasiado. Nadie podía pensar que una activista contra la guerra de Irak, una joven que ha ejercido de okupa, que ha luchado contra los desahucios y que ha encabezado movidas en pro de los derechos económicos de la gente iba a ser la primera alcaldesa de la historia de Barcelona. Les molesta que salga a la calle para manifestarse, o que defienda (fue de las primeras) el derecho a decidir, o que a veces no se posicione donde dicta el PP y los otros partidos que han bendecido el 155, ni tampoco que no se declare independentista, ni seguidora de DUIs superficiales y efímeras.  ¡A por ella, oé, oé,…!

La pobre Ada se come los marrones de dos en dos. Si habla una noche en la Sexta con Ana Pastor (hace dos semanas), la critican el día siguiente por reconocerle a Puigdemont alguna legitimidad. A la semana siguiente la tachan de guardar silencio cómplice por la ruptura del pacto con el PSC. A la alcaldesa Colau, parlanchina o mudita, la quieren dejar sin margen de maniobra. Sin embargo, creo que es la persona a la que le prestaría dinero o el coche, le firmaría un manifiesto contra Rajoy a ciegas o, por supuesto, le votaría. Quizá ahí esté la clave de toda esa rabia que provoca en muchos: sus expectativas de voto mejores de lo que algunos sondeos (encargados por los mismos que la someten a dieta e intoxicación mediática) predicen. En Madrid, a su homóloga Manuela Carmena le acaba de dar una ridícula colleja el ministro Montoro para inducir a pensar a la gente que esos políticos advenedizos son unos manirrotos. Para desacreditar a Joan Ribó, en València, otro alcalde de la nueva política, el titular de un periódico obvia su nombre y le llama despectivamente el “alcalde de la bicicleta”, como si moverse con ella fuera un desdoro, o una bajeza propia de un indigente sin recursos. ¡A por ellos!

Oteando algunos titulares tendenciosos, parece que Ada Colau no se pliega a “sus” intereses, que sigue a sus trece, a su bola, ajena a los montajes burdos. Quizá por eso mismo algunos sindicatos policiales, ¡cinco!, se han querellado contra ella por delitos de desobediencia y denegación de auxilio judicial. Los politizados policías y sus sindicatos, ajenos a sus objetivos laborales y reivindicativos, han arremetido contra ella y han “comprado” una querella de saldo para ver si cuela en algún tribunal que Ada Colau es la culpable de todo. ¿Quién les manda echar más leña al fuego? Les va la marcha de politizar las comisarías. A este paso algunos liberados de este gremio sindical van a conseguir la medalla al odio indiscriminado con distintivo azul. ¡A por ella, oé, oé,…!

Ada aparenta ser una mujer fuerte, coherente y con principios. A muchos colegas, basta leerlos, les jode un montón. ¡Qué pesaditos! Para llevarles la contraria creo que debería empadronarme en Barcelona para poder votarla, pero me da una pereza inmensa. Buscaré a alguien que lo haga por mí.

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