Número 88, Opinión, Óscar González
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Las autopistas (y las comarcales) de la información

Por Óscar González. Viernes, 1 de diciembre de 2017

@Morgoski

La neutralidad de la red, de forma muy resumida, es el principio que asegura que todo el tráfico de datos en internet es tratado por igual. Dicho de otra forma, este principio garantiza que no se impongan restricciones o se otorguen diferentes prioridades a unos tipos de contenido sobre otros, ya sea por una cuestión de fondo (temática), de forma (web, vídeo, p2p, etc) o de infraestructura (según la forma en que se accede a la red).

Este principio fue propuesto en el año 2003 por un profesor de la Universidad de Columbia y existe un amplio consenso entre la comunidad internauta sobre su utilidad como elemento democratizador de internet. Con esto en mente, la administración Obama aprobó en el año 2015 la Open Internet Order (OIO), una norma que daba al servicio de internet la categoría de básico (como la luz o el agua), garantizando de esta manera la igualdad de todos los usuarios a la hora de acceder a la red.

El próximo catorce de diciembre, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) votará la propuesta de su nuevo presidente –el republicano Ajit Pai, ex abogado de la teleco Verizon– para derogar la norma aprobada por los demócratas. La nueva normativa propone eliminar las protecciones vigentes que impiden a los ISP (proveedores de internet) bloquear, ralentizar o interferir de cualquier modo en el tráfico web. En la práctica, esto puede suponer que los operadores empiecen a ofertar dos o más velocidades: la del acceso estándar y la de aquellos que pagan un plus para acceder a una mayor velocidad.

Las implicaciones de este cambio normativo no son pequeñas. Muy al contrario, son de tal magnitud que podrían cambiar para siempre la forma en que nos relacionamos con la red de redes. No solo abren la puerta a la existencia de usuarios de primera y de segunda, sino que también lo hace a la censura y el bloqueo de determinados contenidos.

Dicha censura no tendría que tomar la forma de un bloqueo al acceso (aunque podría, ya que la norma no contempla la prohibición de esta conducta). En su lugar, bastaría con que determinados contenidos (los que se quiere favorecer) cargasen normalmente y otros tardasen más, como en una tarifa móvil tras agotar el máximo de datos contratado. Esto llevaría a muchos usuarios a dejar de utilizar determinados sitios por la velocidad ridícula, pero también afectaría a la forma en que un sitio se posiciona en Google, relegando aquellas informaciones o empresas incómodas (¿ese periódico que saca los colores al poderoso de turno, tal vez?) al ostracismo de la décima página de resultados.

Algunos dirán que esta norma no tendrá mayor efecto a este lado del Atlántico, pues el Parlamento Europeo aprobó en 2014 una norma que consagraba la neutralidad de la red, cosa que es cierta. Pero si la norma sale adelante en la FCC, más pronto que tarde tendremos el debate instalado de nuevo en Europa, por lo que no conviene perder de vista la evolución de este asunto en Trumpland, especialmente si al Europarlamento le da por desempolvar el TTIP cualquier día de estos.

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