Entrevistas, Jose Antequera
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Lorenzo Caprile: “Cualquier diseñador hubiera matado a su abuela por tener un traje suyo en la boda de la hija de Aznar”

El diseñador madrileño Lorenzo Caprile. Foto: All that is chic.

Por José Antequera. Foto portada: Vanitatis TV. Viernes, 17 de noviembre de 2017

  Entrevista

Si el cura se debe al secreto de confesión, el sastre no debe ser menos. Lorenzo Caprile (Madrid, 1967) ha pasado largas horas vistiendo a las grandes celebrities españolas, pero él no suelta prenda (nunca mejor dicho) sobre ninguna confidencia, cotilleo o secreto de Estado que haya podido escaparse por sus probadores. Durante un tiempo, Caprile fue el sastre de cabecera de la Reina Letizia y de las infantas Elena y Cristina, a las que ha vestido en más de una ocasión y a las que sigue considerando más que simples clientas, pese a las horas bajas por las que atraviesa la ex duquesa de Palma. “Siempre contesto la misma cosa: que me encantaría tener una anécdota picante o truculenta para que vosotros podáis poner el titular, pero desgraciadamente no la hubo, las infantas y Letizia son clientas, personas normales como todas las demás que quieren estar guapas, te hacen un encargo, se lo haces, lo pagan y ya está. No hay más”. Tampoco dice sentir pelusilla de su compañero el diseñador Felipe Varela, en quien en los últimos tiempos más parece confiar la reina de España a la hora de vestirse. “Está haciendo un magnífico trabajo y es un magnífico compañero y profesional y me alegro muchísimo por él”, asegura. Por las manos de Caprile han pasado mujeres notables de la historia reciente de este país, como Elvira Fernández ‘Viri’, la esposa del presidente Rajoy –”una señora discreta no, lo siguiente”– o Carmen Rodríguez Quijano, ex mujer de Francisco Correa, el cerebro de la trama Gurtel, a la que vistió para la polémica boda de la hija de Aznar en El Escorial que tanto dio que hablar. “En aquel momento cualquier compañero mío del mundo de la moda, nacional o internacional, hubiese matado a su abuela por tener un traje en aquella boda”, afirma sin complejos. Así es Lorenzo Caprile, transparente como una de sus vaporosas gasas de noche. Un diseñador sin pelos en la lengua ni alfileres escondidos.

¿En qué momento decides que quieres dedicarte a esto de la moda?

Pues muy jovencito, empecé como becario mis primerias prácticas cuando tenía trece o catorce años. O sea que bastante temprano…

Te formas en Nueva York y Florencia, ¿en qué medida han podido influir esas dos ciudades en tu forma de entender la moda?

Pues hace tantísimos años que no te sabría responder, son dos ciudades que han cambiado tanto… Me imagino que en aquellos momentos de Nueva York me impresionó la profesionalidad y cómo allí no hay tanta paja mental, que si cultura, que si arte, es una industria, todo es un negocio magníficamente estudiado, organizado, estratificado y todo el mundo sabe lo que tiene que hacer y cuál es su lugar. Y de Florencia me imagino que si te dedicas a la moda es una ciudad (o al menos lo era, porque ahora también ha cambiado mucho) muy inspiradora, y muy estimulante, y cualquier esquina o rincón es fuente de ideas, aunque bueno, eso también me sucedía en Nueva York. Creo que el contraste en ese sentido estuvo muy bien.

A la hora de inspirarte, ¿lo haces en la realidad, en los libros, el cine, en otros diseñadores anteriores?

A ver, cuando me hacéis esta pregunta siempre digo que trabajamos en un taller a medida, donde hacemos trajes por encargo, ni tengo prêt-à-porter, ni tengo tiendas, ni tengo que hacer un examen cada seis meses con una colección donde se pronuncia la crítica y el público, los procesos de producción son totalmente distintos. Al trabajar a medida tu fuente de inspiración principal es la cliente que tienes delante y tienes que poner todas tus herramientas y tu profesionalidad y tu oficio para que ese día esté espectacular. Con lo cual digamos que el proceso y las inspiraciones son todas y ninguna, tienes que tener una especie de disco duro cerebral e ir absorbiendo cosas todos los días y en cualquier momento, y hacer ahí tu pequeño almacén para en esos cuarenta o cuarenta y cinco minutos que dura ese primer contacto, enamorarla, seducirla, y conseguir ese encargo. Si hiciera prêt-à-porter podría decirte que en cada temporada me inspiro en esto o en esto otro, en mis preferidos, mi línea, pero mi trabajo es totalmente distinto.

En un momento de tu carrera empiezan a llegarte encargos de la Casa Real. ¿Cómo fue el primer contacto, creo que fuiste al colegio con las infantas?

Sí, mis hermanas eran compañeras de colegio de doña Elena y doña Cristina y era una relación de muchos años…

¿Y jugabas con ellas?

Claro, estaban por casa con mis hermanas, lógicamente yo no estaba en un cuarto encerrado, así que había una relación de compañeros, de colegio, si es que no hay más…

¿Y qué recuerdos guardas de aquellos años?

Yo ahí prefiero ser muy prudente, no suelo entrar en eso en las entrevistas (sonríe)…

Pero de alguna manera tu nombre empieza a sonar fuerte con aquel vestido de boda de la Infanta Cristina. ¿Cómo afrontaste ese reto? Supongo que mucha presión y mucha responsabilidad… nervios…

Sí, fue un momento profesional muy importante porque son esas cosas que se llevan en el corazón toda la vida, porque era muy joven, había abierto mi taller cuatro años antes, y en fin, que doña Cristina me eligiera a mí cuando podía haber elegido a cualquiera, nacional o internacional, fue un honor y un privilegio. Lo recuerdo con mucha emoción, con mucho cariño, claro…

¿Te supuso mucha presión aquel trabajo?

No… hombre, hubo presión y responsabilidad porque era un encargo muy importante, lógicamente, pero desde un punto de vista de realización no…

Y luego diseñas aquel vestido goyesco en color capote que la infanta Elena lleva a la boda de Victoria de Suecia. Ahí asumes un buen riesgo…

Bueno, fue en 2010, Elena es una mujer de raza y personalidad y aguanta lo que le echen y mira, salió fenomenal. En esta profesión si no arriesgas un poco siempre haces lo mismo; en la moda se trata de eso: de arriesgar y de no hacer siempre lo mismo…

Foto: La Información.

Y llega ese momento con la princesa Letizia, cuando le haces aquel vestido para la boda de Federico y Mary de Dinamarca en 2004. Digamos que el vestido tuvo de todo, grandes halagos y fuertes críticas. Algunos llegaron a decir que el vestido era demasiado hollywoodiense…

Ay, es que me estás preguntando por una serie de cosas que amor mío… ¡Si eso pasó hace trece años! No me acuerdo. Gustó y tuvo mucho impacto y ya está… En eso yo soy como Lola Flores, para atrás ni para tomar impulso, si sale bien, sale bien y tienes un recuerdo maravilloso, y si sale mal, sale mal y aprendes y tomas nota para no intentar repetir esos errores. Pero no soy de regodearme en las cosas, sinceramente; si hace trece años hubo críticas o gustó muchísimo o si hubo uno al que no le gustó y al otro sí, es que la verdad no me acuerdo…

¿Cómo era tu relación con Letizia cuando la vestías?

Hombre, si es que me haces unas preguntas amor mío que nunca entro en eso… Fueron cosas que pasaron hace muchísimo tiempo, ya está, está ahí la hemeroteca, estaba guapa o no, cada uno que piense lo que quiera y ya está. Si es que todo eso para mí ya pasó, estoy en otro momento (ríe). Lo que me importa ahora es que a las clientas que tengo entre manos, que son muchas, gracias a dios, les gusten mis vestidos, y que de esos vestidos me salgan más para poder seguir teniendo encargos. Todo eso ya pasó hace muchísimo tiempo…

Como periodista debo preguntarte por ello…

Y mi deber es decírtelo. Yo en esos temas de Casa Real, si repasas las hemerotecas, verás que siempre digo lo mismo, no hay mucho más que decir. Siempre contesto la misma cosa: que me encantaría tener una anécdota picante o truculenta para que vosotros podáis poner el titular, pero desgraciadamente no la hubo, las infantas y Letizia son clientas, personas normales como todas la demás, que quieren estar guapas, que te hacen un encargo, se lo haces, lo pagan y ya está. No hay más.

Pues me estás rompiendo toda la entrevista… Si no me vas a contar nada sobre la Casa Real…

Claro, si yo llego a saber que toda la entrevista iba a girar en torno a la Casa Real te lo hubiéramos dicho desde el principio. Esto que te digo es lo que digo siempre, porque desgraciadamente o afortunadamente no hay más. Ni vino el Cesid, ni vinieron espías al taller, ni tuvimos que probar a escondidas a altas horas de la madrugada para que no nos vieran los paparazzi, ni nada de nada, no hay ninguna anécdota jugosa porque no la hay y si la hubiera tampoco la contaría, pero es que no hay nada… Una señora que en este caso era una infanta o una princesa, que es lo que era Letizia Ortiz, que todavía no se había casado cuando le hice su traje rojo, te pide el vestido, tú se lo haces, como con cualquier otra clienta, intentas dar lo mejor de ti, como con cualquiera, intentamos dar el do de pecho con todo el mundo porque vivimos de eso. Yo no vivo ni de las subvenciones, ni del capital riesgo, ni del dinero de mi familia. Mi equipo y yo vivimos de nuestro trabajo, con lo cual con todas intentamos dar lo mejor de nosotros mismos para que todo eso luego tenga un retorno. No hago campañas de publicidad, no hago desfiles, con lo cual mi tarjeta de visita es eso. Pues vienen, te encargan, lo haces lo mejor posible, unas veces sale maravillosamente, otras veces puedes meter la pata y no hay más… Es que es un negocio muy sencillo…

Sin embargo, poco a poco Letizia se fue distanciando de ti y va eligiendo vestidos de otro diseñador como Felipe Varela, ¿por qué?

Pero esa es una decisión de su majestad la Reina, como tantas otras clientas que de repente vienen una temporada, luego te dejan en barbecho, dejan de venir, luego vuelven, yo en eso ni entro ni salgo. Felipe Varela está haciendo un magnífico trabajo y es un magnífico compañero y profesional y me alegro muchísimo por él y me parece fenomenal. Y te vuelvo a repetir: me encantaría poder contarte una anécdota superpicante del tipo: un día Letizia dejó de venir porque la pinchamos con un alfiler y entonces… Pero es que como eso tampoco lo hubo no puedo decirte mucho más…

Aquellos que critican que Caprile es el diseñador de la derecha, ¿qué les dices?

Yo nada, qué voy a decir…

Te lo digo por aquello de que has vestido a la mujer de Mariano Rajoy…

Hombre, a Viri le hice su traje de novia cuando nadie sabía quién era Rajoy. Elvira se casó en el año noventa y seis, es que me estás hablando de unas cosas… ¿Quién iba a saber que Mariano Rajoy iba a ser presidente del Gobierno? Yo desde luego no, y creo que tú tampoco. Precisamente ahí sí que tengo una anécdota muy divertida: Elvira es una mujer, discreta no, lo siguiente. Yo me enteré por el Hola de con quién se estaba casando –porque él en ese momento era algo del PP en Galicia, no lo recuerdo muy bien, ya te digo que hace muchos años– y me dije: Anda, mira, qué buena pinta tiene el traje, qué bien hecho está, y entonces caí en la cuenta de quién era ella, ¡era Viri! Y fue cuando me enteré de que se estaba casando con este señor Rajoy del PP gallego… Creo que fue en el otoño del 95 o 96, puedes tirar de hemeroteca. ¡Imagínate si ha llovido desde entonces!

Un poco lo que te debió pasar con Carmen Rodríguez, la mujer de Francisco Correa, el cerebro de la Gurtel, a la que hiciste el vestido para la boda de la hija de Aznar… Quién iba a decir que ese traje iba a llegar tan lejos…

Paco Correa… Cuando me hacen esa pregunta siempre respondo lo mismo: en ese momento cualquier compañero mío del mundo de la moda nacional o internacional hubiese matado a su abuela por tener un traje en aquella boda. Y yo siempre lo defenderé. Fue una mujer estupenda que nos hizo un encargo, se lo hicimos, y ahí estaba nuestro traje, que cada dos por tres sale en la televisión y bien guapa que era la señora. Es que juzgar las cosas a toro pasado es muy fácil, es como cuando murió Franco, que al día siguiente todos éramos antifranquistas. ¿Me entiendes lo que quiero decirte? Es muy… Pues fenomenal, y bien orgulloso que estoy de aquel encargo, y ya te digo: cualquier compañero mío, nacional o internacional, cualquier taller o diseñador o firma hubiera dado lo que no está escrito para tener un traje en aquella especie de minipasarela que se formó en El Escorial, porque allí estábamos compitiendo con las primeras marcas del mundo mundial. Recuerda lo que fueron aquellas invitadas… De repente una señora estupenda iba con un traje del taller pues imagínate cómo estábamos aquí. Pues contentísimos. Yo nunca jamás renegaré de mis clientas, que en un momento dado confiaron en nuestro taller y se pusieron en nuestras manos, eso me parecería muy ingrato y muy miserable, sinceramente…

O sea que Caprile no viste solo a las elites, sino a clases de menor poder adquisitivo…

Sí, en ese sentido este taller es de lo más horizontal y democrático. Yo lo que más aprecio en la clientela es la sinceridad, lo que no me gusta es la pretensión, el quiero y no puedo, pero cuando alguien viene de frente y me dice “oye me encanta tu trabajo, eres mi preferido, desde que era pequeña he soñado con que me hagas un vestido así”, pues ya está, empiezas la casa de otra manera, en lugar de dejar volar la imaginación y luego pasarle un presupuesto empiezas a construir de otra manera…

Desde entonces has vestido a muchas celebrities, por ejemplo, Marta Sánchez, ¿qué destacarías de ella?

¡Hace mucho de eso! En el dos mil algo, madre mía… Es una mujer que se conoce a sí misma fenomenal, tiene un estilo personal muy definido, sabe arriesgar en su justa medida, usa la moda y las tendencias con mucha inteligencia…

¿Y Arantxa del Sol?

Le hice el traje de novia y varios trajes de noche.

¿Qué se siente cuando en los Goya las actrices llevan diseños firmados por Caprile?

Sí, creo que un año fueron cuatro o cinco actrices que llevaron vestidos míos… Ya sabes cómo es este mundo del trapo, unas veces estás allí, otras aquí, es cuestión de aprovechar el momento, los trenes pasan solo una vez en la vida, fue ese año y a lo mejor se vuelve a repetir el año que viene. O no, no lo sé…

No daban  abasto en tu taller para vestir a tanta actriz, hubo overbooking…

Bueno, overbooking siempre tenemos en el taller, si no es de actrices, es de novias o madrinas, gracias a Dios siempre tenemos mucho trabajo, estamos acostumbrados…

Vestir a una novia no debe ser nada fácil…

Después de tantos años metido en esto como profesional vas desarrollando intuición, oficio, y ya vas viendo si una niña es más romántica, más masculina, si le va una cosa más etérea o algo con más volumen, y luego sobre todo su físico, sus proporciones. En un taller a medida lo fundamental es realzar lo más bonito que tenga esa mujer y ocultar aquello que tenga menos bonito, ese es el objetivo, y por supuesto siempre puedes poner un puntito de moda, de actualidad, de tendencia, que el traje sea lo más bonito y adecuado posible, pero sobre todo te fijas en su estilo personal y en su físico, en sus proporciones.

O sea que hay tantos vestidos de novia como mujeres en el mundo…

Claro, yo a veces leo artículos y demás y leo: el traje de novia perfecto… Hombre, el traje de novia perfecto me parece una contradicción en sí misma. Depende. Lo que es perfecto para una a lo mejor es un horror para otra, no hay relación. También depende de los sueños que tengan ellas, hay clientas que vienen con su carpetita de recortes, con sus fotos de internet que han ido coleccionando a lo largo de los años. Todas tienen sus aspiraciones y sueños, me gustaría ir así o asá el día que me case, entonces hay que tener en cuenta todo eso, todos esos deseos aspiracionales, toda esa magia que envuelve a todo este proceso de la boda…

Imagino que el vestido no solo debe caerle bien físicamente, sino reflejar su parte psicológica también…

Claro, eso es lo que te estaba diciendo antes, que al margen de que el traje esté confeccionado perfectamente bien, bien patronado, que sea técnicamente lo más perfecto posible, aunque la perfección solo la tiene Dios, y que le siente bien a la mujer y por supuesto también tienes que lograr esa magia de la que tú hablas. Todo eso te lo van dando los años, saber captar la esencia, la personalidad, eso es realmente lo difícil, captar esa magia que intentas que se produzca siempre. Lo intentamos siempre, normalmente sucede, otras veces no y metemos la pata, porque esto es un trabajo hecho por seres humanos para seres humanos. A veces metes la pata, claro que sí…

Hay un boom por los vestidos de novia, incluso se hacen programas de televisión exclusivamente dedicados a ellos, ¿a qué crees que se debe?

Bueno, porque es una cosa muy mediática, la boda se ha convertido como un photocall familiar, una alfombra roja familiar. Vivimos en una sociedad muy triste, muy globalizada, donde en general todo es muy mediocre, y cuando llega el día de la boda pues montamos nuestra pequeña ceremonia de entrega de los Oscar a escala reducida y tiramos la casa por la ventana.

Eso de que no hay novia fea, ¿estás de acuerdo con ello?

No estoy de acuerdo, he visto novias muy feas, y te vuelvo a repetir: no tengo pelos en la lengua. Insisto: no somos robots todavía, gracias a Dios. A veces uno mete la pata. Y además tú controlas hasta cierto punto, puedes haber entregado un vestido maravilloso pero el día de la boda yo no estoy ahí con la escopeta cargada para que el ramo esté bien. O sea que hay una serie de detalles que es imposible controlar y a veces, rara vez, te hablo de una entre muchísimas, ellas meten la pata en el último momento con un peinado equivocado o poco correcto o unos complementos que no son los que se deben llevar. Son decisiones de último momento que arruinan un buen trabajo.

¿Ir bien vestida a una boda es solo cuestión de dinero?

No, ni mucho menos, en absoluto, para nada. Tampoco se trata de sobriedad porque ahora mismo hay trajes súper ostentosos que cuestan dos duros. No se trata de ostentación o no sino de la química de la que hablábamos antes. No se trata de que el traje esté más bordado, más ostentoso o no, porque ahora mismo tienes vestidos en todas las gamas de precios para que puedas elegir y unas veces cuestan una riñonada para liarse la manta a la cabeza y otras puede costarte doscientos euros. Se trata de que el vestido encaje en tu estilo personal, en tu físico y en tu manera de ser. En ese sentido hay tal oferta que una mujer puede ir perfecta el día de su boda sin gastar demasiado, pero no solo a una boda, eso vale para el día a día de cualquiera de nosotros. Hay una serie de marcas globales que todos conocemos que han permitido esto porque antes, hace unos años, ir vestido a la moda quería decir gastar mucho mucho dinero. La moda, la tendencia, el ir correctamente vestido, con tu estilo personal, ahora mismo está al alcance de todos los bolsillos, es una cuestión de disciplina, de ejercicio y de tomárselo un poquito en serio, en su justa medida. De todas maneras, en el último libro que publiqué, que se titula ¿De qué hablamos cuando hablamos de estilo? se habla de todos estos temas, de encontrar nuestro estilo personal y como todo en la vida: de trabajo y de disciplina.

¿Habéis hecho trajes que no costaran una fortuna?

Sí, claro, por compromisos con clientas que nos han llegado al taller diciéndonos que les encantaba nuestro trabajo pero que llevaban el presupuesto que llevaban. Y les hemos dicho: “no pasa nada chica, a por ello”.

Cinco consejos para que una novia vaya bien vestida…

Es una de las cosas de la moda actual que me da un poco de repelús. Listas de lo que está bien o está mal… Cada persona es un mundo y son cosas muy personales y muy íntimas y no se puede generalizar.  Mi mejor consejo es que sigan su instinto, que sigan su estilo personal y que no se disfracen el día de su boda de algo que no son. Simplemente que sean fieles a sí mismas, a su estilo, y que no se autoengañen, es decir, que no digan me voy a poner a dieta o a hacer deporte o a hacer una curación milagrosa para crecer diez centímetros, que se miren bien en el espejo y que sean ellas mismas. Ese es el consejo más general que les puedo dar. Lo que es válido para una persona para otra es todo lo contrario. Y más en el día de una boda.

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