Humor Gráfico, Joaquim Bosch, Luis Sánchez, Número 87, Opinión
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Callejones sin salida

Por Joaquim Bosch / Viñeta: Luis Sánchez. Viernes, 17 de noviembre de 2017

@JoaquimBoschGra

Puede ocurrir que existan criterios dispares entre el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional, como ha sucedido el caso de los líderes catalanes procesados. Esto ocurre porque cada tribunal es independiente en su actuación y efectivamente hay matices o dudas entre la versión de uno y otro órgano judicial. Yo aquí creo que lo fundamental es que cada tribunal actúe de manera independiente, sin presiones de ningún tipo, y que en caso de discrepancia se presenten los recursos necesarios de las partes. Cuando leí la querella interpuesta por el fiscal general del Estado contra los líderes independentistas mi impresión fue que no veía claro que en los hechos pudiera haber un delito de rebelión, ya que este tipo legal requiere de un levantamiento público y violento. Hay antecedentes muy claros de ello en la historia de nuestro país, como el 18 de julio del 36, que fue un levantamiento militar violento, o el 23F, otro golpe de Estado también violento. En el caso que nos ocupa la Fiscalía dice que no hace falta que se materialice la violencia para exista el delito y cita la sentencia del 23F alegando que aquel día no llegó a causarse daño a ninguna persona, equiparando la situación con la actuación de los Mossos d’Esquadra o con las manifestaciones pacíficas. Pero una cosa es que haya militares alzados apuntando con sus armas a ciudadanos para hacerse con el poder de un país y otra es que haya un riesgo potencial muy hipotético de que con la declaración de independencia de Cataluña pueda producirse violencia. Por tanto, a mí me parece muy dudoso que pueda concurrir el delito de rebelión y esto no es algo baladí, ya que puede llevar aparejadas penas de hasta treinta años de prisión en algunos casos. Ahora bien, que no exista rebelión no significa compartir que en el procés estemos ante procedimiento políticos legales. Esto no es así. A lo largo del procés se han producido indicios de numerosas infracciones jurídicas, se ha desobedecido la Constitución, el ordenamiento jurídico y las resoluciones del Tribunal Constitucional, se ha gastado un dinero público en un referéndum que estaba suspendido, se han desobedecido numerosísimas decisiones de órganos judiciales. Por tanto, ante esto hay que situarse de forma proporcionada porque situarse fuera del Estado de derecho, como han hecho las instituciones catalanas, necesariamente lleva a lo que estamos viendo, al caos, a inseguridades jurídicas, a callejones sin salida, a personas que pueden acabar en Bruselas y no ante órganos judiciales de nuestro país y por tanto si lo que se busca es otro encaje territorial de  Cataluña en España o que haya otro referéndum pactado, que es lo que pide la mayoría de la población española en todas las encuestas, esto se puede hacer desde el Estado de derecho pero no situándose fuera del ordenamiento jurídico.

A los juzgados solo llega un porcentaje pequeño de todos los delitos verdaderamente cometidos. Por eso sabemos que la corrupción conocida es solo la punta del iceberg de la corrupción real.

El ministro Catalá arremete sin argumentos contra los jueces que acuerdan que el PP se siente en el banquillo por la destrucción de los ordenadores de Bárcenas. Más bien podría aclarar si él logró que se nombraran los fiscales que quería Ignacio González, ya que sí se nombraron.

El Tribunal Supremo no acuerda prisión provisional incondicional para la mesa del Parlament. Aquí la cárcel siempre es excepcional, aunque algunos discursos políticos confunden la justicia con la venganza.

En ocasiones veo a esa España sombría de la que hablaba Antonio Machado, la que solo sabe embestir cuando se digna a usar la cabeza.

Dando una conferencia sobre memoria histórica en Soria, para hablar de fosas comunes y explicar que las víctimas del franquismo han acudido a los tres poderes del Estado sin conseguir ni verdad, ni justicia, ni reparación. Esa indefensión no es propia de un Estado de derecho.

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Luis Sánchez

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